Para regiones áridas como Oriente Medio y el norte de África, la desalinización lleva mucho tiempo formando parte de las estrategias nacionales de gestión del agua. En conjunto, la región representa la mitad de la capacidad mundial de desalinización y alberga algunas de las mayores plantas desalinizadoras.
Sin embargo, el interés y la inversión en desalinización se están extendiendo más allá de esta parte del mundo, impulsados en parte por la preocupación por la escasez de agua: se prevé que el 14 % de la población mundial viva en zonas con escasez de agua para 2025.
El resultado general ha sido un aumento del 57 % de la capacidad instalada en solo cinco años, hasta alcanzar los 20.000 millones de galones al día en todo el mundo, según Global Water Intelligence. Ante las sequías, por ejemplo, Estados Unidos está construyendo su mayor planta desalinizadora de agua de mar hasta la fecha. La planta, situada en Carlsbad, California, debería suministrar 50 millones de galones al día y comenzar a funcionar antes de que termine este año.
El aumento de la demanda no es el único factor que impulsa la mayor inversión en desalinización: la tecnología también se ha vuelto más viable desde el punto de vista económico. Nuevos materiales como la grafena pueden reducir los costos operativos, por ejemplo. Mientras tanto, la mejora del rendimiento de las membranas para la desalinización por ósmosis inversa —la tecnología dominante en la actualidad— ha aumentado la eficiencia operativa, al igual que los dispositivos mecánicos de recuperación de energía, como los intercambiadores de presión, y los avances en equipos auxiliares, como las bombas.
Sin embargo, la desalinización por ósmosis inversa sigue siendo un proceso de alto consumo energético. «La mayor parte de la electricidad procede del carbón y del gas natural, que requieren muchísima agua; básicamente, se usa agua para producir agua», afirma Kate Zerrenner, gestora de proyectos de clima y energía radicada en Texas en el Environmental Defense Fund. «Por eso, las energías renovables tienen aquí un enorme potencial».
Aunque la caída del costo de los sistemas solares fotovoltaicos está ayudando, aún queda camino por recorrer antes de que la desalinización alimentada por energías renovables pueda competir con las alternativas basadas en combustibles fósiles. «Hoy, con 3 o 4 dólares por metro cúbico se puede obtener agua desalinizada con energía solar, mientras que la mejor desalinización no solar disponible la produce por 50 centavos», afirma John Lienhard, director del Center for Clean Water and Clean Energy del Massachusetts Institute of Technology. «Pero creemos que esa brecha se puede cerrar».
También lo cree el Aramco Entrepreneurship Center, que, en colaboración con GE, puso en marcha el año pasado un desafío de innovación abierta para identificar tecnologías prometedoras de desalinización renovable que pudieran alcanzar el umbral de 50 centavos y cumplir al mismo tiempo las normas de potabilidad de la Organización Mundial de la Salud. Entre los grupos tecnológicos ganadores anunciados en enero de 2015 estaba TNO, una organización neerlandesa sin fines de lucro que trabaja en la producción simultánea de agua potable y electricidad mediante destilación por membranas de alta presión impulsada por calor solar. Además, el Masdar Institute de Abu Dabi ha iniciado un programa de pruebas de desalinización con energías renovables con el objetivo de alcanzar la escala comercial para 2020.
Por ahora, la desalinización sigue siendo una opción más costosa que muchas otras tecnologías de reciclaje del agua. Y mientras no se utilicen ampliamente fuentes renovables de energía, tiene su propia huella ambiental. Pero, a medida que se extienda la escasez de agua, quienes busquen agua recurrirán cada vez más a la desalinización.
Este artículo se publica en colaboración con GE Look Ahead. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autora: Sarah Murray escribe para GE Look Ahead.
Imagen: Una planta desalinizadora en Antofagasta, Chile. REUTERS/Julie Gordon (CHILE – Etiquetas: MEDIO AMBIENTE ENERGÍA NEGOCIOS MATERIAS PRIMAS)
