En 2024, más de 250 millones de niños y jóvenes de todo el mundo no estaban escolarizados.
La magnitud de la exclusión hace esencial no solo ampliar el acceso a la escuela, sino también replantear los ecosistemas de aprendizaje.
Los espacios científicos informales ofrecen lo que el sistema formal a menudo no puede: un lugar donde la ciencia sevive en vez de observarse desde la distancia.
En todo el mundo, los sistemas educativos están bajo presión. En 2024, más de 250 millones de niños y jóvenes no estaban escolarizados en todo el mundo, según la UNESCO. Pakistán refleja este desafío con crudeza: con menos del 1 % del PIB destinado a la educación, más de 25 millones de niños siguen excluidos. Esta magnitud de la exclusión hace esencial no solo ampliar el acceso a la escuela, sino también replantear los ecosistemas de aprendizaje, incluidos los espacios informales donde prosperan la curiosidad, la creatividad y la resolución de problemas.

Dentro de las aulas, las limitaciones estructurales socavan aún más el aprendizaje. Los espacios abarrotados y la escasez de recursos, especialmente de laboratorios de ciencias en funcionamiento, limitan el aprendizaje práctico y la enseñanza personalizada; el desafío se agrava porque más del 90 % de las escuelas públicas carecen de laboratorios adecuados y de docentes capacitados. Sumadas a los efectos de la COVID-19 y a las crisis climáticas recurrentes, incluidas las inundaciones catastróficas, estas carencias han ampliado las brechas de aprendizaje y agravado las desigualdades existentes.

Al mismo tiempo, las sociedades de todo el mundo están teniendo dificultades para adaptar la educación a los rápidos descubrimientos científicos, la transformación tecnológica y la creciente influencia de la inteligencia artificial. Hoy, los estudiantes encuentran más información que cualquier generación anterior, pero a menudo les cuesta conectar lo que aprenden con su significado, como muestran estudios de la UNESCO y la OCDE. Mientras los países afrontan la incertidumbre climática, la desinformación y la fragmentación social, la educación debe dotar a la ciudadanía no solo de competencias preparadas para el futuro, sino también de la curiosidad, la confianza y la empatía necesarias para la resiliencia colectiva.
La educación científica desempeña un papel fundamental más allá de los contenidos curriculares: fomenta el pensamiento crítico, el razonamiento basado en pruebas y el conocimiento compartido, capacidades esenciales para tomar decisiones informadas en un mundo que cambia rápidamente. Cuando se refuerza la alfabetización científica tanto dentro como fuera del aula, las sociedades construyen una base más amplia para la participación cívica, la confianza y la cohesión social.
Hacer accesible la ciencia
El rápido crecimiento urbano y la escasez de espacios públicos pueden limitar las oportunidades de aprendizaje en las ciudades del Sur Global; sin embargo, estas ciudades también son centros de creatividad e innovación donde pueden surgir nuevos modelos educativos. Uno de ellos ha tomado forma en Railway Colony, Karachi.
El MagnifiScience Centre, creado por The Dawood Foundation, se basa en una idea sencilla pero poderosa: la ciencia debería estar al alcance de todos. Es un espacio de aprendizaje abierto e interactivo donde la experimentación impulsa la alegría del descubrimiento.

En un contexto donde la mayoría de los estudiantes rara vez tienen acceso a un laboratorio de ciencias en funcionamiento, el centro ofrece lo que el sistema formal a menudo no puede: un lugar donde la ciencia se vive en vez de observarse desde la distancia. Se anima a los visitantes —desde familias y estudiantes hasta profesionales— a tocar, explorar y hacer preguntas. El aprendizaje se vuelve activo, social y multisensorial. El aprendizaje informal ofrece libertad para explorar al propio ritmo, descubrir ideas que van más allá del currículo y aprender de maneras arraigadas en la cultura, la comunidad y la experiencia vivida. Crea experiencias compartidas entre personas de distintas edades, capacidades y procedencias, que fomentan la empatía y la cohesión social en lugar de las jerarquías.
El 95 % de las más de 400 exposiciones del centro se diseñan y construyen allí mismo, con materiales locales y la colaboración de ingenieros, educadores y artesanos. Este enfoque de creación local fortalece el talento local, demuestra la innovación impulsada por la comunidad y pone de relieve que la colaboración nutre la creatividad de maneras que la IA por sí sola no puede reproducir.
El centro funciona como un ecosistema vivo, no como un museo convencional. Las exposiciones evolucionan junto con las universidades, artistas y emprendedores, y crean un ecosistema vivo donde la física se cruza con el diseño urbano, la biología se encuentra con el patrimonio local y el arte y la ingeniería colaboran para crear nuevas formas de comprender.
Estos espacios son transformadores, especialmente para las niñas y las mujeres, cuya movilidad, seguridad y acceso a las disciplinas STEM suelen verse limitados. Al ofrecer entornos inclusivos y acogedores, el centro ayuda a fortalecer la confianza y abrir caminos hacia el aprendizaje científico y futuras carreras. Las investigaciones muestran que cuando las madres participan en el aprendizaje, también mejoran la motivación y los resultados de sus hijos, lo que refuerza el valor a largo plazo del aprendizaje intergeneracional.
Espacios cívicos esenciales para una ciudad en rápida transformación
En ciudades como Karachi, donde los espacios públicos son limitados, el MagnifiScience Centre también sirve como espacio cívico. Ofrece un lugar para la reflexión, la exploración y el encuentro: una forma de «infraestructura social» tan esencial para la resiliencia urbana como los sistemas de transporte, las zonas verdes o la vivienda. Al traducir los desafíos globales en experiencias tangibles y prácticas, el centro ayuda a las personas a comprender ideas complejas y fomenta la confianza, la capacidad de acción y la responsabilidad compartida.
Los visitantes exploran temas de relevancia mundial: cómo crecen las ciudades, cómo percibimos la realidad, cómo evoluciona la comunicación y cómo contribuye la ciencia a la sostenibilidad. Un niño que experimenta con ondas sonoras no solo desarrolla conocimientos de física, sino también la concentración y la curiosidad necesarias para aprender toda la vida. Una familia que examina capas geológicas en este espacio sin pantallas empieza a comprender el concepto del tiempo profundo y, con él, la responsabilidad colectiva de la humanidad hacia el planeta.
Estos momentos refuerzan un resultado fundamental del aprendizaje informal: la capacidad de verse a uno mismo, ver a los demás y ver el mundo con curiosidad en vez de juzgar, ampliando el conocimiento en un entorno abierto e inclusivo.
Crear ecosistemas de aprendizaje
En todo el mundo, quienes formulan políticas se preguntan cómo preparar a los estudiantes para un futuro marcado por la IA, las transiciones climáticas y la evolución de los mercados laborales. Sin embargo, la cuestión más amplia es cómo cultivar sociedades capaces de comprender cómo desenvolverse ante la incertidumbre con resiliencia y empatía.
Esto requiere ecosistemas de aprendizaje donde las escuelas trabajen junto con instituciones culturales, ONG, universidades y familias para ampliar los espacios en los que puedan crecer la curiosidad y la confianza. Los entornos de aprendizaje informal complementan la educación formal al devolver el asombro, hacer que la ciencia sea tangible y cercana, y reconectar el conocimiento con la experiencia cotidiana. Además, nos recuerdan que el conocimiento no es simplemente un conjunto de hechos, sino una forma de ver el mundo que surge de la participación activa.
Repensar el aprendizaje exige centrarse en las brechas más amplias y garantizar que todos los niños tengan acceso a la curiosidad, la exploración y las oportunidades.
En países como Pakistán, donde millones de niños están excluidos o reciben servicios insuficientes, estos espacios ofrecen algo más que enriquecimiento. Proporcionan vías alternativas de acceso al aprendizaje, que pueden conducir a niños y adultos de vuelta a la educación formal, la formación profesional o futuras oportunidades.
Los mayores descubrimientos del mundo rara vez empiezan en condiciones perfectas. Empiezan con una pregunta sencilla: ¿Y si?Los espacios de indagación, como los centros científicos, crean las condiciones para que esas preguntas prosperen. Repensar el aprendizaje exige centrarse en las brechas más amplias y garantizar que todos los niños tengan acceso a la curiosidad, la exploración y las oportunidades, sentando las bases de sociedades más informadas, conectadas y resilientes.
