Gran parte de la investigación y los comentarios se han centrado en el impacto del envejecimiento de la población en la producción y el producto económicos. Se ha estudiado menos cómo podría influir en la demanda y el gasto de los consumidores, aunque podría ser igual de importante: el gasto agregado en servicios podría aumentar, mientras que el gasto agregado en bienes podría disminuir. ¿Qué implicaciones podría tener esto para las redes mundiales de producción, las relaciones comerciales, la integración mundial, las oportunidades de empleo y la distribución de los ingresos?
En lugar de liderar la recuperación de la economía mundial tras la crisis financiera y económica, el comercio mundial se ha quedado rezagado. Por primera vez en décadas, el crecimiento mundial está avanzando más rápido que el comercio. Algunos economistas han abordado esta cuestión desde el lado de la oferta, examinando cómo han cambiado las redes de producción, pero quizá también haya un componente de demanda. Tal vez los consumidores, especialmente en Occidente, hayan pasado de preferir adquirir activos físicos a comprar experiencias y servicios.
Hay pruebas de que los consumidores de distintos países cambian sus patrones de gasto a medida que envejecen, en particular, aumentando el consumo de servicios y bienes relacionados con la salud. El trabajo pionero en este ámbito de economistas vinculados al proyecto National Transfer Accounts (www.ntaccounts.org) se ha centrado en cómo los mecanismos públicos y privados transfieren fondos entre generaciones para permitir patrones de consumo relativamente estables pese a los cambios en los ingresos de una persona a lo largo de su vida.
Sin embargo, un corolario aún no explorado de su trabajo es cómo el envejecimiento de la población afecta los patrones de gasto y la demanda agregados dentro de una economía. Dado que 20 centavos de cada dólar estadounidense de gasto mundial se cargan a una tarjeta Visa, los datos que pasan por nuestro sistema nos permiten analizar tendencias demográficas generales en términos de patrones de gasto.
Los cambios en las preferencias de los consumidores a medida que envejecen tienen implicaciones para el abastecimiento de los bienes y servicios que demandan. Por ejemplo, no es posible disfrutar de una cena auténtica en un bistró parisino en Las Vegas; puede ser una buena imitación, pero si es algo que se quiere hacer antes de morir, habrá que viajar a París para vivirlo. Y si el consumidor da prioridad a comprar las vacaciones en vez del último dispositivo o de renovar un coche viejo, esto podría tener implicaciones para lo que se demanda y se vende en todo el mundo.
A medida que los consumidores de más edad buscan servicios relacionados con las experiencias y la salud, el cambio demográfico impulsará la demanda de mano de obra en estos sectores y quizá reduzca la demanda de mano de obra en los sectores que reciben menos demanda de las cohortes de mayor edad. Ya hemos observado en Canadá y Estados Unidos que los segmentos con mayor crecimiento del empleo han sido el ocio, la recreación y la atención sanitaria.
Los cambios en los patrones de gasto de los consumidores en sociedades envejecidas pueden tener una amplia gama de implicaciones, desde la desigualdad hasta el cambio en el equilibrio del poder mundial. Los empleos en las industrias de servicios que reciben una mayor demanda de los grupos demográficos de más edad tienden a estar relativamente mal remunerados. ¿Podría, por tanto, el envejecimiento de la población agravar las desigualdades de ingresos existentes?
Muchas economías emergentes producen bienes para las economías avanzadas y podrían ver disminuir la demanda de esos bienes a medida que envejecen las poblaciones de sus mercados de exportación. ¿Podría esto afectar su estabilidad interna y su ascenso previsto a una mayor prominencia geoeconómica y geopolítica? ¿Podrían surgir nuevos modelos de comercio transfronterizo de servicios en un mundo envejecido?
Estamos en vísperas de importantes cambios generacionales, a medida que la generación del baby boom se jubila y la generación millennial cobra protagonismo. Anticipar con precisión los probables cambios en la demanda a medida que las poblaciones de distintos países envejecen a ritmos diferentes podría ayudar a abordar el desempleo juvenil, mantener la salud de las economías y orientar el rumbo futuro de la globalización.
Este artículo forma parte de una serie de perspectivas individuales de la Comunidad de Prospectiva Estratégica Global del Foro Económico Mundial para la Reunión Anual 2015. Para leer más, acceda a la colección completa.
Autor: Como jefe de Perspectivas Empresariales y Económicas de Visa Inc., Wayne Best es el economista jefe interno y pronosticador residente de la industria estadounidense de pagos, valorada en billones de dólares.
