¿Cómo podemos lograr el acceso universal a internet?

¿Cómo podemos lograr el acceso universal a internet?
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Como orador frecuente en foros públicos, hablo a menudo de los apasionantes cambios que las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) tendrán en nuestro mundo: el mundo mejor conectado que imaginamos para el futuro cercano.

Sin embargo, cuatro mil millones de personas todavía carecen de acceso a internet. Aunque los teléfonos móviles están prácticamente universalizados, solo alrededor del 12 % de la población de las economías emergentes dispone de una conexión de datos de banda ancha.

La mayoría de las personas sin conexión viven en países con economías poco desarrolladas e infraestructura digital deficiente. Sin embargo, el enorme potencial de crecimiento podría desbloquearse mejorando la conectividad. Con las TIC adecuadas y con políticas que respalden la innovación y la competencia leal, los países pueden contribuir a conectar a las poblaciones no conectadas del mundo y reducir la brecha digital.

La prioridad principal debe ser el desarrollo de infraestructura de banda ancha con mayor cobertura y velocidades más altas. Los países deben considerar la banda ancha como una infraestructura nacional crítica que respalda el crecimiento económico y eleva los niveles de vida.

Una forma eficaz de crear esta infraestructura es mediante las Asociaciones Público-Privadas (APP). Pueden verse ejemplos exitosos en países como Malasia, donde los reguladores crearon un marco que garantizó la competencia y el acceso equitativo, redujo el costo de la entrada digital para los ciudadanos y fomentó la innovación y la competencia entre los proveedores de servicios.

A medida que se despliegan las redes, los operadores de telecomunicaciones deben mantener los costos bajos compartiendo la fibra óptica y la infraestructura con las compañías eléctricas y otros servicios públicos. Enterrar bajo tierra los cables de fibra óptica y los conductos representa normalmente entre el 30 % y el 40 % del costo total del despliegue, y puede llegar a alcanzar el 70 %. Estos elevados costos acaban encareciendo el acceso a internet para los usuarios finales.

Los reguladores también deberían adoptar nuevos mecanismos para asignar el espectro radioeléctrico de forma que aumente la oferta y reduzca el costo. Esto es urgente, ya que la mayoría de los países necesitarán incrementar su espectro disponible entre un 50 % y un 100 % en los próximos cinco años. Ese es el calendario aproximado para el despliegue comercial de la tecnología móvil de quinta generación, o 5G, que dará paso a una serie de nuevos servicios digitales y modelos de negocio. El espectro es la base de la banda ancha móvil de ultra alta velocidad, por lo que es una parte vital de la infraestructura digital. Sin embargo, puede representar hasta el 20 % del costo de una conexión de banda ancha; de nuevo, esto encarece el acceso para el usuario final.

Otro paso hacia el cierre de la brecha digital es el desarrollo de software de aplicaciones. En los países en desarrollo, las aplicaciones impulsan la demanda de conectividad y crean nuevos modelos de negocio. M-Pesa, en Kenia, permite a personas sin cuenta bancaria enviar y recibir dinero a través de sus teléfonos móviles. M-KOPA, también en Kenia, ayuda a hogares sin electricidad a adquirir sus propios sistemas de energía solar mediante micropagos diarios realizados desde su teléfono móvil. En China, WeChat permite a las personas hacer de todo, desde comprar entradas de cine hasta recibir comida a domicilio.

En cuanto al desarrollo de aplicaciones, la función principal del gobierno es garantizar un terreno de juego nivelado que permita a las empresas emprendedoras idear nuevas soluciones innovadoras sin temor ni a competidores monopólicos ni a una regulación excesiva. Un enfoque de laissez-faire otorga a los emprendedores la libertad de crear aplicaciones que beneficien a los usuarios locales.

Los proveedores de tecnología, como Huawei, deben diseñar teléfonos inteligentes económicos pero avanzados, adaptados a las necesidades de los mercados emergentes. Deberíamos ser capaces de hacerlo más rápido que en el pasado. Por ejemplo, la tecnología móvil de tercera generación tardó 10 años en llegar a la mitad de la población mundial, mientras que la de cuarta generación alcanzó ese punto en solo siete años.

Conectar a los no conectados es un problema sin solución única. Por ello, requiere que gobiernos, operadores, fabricantes de equipos y desarrolladores de aplicaciones trabajen juntos. La máxima prioridad es construir la infraestructura digital, que sirve de base para casi toda la innovación en el ámbito digital.

La innovación tecnológica, la compartición de infraestructura y las aplicaciones que mejoran la vida de las personas son pasos necesarios en el camino hacia la inclusión digital. Juntos, ayudarán a generar la conectividad que impulsará la prosperidad y el crecimiento en los años venideros.

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Autor: Ken Hu, vicepresidente del Consejo y director ejecutivo rotatorio de Huawei Technologies

Imagen: Hombres fuman y usan sus teléfonos móviles mientras están sentados en una pequeña cafetería de Siwa, el 22 de noviembre de 2014. REUTERS/Asmaa Waguih

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