En 2012, la respuesta coordinada mundial a la crisis financiera y la agenda de seguridad posterior al 11-S ya no son los principales motores de la política global. EE. UU. ha anunciado el fin de la guerra en Iraq y un calendario para la retirada de Afganistán. Osama bin Laden ha sido asesinado y Al Qaeda ha quedado en gran medida incapacitada a escala mundial.
Los riesgos sistémicos globales que aún persisten a raíz de la crisis financiera proceden de Europa. Pero el mundo parece no estar dispuesto ni tener capacidad financiera para colaborar en la solución de los problemas de deuda soberana de la eurozona, y opta en cambio por que Europa aborde la cuestión en gran medida por su cuenta. En resumen, el papel del G20 a la vanguardia del liderazgo mundial tras la crisis financiera ha disminuido, y cada vez escasea más la gobernanza internacional colaborativa. Sin los principales «desvíos macroeconómicos» de la última década, como los mencionados anteriormente, esta falta de gobernanza global es la fuerza motriz de la política mundial y trae consigo graves consecuencias que se analizarán durante la Reunión Anual en Davos.
En 2012, el Global Agenda Council on Geopolitical Risk se centrará en la interacción entre dos tendencias distintas que se refuerzan mutuamente: el debilitamiento de las instituciones globales, cuya eficacia para abordar los problemas mundiales actuales y futuros está siendo cuestionada, y el auge, en gran medida simultáneo, del regionalismo, que puede afectar al equilibrio de poder global (véase el Informe de 2012).
En el período inmediatamente posterior al fin de la Segunda Guerra Mundial, se crearon instituciones globales para proporcionar gobernanza internacional basada en la membresía mundial y en decisiones tomadas mediante votación. La ONU, el Banco Mundial y el FMI, entre otras, cumplen estos requisitos. Hoy, estas organizaciones funcionan más o menos igual, pero los desafíos a los que se enfrentan han cambiado drásticamente; las instituciones globales no pueden seguir el ritmo de los acontecimientos.
La escasez de instituciones globales verdaderamente eficaces forma parte de una tendencia geopolítica más amplia, en la que la agenda mundial está cada vez más influida tanto a nivel regional como global. Para ofrecer un liderazgo que vaya más allá del ámbito nacional, se recurre cada vez más al regionalismo para suplir esta falta de toma de decisiones globales eficaz.
¿Qué debemos esperar de este auge del regionalismo? Cabe esperar un aumento de los esfuerzos regionales para abordar numerosas cuestiones, desde las finanzas, el comercio y la energía hasta la seguridad militar y las tensiones religiosas. Las instituciones y alianzas regionales asumirán un papel más importante. El verdadero desafío consiste en gestionar el auge del regionalismo de modo que favorezca, y no obstaculice, la búsqueda de soluciones a problemas sistémicos y de gran alcance mundial.
¿Darán lugar estas tendencias a un vacío de poder global? ¿Reunirán las regiones un mecanismo fragmentario de respuesta a las crisis? ¿Qué significa el auge del regionalismo para la globalización y la democracia?
Que comience el debate.
Crédito de la foto: Shutterstock
