Los participantes en la Reunión Anual del Foro Económico Mundial en Davos esperan debatir cuestiones sociales y económicas apremiantes. No esperan que se les entreguen dispositivos portátiles que indiquen a sus teléfonos inteligentes si han caminado lo suficiente o si duermen lo necesario y reparador.
Pero eso es precisamente lo que ocurrirá en la reunión de este año. Queremos convencer a los líderes empresariales, políticos y de la sociedad civil del mundo de que una buena salud, tanto mental como física, es una de las cuestiones sociales y económicas más apremiantes de la actualidad.
Nuestra concepción de la atención sanitaria se ha vuelto demasiado estrecha. Con demasiada frecuencia consideramos que la función de los sistemas de salud consiste en reparar a las personas cuando enferman, en lugar de dotarlas de las herramientas necesarias para mantenerse sanas. Delegamos el problema en los ministerios de salud, en lugar de implicar de forma creativa a otras organizaciones públicas y privadas en la promoción de la salud. Desde la regulación de las emisiones de partículas hasta el fomento de un menor consumo de azúcar y sal o la gestión del estrés en el lugar de trabajo, las posibilidades son infinitas.
Puede parecer obvio que una población más sana supone una sociedad más feliz y una economía más productiva; sin embargo, con frecuencia se pasa por alto esta idea. Debemos dedicar menos esfuerzos a preocuparnos por financiar la atención institucional para una población envejecida y dedicar más a plantearnos cómo reducir esos costes ayudando a todos a mantenerse sanos y activos durante más tiempo. Los niños que nacen hoy deben aspirar no solo a vivir muchos años, sino también a seguir sanos y felices en la vejez.
Para que eso ocurra, debemos elevar la salud a una conversación de alto nivel e intersectorial que informe cada decisión que toma una sociedad. ¿Cómo diseñar nuestras ciudades? ¿Cómo desplazarnos? ¿Cómo producir, etiquetar y comercializar nuestros alimentos? ¿Cómo generar energía sin contaminar el aire? Estas decisiones deben guiarse por una perspectiva sanitaria, tanto como las decisiones sobre cómo financiar nuestros hospitales.
¿Cuáles son las formas formales e informales más eficaces de educar a nuestros hijos para que elijan estilos de vida saludables? ¿Qué estructuras de incentivos para los adultos hacen que las opciones saludables sean las más fáciles? Estas son el tipo de cuestiones que exploraremos cuando se celebre cumbre inaugural sobre salud y otras 25 sesiones en la edición de Davos de este año.
Ha llegado el momento de elevar el debate sobre la salud. Durante los últimos años, la gestión de la crisis económica ha absorbido comprensiblemente gran parte de la atención de los delegados en Davos. Este año existe la sensación de que la economía mundial ha salido de la unidad de cuidados intensivos y está iniciando la rehabilitación. Al preguntarnos cómo mejorar, en sentido figurado, la salud de la economía, mejorar literalmente la salud de la población debe formar parte de la respuesta.
Los avances tecnológicos también hacen que este sea un momento propicio para hablar de salud. Se ha producido una explosión de tecnología portátil que puede ayudar a diagnosticar y orientar las decisiones sobre estilos de vida y que, como toda tecnología, debería volverse progresivamente más sofisticada y asequible.
En los últimos años también se han registrado avances en la medicina personalizada, que cada vez permitirá más la repersonalización de la atención sanitaria. Con frecuencia, enfermar parece suponer perder la individualidad: quedar reducido a un número de identificación de paciente y a una definición en los libros de texto de medicina. A medida que la comprensión genómica se vuelva más matizada y las pruebas sean más accesibles, recibiremos consejos más personalizados sobre cómo puede cada uno de nosotros maximizar mejor su salud.
Es importante destacar que esto se aplica tanto a la salud mental como a la física. Cada vez comprendemos mejor cómo puede fallar el funcionamiento de nuestro cerebro y cómo puede corregirse. Pero ese conocimiento carece de utilidad si no se pone en práctica. En los países de ingresos bajos y medianos se calcula que más de tres cuartas partes de los problemas graves de salud mental no reciben tratamiento. Incluso en los países de ingresos altos, un número incalculable de personas sufre en silencio sus problemas de salud mental por temor a ser estigmatizadas si buscan tratamiento.
Una de cada cuatro personas sufrirá problemas de salud mental en algún momento de su vida. Más allá de los costes humanos, que afectan no solo a quienes padecen trastornos mentales, sino también a sus familias y amigos, existe una carga económica considerable. Los problemas de salud mental se han convertido en la principal causa de absentismo en muchas empresas. Se estima que su coste acumulado asciende a 16 billones de dólares en los próximos 20 años.
Debemos encontrar formas de crear una cultura en la que nadie tema un juicio moral por mencionar que sufre depresión, del mismo modo que no lo teme al describir cómo se rompió un tobillo.
Rehumanizar la salud es una de las grandes oportunidades de nuestra época. Debemos sacar las decisiones sanitarias de las instituciones y facultar a las personas para optimizar su propia salud. Personalizar la cuestión de la salud para los líderes en Davos es una buena forma de empezar.
Autor: Robert Greenhill es miembro del Consejo de Administración del Foro Económico Mundial.
Imagen: Dos corredores recorren el paseo junto al río Aare en Berna (Suiza). REUTERS/Ruben Spric
