Por Pekka Himanen y John Hope Bryant*
«En un mundo donde parece que nadie está de acuerdo en nada, un mundo donde la política divide, la religión divide, y la raza e incluso las fronteras culturales parecen dividir, la dignidad es algo en lo que todos pueden estar de acuerdo.» Es a partir de esta premisa que cientos de activistas se reúnen esta semana para impulsar y promover un movimiento que defienda la dignidad como un derecho humano fundamental.
Al mirar el mundo que nos rodea, los desafíos que enfrentamos son numerosos y, a veces, abrumadores. Y, sin embargo, las oportunidades son aún mayores gracias al aumento de la riqueza, los avances tecnológicos y, sobre todo, un activismo cívico sin precedentes. Especialmente quienes vivimos en un relativo lujo podemos hacer mucho para mejorar las
vidas y la dignidad de las personas más necesitadas. Por ejemplo, tenemos una enorme oportunidad de generar cambios positivos en nuestro mundo si salvamos a los más de 20.000 niños de países en desarrollo que mueren cada día, sin que nadie lo advierta, por causas prevenibles. Del mismo modo, podríamos mejorar la distribución de los recursos alimentarios, sobre todo cuando millones de personas en Somalia están literalmente muriendo de hambre hoy y todavía se desperdicia más de un tercio de todos los alimentos en Estados Unidos. Lo más importante es que podríamos valorar por igual toda vida humana, aunque nunca haya sido tan cierta la observación de Stalin de que «una muerte es una tragedia; un millón es una estadística».
Hoy nos negamos a aceptar estas «estadísticas». Durante demasiado tiempo, como sociedad y como humanidad, no hemos valorado por igual cada vida, tan preciada. Hay algo fundamentalmente equivocado en esta actitud y, en Global Dignity, llamamos a este problema «la brecha de la dignidad». Creemos que la dignidad es una base para preocuparnos por otras causas sociales y que, hasta que todos valoren su propia dignidad y la de los demás, no haremos realidad nuestro potencial colectivo. Una sociedad digna respeta la vida de todos, sin importar las cartas que el destino haya repartido a cada uno de sus miembros. Ayudamos a poner en marcha Global Dignity, en parte, para concienciar sobre la dignidad y animar a las personas a reflexionar sobre cómo pueden vivir con mayor dignidad y dignificar la vida de los demás en su día a día.
Entonces, ¿qué es la «dignidad»? Para parafrasear a cierto magistrado del Tribunal Supremo, uno reconoce la dignidad cuando la ve. A lo largo de nuestro trabajo con Global Dignity, hemos encontrado ejemplos asombrosos de dignidad, tanto ordinarios como extraordinarios. Desde Sudáfrica hasta Vietnam y Estados Unidos, hemos visto ejemplos de personas que encarnan el concepto de ubuntu (yo soy yo porque tú eres tú) y ven cómo su propia dignidad se ve reconocida en la dignidad de los demás.
La ética que subyace a la idea de dignidad sostiene que las personas deben tener derecho a oportunidades iguales para desarrollar su potencial, de modo que su destino no esté predeterminado por la «suerte reproductiva» (es decir, la situación socioeconómica de sus padres) ni por las circunstancias fortuitas de la vida. La dignidad está vinculada a la capacidad de identificarse con el destino de otras personas y respetarlo. Se basa en la capacidad de imaginar que nuestras circunstancias y fortunas podrían haberse invertido fácilmente en relación con las de los demás (es decir, la capacidad de «Imaginar que siguiéramos siendo “nosotros”, como ahora, salvo que “yo” sería “tú” y “tú” serías “yo”»). La «regla de oro» es una pauta básica de la dignidad: una acción es digna solo si yo podría sentirme tratado con dignidad si recibiera el mismo trato que doy a la otra persona.
Así pues, todos —desde un niño pequeño hasta una persona desconocida sin hogar o un presidente— pueden «donar» dignidad. Cuando ayudas a una anciana a cruzar la calle de forma segura y cómoda, estás donando dignidad. Cuando enseñas a leer a una persona analfabeta, estás donando dignidad. Cuando plantas un árbol cuyos frutos nunca probarás, para sustentar a las generaciones futuras, estás donando dignidad. Cuando miras a los ojos a una persona que pide limosna y le preguntas su nombre, estás donando. En esencia, cuando das a los demás más de lo que tomas de la vida, estás donando dignidad.
El 20 de octubre de 2011, Young Global Leaders (www.younggloballeaders.org) y cientos de otros voluntarios impartirán un curso sobre dignidad en innumerables aulas de todo el mundo. Miles de niños compartirán relatos inspiradores sobre cómo «donan» dignidad en su vida cotidiana. Te animamos a unirte a nosotros en el Día de la Dignidad Global y a compartir tu historia de dignidad. Conviértete en tu mejor versión y aprende y enseña cómo vivir una vida digna y que dignifique.
*Pekka Himanen es filósofo y profesor del Instituto de Tecnología de Helsinki. John Hope Bryant es un empresario filantrópico y fundador, presidente y director ejecutivo de Operation Hope. Pekka Himanen y John Hope Bryant son cofundadores de Global Dignity (www.globaldignity.org), junto con el príncipe heredero Haakon de Noruega.
