El cambio climático amenaza la salud de nuestro planeta y de sus habitantes.
Debemos garantizar que la adaptación forme parte de una estrategia integral frente al cambio climático.
Esto es lo que podemos hacer para acelerar los esfuerzos de adaptación climática.
Durante años, las advertencias sobre el cambio climático han seguido un patrón similar: actuar ahora para evitar consecuencias catastróficas en el futuro. Sin embargo, al acercarnos a la 27.ª Conferencia de las Partes de las Naciones Unidas sobre el Clima, en Sharm El-Sheij, Egipto, ese mensaje por sí solo no basta: también debemos centrarnos en la necesidad de protegernos a nosotros mismos y a nuestro planeta hoy.
El cambio climático ya no es una amenaza lejana: está aquí, afecta vidas y medios de subsistencia y altera los ciclos hidrológicos y otros ciclos ecológicos. La Tierra se ha calentado 1,1 °C por encima de los niveles preindustriales, y el número de desastres relacionados con el clima y el tiempo ha aumentado casi un 35 % desde la década de 1990. Basta con considerar las recientes y devastadoras inundaciones en Pakistán y Nigeria, que han causado la muerte de cientos de personas y han desplazado a millones.
La adaptación climática es clave para nuestra supervivencia
Si bien debemos evitar nuevos aumentos de la temperatura siguiendo mitigando nuestras emisiones de gases de efecto invernadero y regenerando los sistemas alimentarios, hídricos y oceánicos, también debemos tomarnos en serio la necesidad de unirnos para adaptarnos a las realidades climáticas de hoy. La adaptación climática debe formar parte de una estrategia integral frente al cambio climático. Esto implica revisar y ajustar nuestro enfoque empresarial y político, y desplegar soluciones tecnológicas, financieras y de otro tipo para estar mejor preparados para los cambios ambientales y los fenómenos meteorológicos, y para responder a ellos.
Está claro que debemos hacer más para ayudar a quienes corren mayor riesgo. Según el informe más reciente del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas, casi 3.300 millones de personas – casi la mitad de la población mundial – viven en climas muy vulnerables. Quienes corren mayor riesgo suelen ser también quienes menos responsabilidad tienen en el cambio climático y quienes menos preparados están para responder a sus efectos. Basta, por ejemplo, con considerar el destino de los pequeños Estados insulares, que se enfrentan a los efectos catastróficos del aumento del nivel del mar.
Pero la adaptación climática no es solo para los más vulnerables. Como demostraron los recientes fenómenos meteorológicos extremos tanto en países en desarrollo como desarrollados, todos estamos expuestos a los efectos del cambio climático. Las sequías, los incendios forestales y otros desastres naturales son cada vez más frecuentes e intensos, y dejan a su paso vidas perdidas, infraestructuras dañadas y cadenas de suministro interrumpidas. Todos los gobiernos, empresas e individuos deben prepararse.
Cuanto más tardemos en centrarnos en la adaptación climática, más vidas se verán afectadas y más difícil y costoso será. La ONU calcula que el coste actual de satisfacer las necesidades de adaptación asciende a 70.000 millones de dólares. Para 2050, podría alcanzar los 500.000 millones de dólares. Según el Carbon Disclosure Project, solo por los riesgos relacionados con el agua, el coste de no hacer nada es cinco veces superior al de actuar hoy.
¿Qué podemos hacer para acelerar los esfuerzos de adaptación climática?
Hasta ahora, la adaptación climática se ha considerado en gran medida responsabilidad de los gobiernos, las instituciones multilaterales y las agencias donantes. Varios países han elaborado Planes Nacionales de Adaptación en el marco de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, y la COP26 fue un momento decisivo con la adopción del Pacto Climático de Glasgow, que pide duplicar los compromisos financieros para ayudar a los países en desarrollo a adaptarse y ser más resilientes.
Pero los gobiernos no pueden hacerlo solos. Incluso si cumplen los objetivos fijados el año pasado, las inversiones en adaptación climática seguirían quedándose cortas respecto a lo necesario.
El sector privado también debe dar un paso al frente, y hay una clara justificación empresarial para hacerlo, tal como detalla un nuevo documento del Foro Económico Mundial, elaborado en colaboración con PwC.
Al evaluar los riesgos a lo largo de sus cadenas de valor y trabajar con proveedores y comunidades para identificar las capacidades y los recursos necesarios para resistir las crisis, las empresas pueden gestionar y mitigar mejor los riesgos para sus operaciones y evitar graves pérdidas económicas. También pueden aprovechar las oportunidades de invertir en productos, servicios y modelos de negocio que atiendan las necesidades de adaptación de sus grupos de interés, y beneficiarse de una mayor eficiencia, innovación y crecimiento sostenible. A escala mundial, 1,8 billones de dólares de inversiones en esfuerzos de adaptación climática podrían generar 7,1 billones de dólares en beneficios netos totales para 2030, según un informe de 2019 de la Comisión Mundial sobre Adaptación.
Las empresas pueden aprovechar su experiencia con tecnologías emergentes e información basada en datos. Por ejemplo, la empresa energética Sempra aplica tecnología de sensores y datos meteorológicos para ayudar a combatir los incendios forestales antes de que se descontrolen, lo que protege su infraestructura energética frente a interrupciones y contribuye a garantizar la seguridad pública.
Los países también pueden trabajar con instituciones financieras y otros socios para explorar instrumentos de financiación que protejan mejor las zonas vulnerables. Por ejemplo, junto con The Nature Conservancy y la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional de Estados Unidos, Credit Suisse ofreció su experiencia en finanzas y mercados de capitales para crear financiación mediante bonos azules para Belice. Esta iniciativa busca invertir en gestión marina, restauración de arrecifes de coral y manglares, reforzando la resiliencia costera y fomentando el desarrollo económico sostenible.
Además, las empresas pueden estudiar cómo mejorar la resiliencia climática de las infraestructuras y las comunidades mediante soluciones basadas en la naturaleza. Por ejemplo, la empresa de servicios profesionales Arup trabaja con gobiernos locales para aplicar diseños de edificios ecológicos e infraestructuras resistentes a desastres, como ayudar a Freetown (Sierra Leona) a reconstruirse tras un devastador deslizamiento de tierra en 2017, aplicando una estrategia de gestión del riesgo de inundaciones basada en la naturaleza.
Por último, las empresas pueden liderar y dar forma a la agenda más amplia sobre adaptación climática colaborando con gobiernos, agencias de desarrollo, el mundo académico y otros actores del sector para configurar políticas y modificar comportamientos.
En la COP27 tendremos una oportunidad sin precedentes para hacerlo. Aunque la adaptación climática siempre ha figurado en la agenda climática mundial, ahora por fin se prioriza, junto con las soluciones de mitigación y otras cuestiones.
Según el Informe sobre Riesgos Globales 2023, el fracaso de la adaptación al cambio climático es uno de los diez principales riesgos a los que se enfrenta el mundo. Lea el informe para saber más.
