Cómo cerrar la brecha anual de financiación de 2,5 billones de dólares

A woman displaced by the war in Yemen cooks on a street in Hodeida
Image: REUTERS/Abduljabbar Zeyad
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Miles de millones de personas no pueden satisfacer sus necesidades básicas de alimentación, vivienda y salud. La escasez de recursos y la falta de acceso a servicios básicos afectan de manera desproporcionada a las personas pobres y marginadas. El crecimiento económico verdaderamente inclusivo sigue siendo esquivo. Los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) trazan una estrategia mundial para «transformar el mundo». Pero, sin un plan táctico para ejecutarla, estos objetivos no son más que aspiraciones ambiciosas. Si el sector privado no participa activamente, no alcanzaremos nuestras metas.

¿Cómo pueden interactuar entre sí los sectores público y privado?

Las Naciones Unidas han señalado una brecha anual de financiación de 2,5 billones de dólares que debe cerrarse para cumplir los ODS. Existe un amplio consenso en que el sector privado puede y debe financiar una parte considerable de esta brecha.

En lugar de centrarnos exclusivamente en la brecha de financiación, deberíamos analizar una brecha de eficiencia cada vez mayor. En este contexto, ¿cómo puede el sector privado ser no solo un financiador, sino también un ejecutor de soluciones más eficientes? Las empresas están estructuradas para maximizar la eficiencia y seguir siendo rentables. Por eso, para que asuman esta función de ejecución, debemos crear las condiciones propicias. Esto implica centrarse en proyectos a gran escala o escalables, establecer modelos de acceso al mercado ágiles y crear condiciones económicas favorables.

Por desgracia, el discurso actual sobre la participación del sector privado sigue encasillándola en dos categorías: la filantrópica o la comercial. Se tiende a asociar la filantropía con una motivación humanitaria y las colaboraciones comerciales con la avaricia y la codicia.

Sin embargo, en la práctica, sabemos que la filantropía no puede alcanzar la escala necesaria. Presentar respuestas a «solicitudes de propuestas» (RFP, por sus siglas en inglés) y, por consiguiente, ganarlas suele resultar demasiado complejo desde el punto de vista operativo y poco sostenible comercialmente.

Esta dicotomía es reduccionista y obstaculiza nuestra capacidad para abordar los problemas más apremiantes del mundo. Necesitamos un nuevo modelo.

Proponemos uno: el modelo de colaboración consultiva. Creemos que describe mejor la relación ideal entre los sectores público y privado. En este modelo, el sector público se beneficia de la experiencia del sector privado, y este último participa de forma sostenible en la agenda de desarrollo mediante fórmulas comerciales pertinentes y adecuadas.

¿Cómo funciona el modelo propuesto?

A diferencia de la filantropía —«dinero a cambio de reputación»— o de un modelo comercial —«soluciones a cambio de dinero»—, el modelo de colaboración consultiva propuesto evoca una verdadera «asociación» y se basa en la confianza entre los sectores privado y público. Así como las organizaciones humanitarias y de desarrollo llevan décadas lidiando con la complejidad de las operaciones sobre el terreno y comprendiendo las necesidades de las personas a las que atienden, las empresas también han desarrollado una amplia experiencia en tecnología digital, seguridad de los datos, privacidad y cumplimiento normativo. Todas estas capacidades podrían aplicarse con gran eficacia en los sectores humanitario y de desarrollo. Sin embargo, de algún modo, todavía no se han puesto a disposición, a gran escala, de quienes más las necesitan.

Debemos cambiar las reglas del juego:

· El sector público debe reconocer las presiones a corto plazo que los accionistas ejercen sobre las empresas y apoyarlas para que construyan modelos de negocio viables a largo plazo. Al mismo tiempo, el sector privado debe comprender el complejo entorno de múltiples partes interesadas en el que opera el sector público. Este último también afronta sus propias presiones a corto plazo, pues necesita resolver constantemente problemas sociales y ambientales urgentes.

· La confianza lo es todo. Debemos dejar de lado las sospechas sobre las motivaciones y los objetivos.

· Ambas partes deben adoptar procesos administrativos, jurídicos y operativos más flexibles, que reflejen la sencillez y la rapidez, y permitan adaptarse a los cambios sobre el terreno.

· Debemos ponernos de acuerdo en resultados e indicadores de desempeño que respondan a las necesidades de ambas partes.

Para «transformar el mundo» y atender mejor las necesidades de las poblaciones desatendidas, las organizaciones humanitarias y de desarrollo deberían recurrir al sector privado cuando se enfrenten a un problema ajeno a sus competencias principales o cuando este pueda ofrecer una solución con mayor eficacia o eficiencia. A cambio, el sector privado comprende mejor las necesidades del mercado al trabajar estrechamente con las organizaciones que están en primera línea. Y, lo que es más importante, esto abre la puerta a la innovación y a la creación de soluciones sostenibles a más largo plazo.

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