¿Podemos diseñar ciudades que no necesiten coches?

¿Podemos diseñar ciudades que no necesiten coches?
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Durante los próximos 15 años, se invertirán unos 90 billones de dólares en infraestructuras de las ciudades, la agricultura y los sistemas energéticos del mundo. 24 líderes de los ámbitos gubernamental, empresarial, financiero y económico de 19 países creen que ese dinero debería destinarse a combatir el cambio climático. Uno de los principales desafíos es retirar los coches de las ciudades.

expansión urbana

Expansión urbana: no podemos seguir así.

Los beneficios son evidentes, pero ¿cómo pueden transformarse las administraciones municipales para permitir un cambio de rumbo tan radical?

Los líderes que formulan estas recomendaciones forman parte de The Global Commission on the Economy and Climate, que incluye a Lord Nicholas Stern, copresidente, y a Al Gore. Este último presentó la idea en el Foro Económico Mundial de Davos la semana pasada junto con el expresidente de México, Felipe Calderón.

Calderon

Calderón (arriba) dijo a los delegados que las ciudades del mundo deberían rediseñarse para que no necesiten coches. «No podemos tener estas ciudades de baja densidad, diseñadas para el uso de coches», afirmó. «Recomendamos que esas ciudades tengan más densidad y más transporte público».

Ambos sostenían que esta enorme cantidad de dinero, que de todos modos debe gastarse, debería invertirse con sensatez. Su misión es convencer a todos los alcaldes del planeta de que diseñar así las nuevas ciudades será mucho más conveniente en términos de eficiencia y prosperidad para sus habitantes. El 75 % de las infraestructuras que estarán en funcionamiento en 2050 aún no existe, por lo que las decisiones que se tomen ahora tendrán repercusiones en un futuro lejano.

Barcelona en comparación con Atlanta en cuanto a carreteras y emisiones de gases de efecto invernadero que contribuyen al cambio climático

Arriba: gráfico extraído del el informe New Climate Economy.

«El error que cometimos en México fue dejar que las ciudades se desarrollaran como quisieran, y es un desastre», dijo Calderón a Business Insider en una entrevista. «Lo mejor para ellos [los alcaldes]» es no repetir ese «error», dijo Calderón.

Las ideas proceden del informe de la Comisión, el New Climate Economy publicado inicialmente en septiembre pasado, antes de la cumbre sobre el cambio climático celebrada en Nueva York.

Hacia ciudades sin coches

En una conferencia reciente sobre la propuesta de la Comisión de prescindir de los coches y crear una ciudad inteligente del futuro centrada en las personas, Transforming Transportation 2015, Smart Cities for Shared Prosperity, abundaron las ideas sobre lo que podrían incluir estas ciudades del futuro.

Transforming Transportation 2015, Ciudades inteligentes para una prosperidad compartida

IBM presentó su propuesta de sistemas semiautónomos o altamente automatizados para el transporte personal, que, según indicó, serán habituales en los vehículos durante la próxima década. Según las respuestas a un informe que había encargado, el 55 % afirmó que para 2025 los vehículos también contarían con conducción altamente automatizada, en la que un sistema a bordo reconoce sus limitaciones y solicita al conductor que tome el control cuando sea necesario. Los coches estarán conectados a servicios que proporcionarán información sobre el tráfico, el tiempo y otros acontecimientos que puedan afectar a un trayecto.

Los autobuses serán más inteligentes a medida que se transformen, como ocurre en Bangalore, abajo.

Autobús de Bangalore

Pero, al fin y al cabo, ¿quién necesita coches? Quizá los necesites durante un tiempo si vives en Los Ángeles, ya que la ciudad se diseñó en torno al coche y hará falta un esfuerzo enorme y mucho dinero para adaptarla al transporte público.

BRT de Curitiba

Pero las nuevas zonas urbanas no tienen problemas heredados. En cambio, al implantar desde el principio sistemas de transporte eficientes e integrados con la planificación, como se ha hecho en Curitiba (arriba), se pueden lograr grandes ahorros, reducir las emisiones y hacer que las calles sean más seguras y estén pensadas para las personas. (Cada año mueren más de 1,2 millones de personas en accidentes de tráfico en todo el mundo, el equivalente a casi ocho accidentes de avión Boeing 747 al día). Además, como el transporte representa el 23 % de las emisiones de gases de efecto invernadero relacionadas con la energía, estas también se reducirán.

Por ejemplo, el sistema Metrocable de Medellín ha transformado un trayecto que antes duraba todo el día desde los barrios marginales montañosos de la ciudad hasta su centro urbano en un viaje de 30 minutos.

El transporte rápido en autobús (BRT) presta servicio actualmente a 31 millones de personas en más de 180 ciudades cada día. En Guadalajara, México, un solo carril del corredor BRT Macrobús, en un sentido, transporta 5.000 pasajeros por hora. Los carriles de tráfico normales de Guadalajara solo pueden transportar 3.194 pasajeros por hora. En 2011 se produjeron 726 accidentes de tráfico en esos carriles, mientras que el Macrobús sufrió solo seis durante el mismo periodo.

Un nuevo informe de la iniciativa EMBARQ del WRI Ross Center for Sustainable Cities, respaldado por el Banco Mundial, «Traffic Safety on Bus Priority Systems», muestra que los sistemas de transporte público de alta calidad pueden mejorar la seguridad vial y reducir las lesiones y muertes hasta en un 50 %, como se ha observado en ciudades como Guadalajara y Ahmedabad.

Las pruebas realizadas en Río de Janeiro, Ciudad de México y Estambul han permitido proponer estrategias de diseño para hacer más seguros los sistemas de prioridad para autobuses en intersecciones, estaciones de transbordo, pasos peatonales y otros lugares.

Diseñar ciudades para reducir al mínimo el uso del coche también aporta beneficios económicos. La congestión del tráfico costó a Río de Janeiro y São Paulo un total combinado de 43.000 millones de dólares solo en 2013, equivalente al 8 % del PIB de cada ciudad. En Pekín, se calcula que los costes de la congestión y la contaminación atmosférica representan entre el 7 y el 15 % del PIB. La expansión urbana le cuesta por sí sola a Estados Unidos 400.000 millones de dólares al año.

El primer cambio debe producirse en la forma de gestionar las ciudades

Todo esto supone un desafío para la planificación. ¿Cómo deberían responder las ciudades? El Programa de Política Metropolitana de Brookings Institution y la Escuela de Negocios ESADE de Barcelona reunieron recientemente a funcionarios de ciudades de toda Europa, Canadá y Estados Unidos. Tras un taller de dos días, formularon varias recomendaciones para cambiar la administración municipal:

1. Las ciudades deben contar con una visión económica general basada en una evaluación real de sus fortalezas, desafíos y oportunidades, centrada en utilizar las mejores investigaciones de casos exitosos en otros lugares y en aplicar la tecnología de forma adecuada. No deberían esperar ayuda del gobierno nacional.

2. Como parte de la visión económica, deben tenerse en cuenta tres aspectos:

  • Resiliencia: debe existir un entorno construido sostenible y sólido frente a los desafíos climáticos;

  • Inclusión: la educación debe estar al alcance de todos para que puedan participar en la revitalización económica;

  • Productividad: por último, como en la ciudad de Nueva York, se pueden aprovechar la tecnología y las industrias de la información para promover la salud económica a largo plazo.

3. Las ciudades también deben reformar su estructura de toma de decisiones para integrar la tecnología y la sostenibilidad en esas decisiones, sobre todo en materia de infraestructuras (resiliencia climática y, después, reducción del consumo energético) y tecnología (Wi-Fi ubicuo).

4. Los riesgos deben distribuirse. Ámsterdam se eligió como ejemplo de uso de asociaciones público-privadas para distribuir los riesgos y beneficios de las tecnologías de ciudades inteligentes; y Toronto, como ejemplo de colaboración con los gobiernos estatal y nacional para movilizar 500 millones de dólares de capital que impulsarán 700 millones de dólares de inversión privada.

5. Por último, debe haber una mejor comunicación entre ciudades y dentro de los centros urbanos. La Urban Sustainability Directors Network se destacó como modelo organizativo. Los participantes también reconocieron que las ciudades europeas tienen una clara ventaja en este ámbito, ya que programas de la Comisión Europea como Smart Cities and Communities ayudan a crear redes mediante la comunicación formal y la autoridad para conceder subvenciones.

Ahora que en todo el planeta viven en ciudades más personas que fuera de ellas, es imperativo que este cambio revolucionario de actitud se produzca rápidamente.

Este artículo se publica en colaboración con The Sustainable Cities Collective. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autor: David Thorpe es consultor especial de Sustainable Cities Collective.

Imagen: Coches atrapados en un atasco en el centro de El Cairo. REUTERS/Amr Abdallah Dalsh.

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