Una prisión británica lanza un servicio de entrega de comidas dirigido por reclusos en formación

The Clink Charity
The Clink Charity is opening a delivery service after its restaurant was forced to close during COVID-19.Image: The Clink Charity
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  • La organización benéfica Clink lleva seis años gestionando un restaurante en la prisión de Brixton, en Londres, con el objetivo de enseñar a los internos habilidades para la vida que podrán utilizar después de cumplir su condena.

  • Tuvo que cerrar durante el confinamiento por la COVID-19 y ahora ofrece el servicio de entrega «Clink at Home».

  • Según el informe de 2019 de la organización benéfica Clink, la reincidencia entre los exreclusos que participaron en el programa se reduce hasta en un 66 %.

Una prisión británica ha puesto en marcha un servicio de entrega de comidas atendido por internos, como parte de una iniciativa benéfica que busca reducir la reincidencia dando a los presos más oportunidades de encontrar empleo tras su puesta en libertad.

La organización benéfica Clink abrió hace seis años un restaurante en la prisión de Brixton, en Londres, pero la pandemia de coronavirus obligó a cerrarlo en marzo, lo que dio paso a la puesta en marcha del servicio de entrega «Clink at Home» la semana pasada.

Los presos que se acercan al final de su condena reciben formación en el puesto de trabajo y se preparan para obtener cualificaciones reconocidas por el sector. Trabajan de forma voluntaria a cambio de la formación que reciben.

Christopher Moore, director ejecutivo de la organización benéfica Clink, afirmó que el programa del restaurante ofrece a los presos una experiencia fundamental de «la vida en el exterior, desde dentro».

«Los presos bajan durante ocho horas al día, en un entorno que no parece ni se siente como una prisión, lo que replica un entorno de trabajo real», explicó por teléfono a la Fundación Thomson Reuters.

Dorada preparada por internos en el restaurante Clink de la prisión de Brixton. Image: Paul Griffiths, a través de la Fundación Thomson Reuters

«Están aprendiendo a trabajar en equipo, están ganando confianza y se sienten motivados y orgullosos de lo que hacen.»

Según el informe de 2019 de la organización benéfica Clink, que se basa en estadísticas gubernamentales, la reincidencia entre los exreclusos que participaron en el programa se reduce hasta en un 66 %.

Quienes participan en el programa obtienen certificados de nivel estándar del sector en servicio de comidas, preparación y cocina, así como habilidades blandas esenciales para ayudarles a readaptarse a la vida fuera de prisión, según explicó Moore.

El restaurante de Brixton, donde los comensales deben reservar mesa previamente para entrar en el centro penitenciario, es uno de los cuatro restaurantes similares ubicados en prisiones de todo el país. Entre todos ellos forman a unos 200 presos en cada momento.

Moore afirmó que muchos antiguos alumnos encuentran trabajo en el sector de la restauración, y varios trabajan ahora en hoteles de cuatro y cinco estrellas y en restaurantes con estrellas Michelin.

Elizabeth Orr, de 42 años, una de las primeras participantes del programa en un restaurante gestionado por presos en la prisión de Styal, en el noroeste de Inglaterra, es ahora jefa de cocina en su negocio familiar en Liverpool.

«Lo perdí todo cuando fui a prisión, pero el apoyo que recibí cambió por completo mi vida», afirmó Orr, quien ha sido nominada a un premio local por su contribución a mantener servicios esenciales durante el confinamiento.

«Cuando volví a casa, en dos semanas ya tenía un empleo a jornada completa como pastelera. Sentí que volvía a la normalidad.»

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