Cómo la inteligencia artificial se apoderó silenciosamente de la democracia

A voter arrives at a polling location to vote in Portland, Maine November 3, 2009. REUTERS/Joel Page
'AI can be used to run better campaigns in a more legitimate way'Image: REUTERS/Joel Page
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Nunca ha habido un momento mejor para ser político. Pero es aún mejor para ser ingeniero de aprendizaje automático al servicio de un político.

A lo largo de la historia moderna, los candidatos políticos han dispuesto de un número limitado de herramientas para tomar el pulso al electorado. La mayoría de las veces, al presentarse a las elecciones, han tenido que confiar más en el instinto que en la información.

Ahora se pueden usar los macrodatos para maximizar la eficacia de tu campaña. El siguiente paso será usar inteligencia artificial (IA) en las campañas electorales y la vida política.

Los sistemas de aprendizaje automático ya pueden predecir qué proyectos de ley del Congreso de Estados Unidos lograrán aprobarse mediante evaluaciones algorítmicas del texto del proyecto y de otras variables, como el número de patrocinadores e incluso la época del año en que se presenta ante el Congreso.

Las soluciones de inteligencia artificial también se despliegan ahora cuidadosamente en las campañas electorales para involucrar a los votantes y ayudarles a estar mejor informados sobre cuestiones políticas.

¿Votaste por la IA?

Este uso de la tecnología plantea cuestiones éticas, ya que la inteligencia artificial puede utilizarse para manipular a votantes individuales.

Durante las elecciones presidenciales de Estados Unidos de 2016, por ejemplo, la empresa de ciencia de datos Cambridge Analytica puso en marcha una amplia campaña publicitaria dirigida a votantes indecisos, basada en su psicología individual.

Mediante macrodatos y aprendizaje automático, los votantes recibieron mensajes distintos según las predicciones sobre su susceptibilidad a diferentes argumentos. Las personas paranoicas recibieron anuncios con mensajes basados en el miedo, mientras que las de predisposición conservadora recibieron anuncios con argumentos basados en la tradición y la comunidad.

Esto fue posible gracias a la disponibilidad de datos en tiempo real sobre los votantes: desde su comportamiento en las redes sociales hasta sus hábitos de consumo y sus relaciones. Sus huellas digitales se utilizaron para crear perfiles conductuales y psicográficos únicos.

El problema de este enfoque no es la tecnología en sí, sino el carácter encubierto de la campaña y la falta de sinceridad de los mensajes políticos difundidos. Un candidato con promesas de campaña flexibles, como el presidente Donald Trump, encaja especialmente bien con esta táctica. Se puede enviar a cada votante un mensaje personalizado que destaque un aspecto distinto de un argumento concreto, y cada votante recibirá una versión diferente de Trump. La clave está simplemente en encontrar los estímulos emocionales adecuados para incitar a cada persona a actuar.

El ataque de los bots

Enormes enjambres de bots políticos se utilizaron en las elecciones generales de 2017 en el Reino Unido para difundir desinformación y noticias falsas en las redes sociales. Lo mismo ocurrió durante las elecciones presidenciales de Estados Unidos de 2016 y otras varias elecciones políticas clave en todo el mundo.

Los bots son cuentas autónomas programadas para difundir agresivamente mensajes políticos unilaterales y crear la ilusión de apoyo público. Por lo general, se hacen pasar por cuentas de personas corrientes y pueden utilizarse para destacar mensajes negativos en las redes sociales sobre un candidato ante un grupo demográfico con más probabilidades de votarle, con la intención de disuadirlo de acudir a las urnas el día de las elecciones.

Se afirma que, en las elecciones de 2016, bots favorables a Trump se infiltraron en hashtags de Twitter y páginas de Facebook utilizados por simpatizantes de Hillary Clinton para difundir contenido automatizado. También se desplegaron bots en un momento crucial de las elecciones presidenciales francesas de 2017, inundando Facebook y Twitter con una avalancha de correos electrónicos filtrados del equipo de campaña del candidato Emmanuel Macron. La filtración también contenía información que, según Macron, era falsa sobre sus asuntos financieros. El objetivo de #MacronLeaks era construir una narrativa según la cual Macron era un estafador e hipócrita, una táctica habitual de los bots para impulsar temas de tendencia y dominar los canales de las redes sociales.

Usar la IA para hacer el bien

Es fácil culpar a la IA de los males del mundo (y de las elecciones perdidas), pero la tecnología subyacente no es intrínsecamente perjudicial. Las herramientas algorítmicas que se usan para engañar, desinformar y confundir también podrían reutilizarse para apoyar la democracia.

La IA puede servir para llevar a cabo mejores campañas de manera más legítima. Un enfoque ético de la IA puede ayudar a informar y servir al electorado. Nuevas empresas emergentes de IA, como Factmata y Avantgarde Analytics ya ofrecen estas soluciones tecnológicas.

Por ejemplo, podemos programar bots políticos para que intervengan cuando la gente comparta artículos que contienen desinformación conocida. Podrían emitir una advertencia indicando que la información es dudosa y explicar por qué. Esto podría ayudar a desmentir falsedades conocidas, como el infame artículo que afirmó falsamente que el papa Francisco había respaldado a Trump.

Podemos usar la IA para escuchar mejor lo que la gente tiene que decir y asegurarnos de que sus representantes electos oigan claramente sus voces. A partir de estas observaciones, podemos desplegar campañas de microsegmentación que ayuden a educar a los votantes sobre diversos temas políticos, para que puedan formarse su propia opinión.

A menudo, la información política de los debates televisivos y los periódicos abruma a la gente. La IA puede ayudarles a conocer las posiciones políticas de cada candidato en función de lo que más les importa. Por ejemplo, si a una persona le interesa la política medioambiental, podríamos utilizar una herramienta de segmentación basada en IA para ayudarle a averiguar qué propone cada partido sobre el medio ambiente.

En otras palabras, podemos usar técnicas de IA para contrarrestar la propaganda computacional y romper las cámaras de eco. Es fundamental que los anuncios políticos personalizados siempre estén al servicio de los votantes y les ayuden a estar mejor informados, en lugar de perjudicar sus intereses.

Perderse en la regulación

Un escenario alternativo es una mayor regulación para restringir la propaganda computacional. Unas normas más estrictas sobre protección de datos y rendición de cuentas algorítmica también podrían reducir el grado en que se puede abusar del aprendizaje automático en contextos políticos. Pero esto también podría perjudicar la innovación en el uso de la IA para hacer el bien.

La regulación siempre avanza más despacio que la tecnología. El Reglamento General de Protección de Datos de la UE promete a los ciudadanos de la UE un «derecho de explicación» universal cuando se vean afectados por sistemas automatizados de toma de decisiones.

Sin embargo, existen muchas ideas erróneas sobre hasta qué punto esto puede establecer nuevas normas de rendición de cuentas y transparencia algorítmicas. En particular, la legislación carece de un lenguaje preciso y de salvaguardias bien definidas contra el abuso de los sistemas de IA. Además, solo establece el derecho a ser informado, en lugar del derecho a excluirse por completo de cualquier operación de datos y de los sistemas automatizados de toma de decisiones.

El uso de técnicas de IA en la política no desaparecerá pronto: simplemente tiene demasiado valor para los políticos y sus campañas. Además de los esfuerzos a largo plazo de los organismos reguladores, el mundo político debería comprometerse a usar la IA de forma ética y juiciosa a corto plazo para garantizar que los intentos de influir en los votantes no terminen socavando la democracia. La inteligencia artificial ya forma parte de nuestra política; hagamos que funcione para todos.

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