4 pasos para consolidar un nuevo hábito

4 pasos para consolidar un nuevo hábito
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«En el intervalo entre el debilitamiento de las intenciones y la formación de hábitos, las intervenciones fracasan».

Estas son las sabias —y científicas— palabras de Wendy Wood, profesora de Psicología y Negocios en la Universidad del Sur de California, quien presentó su investigación sobre cómo los hábitos guían la conducta durante un almuerzo informal en el Banco Mundial.

Las intervenciones estándar suelen tener éxito a la hora de aumentar la motivación de las personas para cambiar, pues promueven la conciencia y la comprensión de las conductas que queremos cambiar y de las nuevas conductas que queremos adoptar. Sin embargo, a menudo no logran que las personas desarrollen hábitos duraderos.

Según la profesora Wood, aunque se pueda cambiar una conducta durante un breve período, las conductas antiguas pueden ser más persistentes y reaparecer al cabo de un tiempo. La formación de nuevos hábitos suele parecerse a subir una montaña y volver a bajar: al principio de una intervención se pone en práctica el nuevo hábito, pero luego vuelve a abandonarse cuando otros factores se imponen a las intenciones.

Las razones por las que fracasa la formación de hábitos son variadas, pero una de las más comunes es que las conductas están desencadenadas por señales del entorno, de las que las personas a menudo no son en absoluto conscientes.

Todo hábito empieza con una señal o un desencadenante que indica al cerebro que inicie un hábito, por lo general de manera automática. Romper los malos hábitos es difícil porque, aunque nuestra intención de cambiar haya cambiado, siguen presentes las señales del entorno que indican al cerebro que realice el hábito antiguo.

En un estudio, la profesora Wood y sus colegas midieron cuánto popcorn comían los espectadores de un cine para determinar cómo influían sus hábitos en las cantidades que consumían. Antes de entrar en la sala, se pidió a los participantes que evaluaran su nivel de hambre en ese momento, cuánto tiempo había pasado desde su última comida y varios otros aspectos de relleno. Luego se les entregó al azar una caja de popcorn fresco o rancio y una botella de agua. Los participantes entraron en la sala con su popcorn, vieron algunos avances de películas y salieron al vestíbulo del cine. Inmediatamente después, se recogieron todas las cajas de popcorn y las botellas de agua. Los participantes que dijeron que comían popcorn en el cine con poca o incluso moderada frecuencia comieron bastante menos cuando recibieron popcorn rancio que cuando recibieron popcorn fresco. Sin embargo, quienes tenían el hábito arraigado de comer popcorn en el cine comieron la misma cantidad de popcorn rancio y fresco, lo que demuestra la fuerte señal que el cine representa para algunos espectadores. Comieron automáticamente, sin importar si estaba fresco, porque habían formado un hábito desencadenado por su entorno.

No obstante, a pesar de las dificultades que todos afrontamos al desarrollar nuevos hábitos, podemos tomar algunas medidas para aumentar las probabilidades de éxito.

  1. Aprovechar el contexto y desbaratar los hábitos existentes: Esto puede lograrse interrumpiendo nuestras señales, mediante la reestructuración de nuestros microentornos, la interrupción de la respuesta automática o la incorporación de un nuevo hábito a uno existente.

  2. Intervenir mediante la práctica: La repetición es clave en este paso, que se basa en la idea de que aprendemos haciendo. La cantidad de repeticiones necesarias para consolidar el nuevo hábito varía entre menos de 20 y más de 200, según el hábito y la persona.

  3. Recompensa: Ofrecer un incentivo para realizar un hábito puede ser una herramienta poderosa, pero solo si se hace a intervalos. Cuando se ofrecen recompensas después de cada repetición de una conducta, las personas tienden a realizarla únicamente para recibir la recompensa, lo que plantea problemas cuando esta inevitablemente se retira. Sin embargo, si la recompensa se entrega a intervalos, no se asocia directamente con el nuevo hábito, sino más bien con el desempeño.

  4. Facilitar el nuevo hábito: Crear un entorno propicio que proporcione señales contextuales estables para el nuevo hábito.

Asumir personalmente la responsabilidad del cambio de conducta ayuda a aplicar cualquiera o todos estos pasos, porque permite a las personas crear intervenciones que les resulten adecuadas. Aunque quizá no siempre sepan cuáles son las señales que desencadenan una conducta, sabrán si una intervención les parece apropiada o factible.

Esta publicación apareció originalmente en The World Bank Blog

Autora: Roxanne Bauer es consultora del departamento de Comunicaciones operativas de Relaciones Externas y Corporativas del Banco Mundial (ECROC).

Imagen: Personas participan en una clase de YogaWorks en Santa Mónica, California, en esta fotografía proporcionada, tomada a principios de 2009. REUTERS.

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