3 cosas que hay que saber sobre la lucha contra el alzhéimer

Elderly woman's face highlighting issue of alzheimer's and dementia and health of aging population
Image: Photo by Ravi Patel on Unsplash
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  • El alzhéimer se perfila como una pandemia mundial: se prevé que el número de personas afectadas se triplique hasta alcanzar los 152 millones en 2050.

  • La tecnología podría ayudar. Con el desarrollo de biomarcadores económicos, o «indicadores preventivos y personalizados del riesgo», podría surgir un método más eficaz para diagnosticar y tratar la enfermedad.

  • Sin embargo, la solución incluirá una combinación de múltiples tratamientos y la consideración de la carga asistencial en sentido amplio.

La demencia y el alzhéimer afectan a más de 47 millones de personas en todo el mundo y tienen un enorme impacto en las personas, quienes las cuidan y la sociedad. En 2018, la enfermedad costó al mundo 1,25 billones de dólares y, a medida que envejece la población, el alzhéimer se convierte en una bomba de relojería sanitaria y social. Sin avances importantes, el número de personas afectadas se triplicará hasta alcanzar los 152 millones en 2050.

Ante la ausencia de una cura, se invierte mucho en la investigación para desarrollarla. Solo en Estados Unidos se gastan 2.800 millones de dólares al año con ese objetivo. Pero los problemas relacionados con el alzhéimer no se limitan a la cura o al diagnóstico. Entre los factores decisivos figuran la prevención, los cuidados y la financiación: tanto el nivel de financiación como el coste para cada persona y la accesibilidad de los medicamentos.

Image: cambridgecognition.com

Desajuste entre la demanda y la capacidad

A medida que más personas viven más tiempo y aumentan sus necesidades sanitarias y de asistencia social, y que se desarrollan nuevos medicamentos y tecnologías, la creciente demanda y las expectativas en materia de atención sanitaria superarán la oferta. Existe un desajuste mundial entre la demanda y la capacidad para las enfermedades no transmisibles relacionadas con la edad.

Aunque la mayoría de los sistemas sanitarios se centran en la atención reactiva en los hospitales, se presta muy poca atención a la carga asistencial en sentido amplio —por ejemplo, a su impacto en el futuro del trabajo—, cuando más personas tendrán que dedicar tiempo tanto a las personas mayores dependientes como a las jóvenes, y será difícil garantizar un acceso universal y asequible a los medicamentos cuando estén disponibles.

Se han dedicado muchos esfuerzos a la detección temprana, pero existe una gran brecha entre los síntomas y la aparición visible: la enfermedad suele comenzar décadas antes de manifestarse. Por eso, aunque se invierta en ensayos clínicos, el desafío es en realidad más amplio y requiere una investigación exhaustiva sobre los comportamientos cognitivos, la inmunología y la genética.

Hasta la fecha, las posibles medidas preventivas tienen limitaciones. La Organización Mundial de la Salud directrices sobre los factores de riesgo —como el ejercicio físico, la terapia cognitiva y la hipertensión— suelen señalar aspectos de la salud sobre los que ya es demasiado tarde para actuar. Así, aunque esto sea pertinente para las generaciones futuras, la población que envejece actualmente sigue afrontando una pandemia intratable e imposible de prevenir. La investigación también ha señalado la educación durante la infancia como un factor causal, pero la puesta en práctica de cualquier estrategia para abordar este aspecto es muy limitada.

¿Confiamos en la tecnología?

La tecnología podría ayudar. Con el desarrollo de biomarcadores económicos (indicadores preventivos y personalizados del riesgo), podría surgir un método más eficaz para diagnosticar y tratar la enfermedad. Pero probablemente la solución incluirá una combinación de múltiples tratamientos.

Una lucha colectiva contra la enfermedad crónica más costosa del mundo

El lanzamiento de una nueva alianza entre el Foro Económico Mundial y la Global CEO Initiative (CEOi) en la Reunión Anual de Davos marcó un punto de inflexión. La alianza es una coalición de partes interesadas del sector público y privado —entre ellas, fabricantes farmacéuticos, empresas biotecnológicas, gobiernos, organizaciones internacionales, fundaciones y organismos de investigación— que trabajarán colectivamente para avanzar en la lucha contra la enfermedad de Alzheimer.

Se estudiarán mecanismos para acelerar la investigación sobre biomarcadores; atraer capital público, privado y filantrópico; aumentar la capacidad y el rendimiento mundiales de los ensayos clínicos; y mejorar la preparación de los sistemas sanitarios para detectar, diagnosticar y tratar la enfermedad.

Mientras los científicos siguen esforzándose por encontrar una cura, el desafío que plantean el alzhéimer y la demencia exige medidas más amplias para mitigar una crisis sanitaria inminente que ya representa la enfermedad crónica más costosa para la población mundial, cada vez más envejecida.

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