El Gran Chaco es uno de los ecosistemas de bosque seco más grandes del mundo. Abarca Argentina, Bolivia y Paraguay, y es un sumidero de carbono fundamental, un punto caliente de biodiversidad, un motor de oportunidades económicas y el hogar de 5,6 millones de personas indígenas. En las dos últimas décadas, ha perdido 13 millones de hectáreas de bosque, principalmente por la expansión agrícola. Pero este informe narra una historia de potencial. Muestra que la producción sostenible y la protección de los bosques no tienen por qué ser incompatibles. Por el contrario, pueden reforzarse mutuamente, siempre que los incentivos y la gobernanza sean los adecuados.
Las soluciones existen: la agricultura regenerativa, la ganadería bovina sostenible, los enfoques jurisdiccionales para la planificación y la gestión del uso del suelo, y los modelos financieros basados en la naturaleza. Lo que se necesita ahora es escala, inversión y alineación entre sectores. Los gobiernos, las instituciones financieras, las cadenas de suministro corporativas y las comunidades locales tienen todos un papel que desempeñar.
El futuro del Gran Chaco aún no está escrito. Con las inversiones, políticas y alianzas adecuadas, puede convertirse en un modelo global que demuestre que el crecimiento económico, la protección ambiental y el desarrollo social pueden avanzar de la mano.
