La forma en que las personas interactuamos con la tecnología está en constante evolución. Cuando los permisos que las personas conceden a empresas y organizaciones en un momento dado se convierten en la puerta de entrada a todo lo que sucederá con esos datos en el futuro, ese momento adquiere una importancia extraordinaria, quizá mucho más de lo que cabría imaginar. Dada la ubicuidad de la recopilación de datos en línea y la necesidad de tecnologías que mejoran nuestras vidas, pero dependen de esos datos, ¿hay una forma mejor de gestionar la relación entre las personas y la tecnología?
