Esta creciente interconexión ha mejorado la vida en muchos aspectos. Pero también ha aumentado la complejidad de los asuntos mundiales. Muchos de los grandes desafíos que enfrenta la humanidad —problemas tan diversos como el cambio climático, la estabilidad de los mercados, la disponibilidad de energía y recursos, la pobreza y los conflictos— parecen implicar a menudo redes impenetrables de causas y efectos. Pero estos problemas no son necesariamente impenetrables. Nuevas y poderosas herramientas han permitido a los científicos comprender mejor la complejidad. En lugar de estudiar un sistema de forma aislada, quienes investigan la complejidad toman distancia y observan cómo interactúan sus numerosas partes para formar un todo coherente. Por ejemplo, en vez de estudiar una especie de pez en particular, observan cómo interactúa con otras especies de su ecosistema. En lugar de analizar un instrumento financiero, examinan cómo se relaciona con el conjunto más amplio de los mercados globales. En vez de centrarse en la pobreza, podrían estudiar cómo se relacionan los ingresos con los conflictos, la política y la disponibilidad de agua. Sea cual sea el objeto de estudio, quienes investigan la complejidad reúnen datos, buscan patrones y regularidades, y construyen modelos para comprender la dinámica y la organización del sistema. Toman distancia de las partes y observan el conjunto.