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El coste anual de los conflictos asciende a un billón de dólares, según los cálculos del Instituto de Economía y Paz de 2017. Es evidente que las guerras plantean diversos desafíos para las operaciones y la rentabilidad de las empresas, mientras que la esquiva estabilidad política hace que los inversores se muestren reticentes. No es, por tanto, sorprendente que los actores del sector privado procuren cada vez más contribuir a la paz, tanto inmediata como a largo plazo.
La actividad del sector privado en favor de la paz ha obtenido resultados desiguales, lo que ofrece lecciones sobre el potencial de las empresas para desempeñar un papel en los procesos de paz. Mientras las organizaciones internacionales y los gobiernos ponen a prueba y perfeccionan modelos de colaboración con el sector privado, estas lecciones resultan útiles para decidir qué podemos hacer mejor juntos. El siguiente informe, elaborado por un equipo de investigadores del Instituto de Estudios Internacionales y del Desarrollo de Ginebra, aborda esta cuestión: sobre la base de las intervenciones previas del sector privado en la consolidación de la paz, ¿qué actividades de este pueden contribuir positivamente a la consolidación de la paz y qué lecciones pueden aplicarse a intervenciones futuras?
