Internet se ha convertido en una parte omnipresente y fundamental de la vida cotidiana. Su impacto tanto en el desarrollo económico como en la solución de problemas en ámbitos como la salud, la educación, los servicios financieros básicos y la agricultura está ampliamente documentado. Aun así, unos 4.000 millones de personas —más del 55 % de la población mundial— no usan Internet. Muchas no tienen acceso porque viven en zonas de difícil acceso o carecen de infraestructura digital o de otra infraestructura básica. Algunas no ven los beneficios de estar conectadas, a menudo debido a la escasez de contenido digital pertinente. Otras son analfabetas, y muchas viven en la pobreza. La desigualdad —por motivos de género, ingresos u otros factores— agrava el problema.