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Informe de Riesgos Globales 2024

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Un panorama global que se deteriora

Al repasar los acontecimientos de 2023, numerosos avances captaron la atención de personas de todo el mundo, mientras que otros recibieron un escrutinio mínimo. Las poblaciones vulnerables afrontaron conflictos letales, desde Sudán hasta Gaza e Israel, junto con condiciones de calor récord, sequías, incendios forestales e inundaciones. El descontento social fue palpable en muchos países, con ciclos informativos dominados por la polarización, protestas violentas, disturbios y huelgas. Aunque se evitaron en gran medida consecuencias desestabilizadoras a escala mundial, como las que se observaron al inicio de la guerra entre Rusia y Ucrania o de la pandemia de COVID-19, las perspectivas a largo plazo de estos acontecimientos podrían provocar nuevas crisis globales.

Al inicio de 2024, los resultados de la GRPS 2023-2024 destacan una perspectiva predominantemente negativa para el mundo en los próximos dos años, que se prevé empeore en la próxima década (Figura A). Encuestada en septiembre de 2023, la mayoría de los encuestados (54%) anticipa cierta inestabilidad y un riesgo moderado de catástrofes globales, mientras que otro 30% espera condiciones aún más turbulentas. La perspectiva es notablemente más negativa en el horizonte temporal de 10 años, y casi dos tercios de los encuestados prevén un panorama tormentoso o turbulento.

Figura A:

En el informe de este año, contextualizamos nuestro análisis a través de cuatro fuerzas estructurales que darán forma a la materialización y la gestión de los riesgos globales en la próxima década. Se trata de cambios a largo plazo en la configuración y la relación entre cuatro elementos sistémicos del panorama global:

– Trayectorias relacionadas con el calentamiento global y sus consecuencias para los sistemas de la Tierra (Cambio climático).

– Cambios en el tamaño, el crecimiento y la estructura de las poblaciones de todo el mundo (Bifurcación demográfica).

– Trayectorias de desarrollo de las tecnologías de vanguardia (Aceleración tecnológica).

– Evolución material en la concentración y las fuentes del poder geopolítico (Cambios geoestratégicos).

Se está configurando un nuevo conjunto de condiciones globales en cada uno de estos ámbitos, y estas transiciones se caracterizarán por la incertidumbre y la volatilidad. A medida que las sociedades buscan adaptarse a estas fuerzas cambiantes, se verá afectada su capacidad para prepararse y responder a los riesgos globales.

Los riesgos ambientales podrían alcanzar el punto de no retorno

Los riesgos ambientales siguen dominando el panorama de riesgos en los tres horizontes temporales. Dos tercios de los encuestados de la GRPS sitúan los fenómenos meteorológicos extremos como el riesgo principal con más probabilidad de provocar una crisis material a escala mundial en 2024 (Figura B), y se prevé que la fase de calentamiento del ciclo de El Niño-Oscilación del Sur (ENSO) se intensifique y se mantenga hasta mayo de este año. También se considera el segundo riesgo más grave en el horizonte de dos años y, en línea con las clasificaciones del año pasado, casi todos los riesgos ambientales figuran entre los 10 primeros a largo plazo (Figura C).

Figura B:

Figura C:

Sin embargo, los encuestados de la GRPS discrepan sobre la urgencia de los riesgos ambientales, en particular la pérdida de biodiversidad y el colapso de los ecosistemas y el cambio crítico en los sistemas de la Tierra. Los encuestados más jóvenes tienden a clasificar estos riesgos mucho más alto en el periodo de dos años en comparación con los grupos de mayor edad, y ambos riesgos figuran entre sus diez primeros en el corto plazo. El sector privado destaca estos riesgos como preocupaciones principales a largo plazo, a diferencia de los encuestados de la sociedad civil o del gobierno, que priorizan estos riesgos en horizontes temporales más cortos. Esta disonancia en la percepción de la urgencia entre los principales responsables de la toma de decisiones implica una alineación y una toma de decisiones subóptimas, lo que aumenta el riesgo de perder momentos clave de intervención, lo que daría lugar a cambios a largo plazo en los sistemas planetarios.

Capítulo 2.3: Un mundo a 3◦C explora las consecuencias de superar al menos un “punto de inflexión climático” en la próxima década. Investigaciones recientes sugieren que el umbral para desencadenar cambios a largo plazo, potencialmente irreversibles y autoperpetuados, en determinados sistemas planetarios probablemente se superará en o antes de 1.5◦C de calentamiento global, que actualmente se prevé alcanzar a principios de la década de 2030. Muchas economías seguirán en gran medida desprevenidas ante los impactos “no lineales”: la activación de un nexo de varios riesgos socioambientales relacionados tiene el potencial de acelerar el cambio climático, mediante la liberación de emisiones de carbono, y de amplificar los impactos asociados, lo que amenaza a las poblaciones vulnerables al clima. La capacidad colectiva de las sociedades para adaptarse podría verse desbordada, dado el enorme alcance de los impactos potenciales y las necesidades de inversión en infraestructura, lo que dejaría a algunas comunidades y países incapaces de absorber tanto los efectos agudos como los crónicos del cambio climático rápido.

A medida que crece la polarización y los riesgos tecnológicos siguen sin control, la ‘verdad’ se verá presionada

La polarización social figura entre los tres principales riesgos tanto en el horizonte temporal actual como en el de dos años, y ocupa el puesto n.º 9 a largo plazo. Además, la polarización social y la desaceleración económica se consideran los riesgos más interconectados (y, por tanto, más influyentes) de la red de riesgos globales (Figura D), como impulsores y posibles consecuencias de numerosos riesgos.

Figura D:

Considerado el riesgo global más grave previsto para los próximos dos años, tanto los actores extranjeros como los nacionales aprovecharán la información errónea y la desinformación para agravar aún más las divisiones sociales y políticas (Capítulo 1.3: Información falsa). Como se espera que cerca de tres mil millones de personas acudan a las urnas en varias economías, entre ellas Bangladés, India, Indonesia, México, Pakistán, el Reino Unido y Estados Unidos, en los próximos dos años, el uso generalizado de la información errónea y la desinformación, así como de las herramientas para difundirla, podría socavar la legitimidad de los gobiernos recién elegidos. Los disturbios resultantes podrían ir desde protestas violentas y delitos de odio hasta enfrentamientos civiles y terrorismo.

Más allá de las elecciones, es probable que las percepciones de la realidad también se polaricen, infiltrándose en el discurso público sobre temas que van desde la salud pública hasta la justicia social. Sin embargo, a medida que se socave la verdad, también aumentará el riesgo de propaganda interna y censura. En respuesta a la información errónea y la desinformación, los gobiernos podrían estar cada vez más facultados para controlar la información en función de lo que determinen que es “verdadero”. Las libertades relacionadas con internet, la prensa y el acceso a fuentes de información más amplias, que ya están en declive, corren el riesgo de derivar en una represión más generalizada de los flujos de información en un mayor número de países.

Las tensiones económicas sobre las personas y los países de ingresos bajos y medios se intensificarán

La crisis del costo de la vida sigue siendo una gran preocupación en las perspectivas para 2024 (Figura B). Los riesgos económicos de la inflación (n.º 7) y la desaceleración económica (n.º 9) también son nuevas incorporaciones notables a las clasificaciones de los 10 principales riesgos en el periodo de dos años (Figura C). Aunque un “aterrizaje más suave” parece prevalecer por ahora, las perspectivas a corto plazo siguen siendo muy inciertas. Existen múltiples fuentes de presiones continuas sobre los precios por el lado de la oferta que se ciernen sobre los próximos dos años, desde las condiciones de El Niño hasta la posible escalada de los conflictos activos. Y si los tipos de interés se mantienen relativamente altos durante más tiempo, las pequeñas y medianas empresas y los países muy endeudados estarán especialmente expuestos a las dificultades de deuda (Capítulo 1.5: Incertidumbre económica).

La incertidumbre económica pesará mucho en la mayoría de los mercados, pero el capital será más caro para los países más vulnerables. Los países vulnerables al clima o propensos a los conflictos corren el riesgo de quedar cada vez más excluidos de las infraestructuras digitales y físicas tan necesarias, del comercio y de las inversiones verdes, así como de las oportunidades económicas relacionadas. A medida que se erosionan aún más las capacidades de adaptación de estos Estados frágiles, se amplifican los impactos sociales y ambientales conexos.

De manera similar, la convergencia de los avances tecnológicos y las dinámicas geopolíticas probablemente creará un nuevo conjunto de ganadores y perdedores tanto en las economías avanzadas como en las economías en desarrollo (Capítulo 2.4: La IA al mando). Si los incentivos comerciales y los imperativos geopolíticos, en lugar del interés público, siguen siendo los principales impulsores del desarrollo de la inteligencia artificial (IA) y de otras tecnologías de vanguardia, la brecha digital entre los países de ingresos altos y bajos provocará una marcada disparidad en la distribución de los beneficios y de los riesgos asociados. Los países y las comunidades vulnerables quedarían aún más rezagados, aislados digitalmente de los avances de la IA que afectan de forma acelerada a la productividad económica, las finanzas, el clima, la educación y la sanidad, así como a la creación de empleo asociada.

A largo plazo, el progreso del desarrollo y los niveles de vida están en riesgo. Las tendencias económicas, ambientales y tecnológicas probablemente consolidarán los desafíos existentes en torno al trabajo y la movilidad social, bloqueando a las personas el acceso a los ingresos y a las oportunidades de formación, y, por tanto, la capacidad de mejorar su situación económica (Capítulo 2.5: ¿Fin del desarrollo?). La falta de oportunidades económicas es un riesgo de los 10 principales en el periodo de dos años, pero aparentemente preocupa menos a los responsables de la toma de decisiones globales en el horizonte a largo plazo, y baja al n.º 11 (Figura E). Las altas tasas de rotación laboral, tanto de creación como de destrucción de empleo, pueden dar lugar a mercados de trabajo profundamente bifurcados entre las economías desarrolladas y en desarrollo y dentro de ellas. Aunque no deben subestimarse los beneficios de productividad de estas transiciones económicas, el crecimiento de las exportaciones impulsado por la manufactura o los servicios podría dejar de ofrecer vías tradicionales hacia una mayor prosperidad para los países en desarrollo.

El estrechamiento de las vías individuales hacia medios de vida estables también afectaría a los indicadores del desarrollo humano, desde la pobreza hasta el acceso a la educación y a la sanidad. Los cambios marcados en el contrato social, a medida que disminuye la movilidad intergeneracional, reconfigurarían radicalmente las dinámicas sociales y políticas tanto en las economías avanzadas como en las economías en desarrollo.

Las tensiones geopolíticas latentes combinadas con la tecnología generarán nuevos riesgos de seguridad

Como producto e impulsor de la fragilidad estatal, los conflictos armados interestatales son un nuevo ingreso en las clasificaciones de los principales riesgos en el horizonte de dos años (Figura C). A medida que la atención de las grandes potencias se extiende a múltiples frentes, el contagio de los conflictos es una preocupación clave (Capítulo 1.4: Auge de los conflictos). Varios conflictos congelados corren el riesgo de intensificarse a corto plazo, debido a amenazas de desbordamiento o a una creciente fragilidad estatal.

Esto se convierte en un riesgo aún más preocupante en el contexto de los recientes avances tecnológicos. En ausencia de una colaboración concertada, es poco probable que un enfoque globalmente fragmentado para regular las tecnologías de vanguardia impida la propagación de sus capacidades más peligrosas y, de hecho, podría fomentar la proliferación (Capítulo 2.4: La IA al mando). A largo plazo, los avances tecnológicos, incluida la IA generativa, permitirán a una serie de actores no estatales y estatales acceder a una amplitud de conocimiento sobrehumana para concebir y desarrollar nuevas herramientas de disrupción y conflicto, desde programas maliciosos hasta armas biológicas.

En este entorno, las fronteras entre el Estado, la delincuencia organizada, las milicias privadas y los grupos terroristas se difuminarían aún más. Un amplio conjunto de actores no estatales se aprovechará de los sistemas debilitados, consolidando el ciclo entre conflicto, fragilidad, corrupción y delincuencia. La actividad económica ilícita (n.º 31) es uno de los riesgos peor clasificados en el periodo de 10 años, pero se considera que es desencadenado por varios de los riesgos mejor clasificados en los horizontes de dos y 10 años (Figura D). Las dificultades económicas, combinadas con los avances tecnológicos, la presión sobre los recursos y los conflictos, probablemente empujarán a más personas hacia la delincuencia, la militarización o la radicalización y contribuirán a la globalización de la delincuencia organizada en sus objetivos y operaciones (Capítulo 2.6: Ola de delincuencia).

La creciente internacionalización de los conflictos por parte de un conjunto más amplio de potencias podría dar lugar a guerras más letales y prolongadas y a crisis humanitarias abrumadoras. Con múltiples Estados implicados en guerras por poderes indirectas e incluso directas, aumentarán los incentivos para reducir el tiempo de decisión mediante la integración de la IA. La penetración de la inteligencia artificial en la toma de decisiones en los conflictos, para seleccionar objetivos y determinar fines de forma autónoma, aumentaría significativamente el riesgo de escalada accidental o intencionada en la próxima década.

Las divisiones ideológicas y geoeconómicas perturbarán el futuro de la gobernanza

Una división más profunda en el escenario internacional entre múltiples polos de poder y entre el Norte y el Sur Global paralizaría los mecanismos de gobernanza internacional y desviaría la atención y los recursos de las grandes potencias de los riesgos globales urgentes.

Preguntados por las perspectivas políticas globales de cooperación frente a los riesgos en la próxima década, dos tercios de los encuestados de la GRPS consideran que nos enfrentaremos a un orden multipolar o fragmentado en el que las potencias medianas y grandes disputarán, establecerán y harán cumplir normas y reglas regionales. En la próxima década, a medida que crezca la insatisfacción con el dominio continuado del Norte Global, un conjunto cambiante de Estados buscará una influencia más decisiva en el escenario global en múltiples ámbitos, afirmando su poder en términos militares, tecnológicos y económicos.

Como los Estados del Sur Global soportan el peso del cambio climático, las secuelas de las crisis de la era de la pandemia y las fracturas geoeconómicas entre las grandes potencias, la creciente alineación y las alianzas políticas dentro de este grupo de países históricamente dispar podrían dar forma cada vez más a las dinámicas de seguridad, incluidas las implicaciones para los focos de alto riesgo: la guerra entre Rusia y Ucrania, el conflicto en Oriente Medio y las tensiones en torno a Taiwán (Capítulo 1.4: Auge de los conflictos). Es probable que los esfuerzos coordinados para aislar a los Estados “parias” sean cada vez más infructuosos, mientras que la gobernanza internacional y los esfuerzos de mantenimiento de la paz que han demostrado ser ineficaces para “vigilar” los conflictos podrían quedar relegados.

El cambio en el equilibrio de influencia en los asuntos globales es especialmente evidente en la internacionalización de los conflictos, donde las potencias clave prestarán cada vez más apoyo y recursos para ganarse aliados políticos, pero también configurará la trayectoria y la gestión a largo plazo de los riesgos globales en términos más generales. Por ejemplo, el acceso a pilas tecnológicas muy concentradas se convertirá en un componente aún más crítico del poder blando de las grandes potencias para consolidar su influencia. Sin embargo, otros países con ventajas competitivas en las cadenas de valor ascendentes, desde minerales críticos hasta propiedad intelectual de alto valor y capital, probablemente aprovecharán estos activos económicos para obtener acceso a tecnologías avanzadas, lo que dará lugar a nuevas dinámicas de poder.

Oportunidades de actuación para hacer frente a los riesgos globales en un mundo fragmentado

La cooperación se verá presionada en este mundo fragmentado y en transición. No obstante, siguen existiendo oportunidades clave de actuación que pueden llevarse a cabo a nivel local o internacional, de forma individual o colaborativa, y que pueden reducir significativamente el impacto de los riesgos globales.

Las estrategias localizadas que aprovechan la inversión y la regulación pueden reducir el impacto de aquellos riesgos inevitables para los que podemos prepararnos, y tanto el sector público como el privado pueden desempeñar un papel fundamental para extender estos beneficios a todos. Los avances decisivos, impulsados por esfuerzos para priorizar el futuro y centrarse en la investigación y el desarrollo, pueden contribuir igualmente a hacer del mundo un lugar más seguro. Las acciones colectivas de los ciudadanos, las empresas y los países por separado pueden parecer insignificantes, pero, en masa crítica, pueden mover la aguja en la reducción de los riesgos globales. Por último, incluso en un mundo cada vez más fragmentado, la colaboración transfronteriza a gran escala sigue siendo fundamental para los riesgos que son decisivos para la seguridad y la prosperidad humanas.

La próxima década dará paso a un periodo de cambios significativos, que pondrá al límite nuestra capacidad de adaptación. Durante este periodo es concebible una multiplicidad de futuros completamente distintos, y es posible construir un camino más positivo mediante nuestras acciones para hacer frente a los riesgos globales de hoy.

Figura E:

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