En colaboración con Deloitte
La crisis de la COVID-19 ha puesto de manifiesto una epidemia silenciosa persistente y ha acelerado considerablemente la necesidad de un ecosistema global de salud mental debidamente financiado y regulado. Las tecnologías disruptivas —como la inteligencia artificial y el aprendizaje automático (IA/AA), la realidad digital (RD), la cadena de bloques y la nube— ofrecen una enorme oportunidad para mejorar los sistemas de salud mental en todo el mundo, haciéndolos más asequibles y fáciles de ampliar, especialmente en los países donde las personas no tienen acceso adecuado a estos servicios. Sin embargo, además de ofrecer soluciones innovadoras, estas tecnologías también pueden ser objeto de uso indebido y dar lugar a malos tratos.
El objetivo principal de esta herramienta es proporcionar a los gobiernos, los organismos reguladores y las entidades independientes de aseguramiento los recursos necesarios para desarrollar, adoptar y aplicar normas y políticas que aborden las principales preocupaciones éticas relacionadas con el uso de tecnologías disruptivas en la salud mental. Busca mejorar la accesibilidad, la calidad y la seguridad de los servicios que ayudan a todos los miembros de la sociedad a alcanzar su potencial emocional, social y psicológico deseado.
