Como consecuencia de las repercusiones persistentes de la crisis financiera, el sistema macroeconómico mundial sigue afrontando varios desafíos: un crecimiento económico lento o en declive; volatilidad de los tipos de cambio; asimetría en los mecanismos de ajuste entre Estados Unidos, cuya moneda ocupa el centro del sistema actual, y el resto del mundo; una acumulación excesiva de reservas extranjeras por parte de las economías emergentes; y efectos indirectos excesivos de la política monetaria estadounidense en otros países. Casi seis años después del inicio de la recesión económica más grave desde la Gran Depresión, los responsables políticos de todo el mundo intentan conducir sus economías a puerto seguro y alejarlas de las tormentas que aún azotan a grandes sectores de la economía mundial.