La revolución digital está transformando la política y la naturaleza del gobierno. Desde la mejora de la educación y la recaudación de impuestos hasta unos sistemas de salud más eficaces y la creación de empleo, la tecnología presiona a los gobiernos para que ofrezcan más con menos. Las voces de la ciudadanía están cada vez más «presentes» en los procesos de formulación de políticas públicas, y sus demandas de un gobierno conectado y «siempre activo» se intensifican a través de las redes sociales. Los gobiernos están respondiendo a las crecientes demandas para mantenerse al día con una ciudadanía ágil y habilitada por la tecnología. Están comprendiendo que la tecnología puede facilitar la transformación de los procesos gubernamentales, mejorar la prestación de servicios públicos y aumentar la productividad.