Uno de los desafíos más apremiantes a los que se enfrenta hoy el mundo es el envejecimiento de nuestras sociedades. Las Naciones Unidas (2007) prevén que, para 2050, el porcentaje de personas de 60 años o más en los países desarrollados habrá aumentado del 21 % actual al 32 %, y en los países menos desarrollados, del 8 % actual al 20 %. Esto tendrá profundas repercusiones en los mercados laborales, la demanda agregada, la política y las estructuras sociales. Además, el envejecimiento de las sociedades pondrá a prueba de manera significativa la asequibilidad de los sistemas tradicionales de pensiones y atención sanitaria. Se requieren nuevos enfoques y nuevas soluciones tanto de los gobiernos como del sector privado.