Los sistemas de salud han sido un gran éxito en el último siglo: han propiciado vidas más largas y saludables y, con ello, han contribuido a la prosperidad y al crecimiento económico. Sin embargo, estos avances han tenido un precio: durante décadas, los costos de la atención sanitaria en los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) han crecido sistemáticamente más que la economía. Aunque esta tendencia se reconoce desde hace tiempo como un desafío importante, la reciente crisis fiscal y los cambios demográficos la han acercado de repente. A menos que se rediseñe la financiación de los sistemas de salud, algunos países desarrollados podrían acumular déficits públicos de decenas de miles de millones de dólares para 2025.
