Principales conclusiones
La edición más reciente del informe del Foro Económico Mundial sobre el Índice de Transición Energética (ETI) muestra que los avances de la transición energética se han estancado. El ETI, que compara el desempeño de los sistemas energéticos de 120 países y la preparación de sus entornos propicios, concluye que las mejoras en equidad y sostenibilidad quedaron contrarrestadas por un deterioro de la seguridad energética y, por primera vez en más de una década, un retroceso en la preparación para la transición. Las interrupciones en el estrecho de Ormuz en 2026 han intensificado las vulnerabilidades existentes, mientras que la fragmentación geopolítica, el aumento de la demanda y la concentración de los flujos de inversión amplían la brecha entre las economías líderes y las rezagadas.
Principales conclusiones
Las puntuaciones generales del ETI en 2026 se mantuvieron prácticamente sin cambios (+0,03 %): las mejoras en el desempeño del sistema quedaron contrarrestadas por el primer retroceso en la preparación para la transición en más de una década, una señal de que se están debilitando los fundamentos necesarios para avanzar en el futuro.
Las economías avanzadas siguieron encabezando la clasificación y representaron 14 de los 20 países con mejor desempeño. África subsahariana registró el mayor avance regional interanual, mientras que Asia emergente, América Latina y el Caribe, Oriente Medio y Norte de África (MENA) y Pakistán sufrieron retrocesos.
Pese a que la inversión energética mundial alcanzó un récord de 3,3 billones de dólares —incluidos 2,3 billones en energía limpia—, la seguridad energética se deterioró y la preparación para la transición se debilitó, lo que dejó al descubierto una brecha cada vez mayor entre el despliegue de capital y las condiciones necesarias para sostenerlo.
Resultados generales
En general, el 56 % de los países mejoró su puntuación en el ETI en 2026. Las puntuaciones del desempeño del sistema aumentaron en promedio (+0,43 %), impulsadas por mejoras en equidad y sostenibilidad. Sin embargo, solo el 24 % de los países avanzó simultáneamente en las tres dimensiones del desempeño del sistema, frente al 28 % en 2025, lo que pone de relieve la creciente dificultad de equilibrar prioridades contrapuestas.
El desempeño del sistemamejoró en general, pero las tendencias divergieron entre las distintas dimensiones. La equidad siguió mejorando (+1,6 %), gracias a la disminución de las presiones sobre la asequibilidad, aunque las recientes alzas de precios ponen en riesgo esos avances. La sostenibilidad también progresó (+0,6 %), con avances constantes en la proporción de energía limpia. La seguridad energética fue la única dimensión que empeoró (-0,9 %), con especial debilidad en la diversificación de las importaciones y la fiabilidad de la red.
La preparación para la transicióndisminuyó por primera vez en más de una década (-0,76 %), lo que indica un deterioro de las condiciones propicias necesarias para sostener los avances a largo plazo. Cuatro de las cinco dimensiones de preparación se debilitaron. Las finanzas y la inversión registraron la caída más pronunciada ( -1,8 %): el 75 % de la inversión en energía limpia se dirige a un puñado de mercados, mientras que los países que se espera que impulsen el 80 % del crecimiento futuro de la demanda afrontan costos de financiación entre dos y tres veces superiores a los de las economías avanzadas. La innovación también retrocedió (-1,1 %), y la difusión de tecnologías relacionadas con el medio ambiente disminuyó por décimo año consecutivo. La regulación y el compromiso político se debilitaron (-1,2 %), debido al aumento de la inestabilidad de las políticas en las economías avanzadas. La educación y el capital humano (+2,0 %) fueron la única dimensión de preparación que mejoró, pero esto no bastó para compensar los retrocesos en finanzas e inversión, regulación y compromiso político, innovación e infraestructura.
Dinámicas regionales y una transición a distintas velocidades
Las economías avanzadas siguieron encabezando la clasificación y representaron 14 de los 20 países con mejor desempeño. Los países nórdicos —Suecia, Finlandia, Dinamarca y Noruega— conservaron los primeros puestos, gracias a un desempeño sistemáticamente sólido en diversificación energética, adopción de energía limpia, marcos de políticas e infraestructura.
África subsahariana registró los mayores avances regionales en 2026, impulsados por mejoras en educación, capital humano y flujos financieros. Europa emergente también progresó, mientras que Asia emergente fue la única región que retrocedió en promedio.
Entre las principales economías, China ocupó el puesto 14 y siguió ampliando la inversión en energía limpia hasta alcanzar niveles récord. Estados Unidos ocupó el puesto 19, y la incertidumbre sobre las políticas lastró su preparación. India ocupó el puesto 70 y registró uno de los mayores avances en preparación entre las principales economías, impulsado por la inversión en seguridad energética y asequibilidad.
Entre los países que más mejoraron interanualmente, Kazajistán registró el mayor avance general (+3,2), impulsado por una notable mejora en las condiciones de financiación e inversión y un mejor desempeño en seguridad energética. Tanzania y Zimbabue mostraron un fuerte impulso en África subsahariana. Catar fue el país con mejor desempeño en MENA (+2,6), impulsado por avances en diversificación y preparación.
Tres prioridades para la próxima etapa
El ETI 2026 identifica tres prioridades para sostener y acelerar la transición:
1. Incorporar la seguridad, la asequibilidad y la resiliencia como principios de diseño, no como respuestas a las crisis, sino como fundamentos de la arquitectura del sistema que abarquen los combustibles, las redes, las cadenas de suministro y los minerales críticos.
2. Desbloquear la ejecución acelerando la expansión de las redes y la integración del sistema: simplificar los procesos de autorización, cerrar la brecha entre el despliegue de energías renovables y la capacidad de la red, y abordar el problema de los más de 2.500 gigavatios (GW) de proyectos estancados en las colas de conexión de todo el mundo.
3. Restablecer las condiciones para invertir mediante políticas estables y flujos de capital focalizados: reconstruir la credibilidad de las políticas, reducir las diferencias en el costo del capital y dirigir la financiación hacia las economías emergentes que impulsarán la mayor parte del crecimiento futuro de la demanda.
