Brasil, el quinto país más grande del mundo y la economía más grande de América Latina, desempeña un papel fundamental en la lucha mundial contra el cambio climático. Además de ser un proveedor clave de recursos agrícolas, minerales, petróleo y gas, es también el mayor emisor de gases de efecto invernadero de América Latina y el Caribe y alberga el 60 % de la cuenca del Amazonas.
Como gran economía emergente, el país afronta desafíos específicos que distinguen su camino hacia la neutralidad en carbono de los de las economías desarrolladas de Europa y América del Norte. Este documento técnico estima que la inversión necesaria para lograr la transición climática de Brasil en 2030 asciende a aproximadamente 1 billón de reales (200 000 millones de dólares). Para atraer y facilitar esta inversión, Brasil debe establecer estructuras de financiación sólidas, incluido el desarrollo de nuevos instrumentos financieros, como los bonos verdes, sociales, sostenibles y vinculados a la sostenibilidad.
El documento destaca que, además de estos instrumentos, el país debe también movilizar financiación privada y desarrollar una taxonomía nacional. Estos avances deben orientar las vías de descarbonización sectorial, que establezcan objetivos y directrices específicos para cada sector, teniendo en cuenta las particularidades del país.
Afrontar la transición de Brasil requiere una estrecha colaboración entre los líderes de la industria, el sector público y la sociedad civil, sostiene el documento. Si tiene éxito, Brasil podría convertirse en un modelo para la transición de otras economías emergentes.
