Los avances tecnológicos recientes han inaugurado una nueva era del «internet de los cuerpos» (IoB), con un número sin precedentes de dispositivos y sensores conectados que se adhieren al cuerpo humano, se implantan en él o incluso se ingieren.
El IoB genera enormes cantidades de datos biométricos y de comportamiento humano. Esto, a su vez, impulsa la transformación de la investigación y la industria sanitarias, así como de otros aspectos de la vida social, como la adopción del IoB en entornos laborales o la aparición de nuevas opciones de entretenimiento; todo ello con notables innovaciones basadas en datos y beneficios sociales.
No obstante, el IoB también plantea nuevos desafíos para la gobernanza de los datos, que afectan no solo a la privacidad y la autonomía individuales, sino también a nuevos riesgos de discriminación y sesgo en el empleo, la educación, las finanzas, el acceso a los seguros de salud y otros ámbitos importantes para la distribución de recursos sociales.
