Unos 1.500 millones de personas en aproximadamente 40 países viven en un entorno marcado por conflictos persistentes y fragilidad. A menudo denominados «países frágiles y afectados por conflictos», se enfrentan a una multitud de desafíos simultáneos y a menudo abrumadores, como conflictos armados o violencia política, graves y persistentes violaciones de los derechos humanos y amenazas de redes de delincuencia organizada y terroristas. Sin embargo, desde otra perspectiva, los Estados frágiles de hoy podrían ser los mercados emergentes del mañana. Más de tres cuartas partes de los Estados clasificados como «frágiles» poseen abundantes recursos minerales y energéticos y registran impresionantes tasas de crecimiento. Las riquezas y las perspectivas de los Estados afectados por conflictos deben gestionarse adecuadamente para que contribuyan de manera significativa a la paz y el desarrollo. Asimismo, una paz duradera requiere que las partes interesadas se consideren socios y colaboren, especialmente el sector privado, que puede contribuir enormemente a la paz. Los vínculos entre fragilidad y violencia, así como el inmenso potencial latente en los Estados afectados por conflictos, deben reflejarse en nuevos enfoques y formas de colaboración.
