El panorama religioso ha cambiado en las últimas décadas. Los datos muestran que, en algunas sociedades, el papel de la fe está perdiendo importancia, cada vez más personas carecen de afiliación religiosa y existe una resistencia generalizada a identificarse como practicantes de una religión. Por el contrario, el 80 % de la población mundial profesa una religión y, en estas sociedades, crece el reconocimiento del papel que desempeñan la fe y la cultura religiosa en la vida pública y en la lucha contra los problemas globales. En estas sociedades, los grupos religiosos ejercen autoridad, fortalecen el capital social y prestan servicios; abogan por el cambio y movilizan a las comunidades. Se percibe que el espacio en el que interactúan la fe y la sociedad evoluciona de maneras dinámicas, y que los cambios sociales están afectando las relaciones entre los grupos religiosos y otros actores sociales y económicos.