En un momento de enormes desafíos económicos y sociales a escala mundial, ha quedado claramente de manifiesto el potencial de la actividad empresarial para influir en los derechos humanos. Cada vez se reconoce más la necesidad de que las empresas respeten las normas de derechos humanos reconocidas internacionalmente. El análisis de 2013 del Atlas de Riesgos para los Derechos Humanos de Maplecroft, que abarcó 197 países, concluyó que 32 naciones presentan un riesgo «extremo» de violaciones de los derechos humanos, un aumento del 60 % respecto de los seis años anteriores.