· El Foro Económico Mundial presenta un nuevo indicador del desempeño económico de los países, más amplio que el PIB, que abarca aspectos como el nivel de vida de las personas y las perspectivas económicas futuras
· El Índice de Desarrollo Inclusivo muestra que las economías aplican políticas centradas exclusivamente en el crecimiento económico a corto plazo, sin atender a la desigualdad social y prestando poca atención al desarrollo inclusivo y sostenible
· La clasificación de 103 países y territorios revela el desempeño general de las economías en materia de crecimiento económico, igualdad y sostenibilidad
· En los últimos cinco años, aunque la economía mundial ha crecido, la inclusión social ha disminuido o se ha estancado en 20 de las 29 economías avanzadas, y la equidad intergeneracional ha empeorado en 56 de las 74 economías emergentes
· Más información en: wef.ch/igd18
22 de enero de 2018, Davos-Klosters, Suiza — El Foro Económico Mundial publicó hoy el «Índice de Desarrollo Inclusivo 2018», que revela que, en las últimas décadas, el énfasis en el crecimiento económico por encima de la igualdad social ha llevado la desigualdad de riqueza e ingresos a máximos históricos. Los gobiernos no han sabido aprovechar el círculo virtuoso del desarrollo económico; sus beneficios no han llegado a amplios sectores de la población, y el proceso ha perjudicado gravemente al medio ambiente, con consecuencias para las generaciones futuras.
Parte de estos problemas se debe a que los economistas y responsables de políticas dependen en exceso del producto interno bruto (PIB) como principal indicador del desempeño económico de un país. El PIB solo mide el valor total de los bienes y servicios que produce actualmente una economía, pero no refleja la contribución de esa producción al progreso socioeconómico general, por ejemplo, en términos de ingresos familiares medianos, oportunidades de empleo, seguridad económica o calidad de vida.
El Índice de Desarrollo Inclusivo evalúa cada año el desempeño de 103 países y territorios en 11 dimensiones del desarrollo económico más allá del PIB, agrupadas en tres categorías: crecimiento y desarrollo, inclusión y equidad intergeneracional. Esta última se mide principalmente mediante la gestión sostenible de los recursos naturales y financieros.
El Índice de Desarrollo Inclusivo de este año muestra que, en los últimos cinco años, las 29 economías avanzadas estudiadas mejoraron más de un 3 % su puntuación en crecimiento y desarrollo, pero apenas avanzaron en inclusión. Esta dimensión comprende indicadores como los ingresos familiares medianos, la pobreza y la desigualdad de riqueza e ingresos; la dimensión de crecimiento y desarrollo abarca el PIB per cápita, la productividad laboral, el empleo y la esperanza de vida saludable.
En el mismo período, solo 12 economías avanzadas lograron reducir el número de personas en situación de pobreza y 8 redujeron la desigualdad de ingresos.
Más preocupante aún es que tanto los países pobres como los ricos tienen grandes dificultades para proteger los intereses de las generaciones futuras. El Índice de Desarrollo Inclusivo 2018 muestra que, desde 2012, las economías de ingresos altos, medios y bajos han retrocedido en realidad en equidad intergeneracional y sostenibilidad; los avances de las economías avanzadas han sido insignificantes (0,6 %). Esta dimensión incluye la deuda pública, la intensidad de carbono del PIB, la tasa de dependencia y el ahorro neto ajustado (un indicador que mide el ahorro neto de una economía tras descontar la inversión en capital humano, el agotamiento de los recursos naturales y los costes de la contaminación).
Los países y territorios con mejor desempeño
El Índice de Desarrollo Inclusivo 2018 muestra que Noruega es actualmente la economía avanzada más inclusiva del mundo. Este país nórdico ocupa el segundo puesto en equidad intergeneracional y el tercero tanto en crecimiento y desarrollo como en inclusión. Los pequeños países europeos dominan los primeros puestos de la clasificación; Australia (9) es la única economía no europea entre las diez primeras. Entre los países del G7, Alemania (12) ocupa el puesto más alto, seguida de Canadá (17), Francia (18), el Reino Unido (21), Estados Unidos (23), Japón (24) e Italia (27). Muchos países presentan diferencias notables entre sus posiciones en las tres dimensiones. Por ejemplo, entre las 29 economías avanzadas, Estados Unidos ocupa el puesto 10 en crecimiento y desarrollo, pero los puestos 28 y 26 en inclusión y equidad intergeneracional, respectivamente. En cambio, Francia ocupa un puesto bajo en crecimiento y desarrollo (21), el puesto 12 en inclusión y una posición aún peor en equidad intergeneracional (24), lo que indica que los riesgos que acumula hoy podrían materializarse en el futuro.
En la clasificación de economías emergentes, seis economías europeas se encuentran entre las diez primeras: Lituania (1), Hungría (2), Letonia (4), Polonia (5), Croacia (7) y Rumanía (10). Estos países se han beneficiado considerablemente de su adhesión a la Unión Europea: han tenido un buen desempeño en crecimiento y desarrollo y, a medida que aumentaban los niveles medianos de vida internos, han reducido notablemente la desigualdad de riqueza y logrado resultados alentadores en inclusión. América Latina también obtuvo buenos resultados, con tres economías entre las diez primeras: Panamá (6), Uruguay (8) y Chile (9).
El desempeño de los cinco países BRICS es desigual: Rusia ocupa el puesto 19, seguida de China (26), Brasil (37), India (62) y Sudáfrica (69). Aunque desde 2012 China ha registrado las mayores tasas de crecimiento del PIB per cápita (6,8 %) y de la productividad laboral (6,7 %) entre las economías emergentes del mundo, su puntuación general se ha visto reducida por sus malos resultados en inclusión. Economías emergentes como México (24), Indonesia (36), Turquía (16) y Filipinas (38) muestran un mayor potencial en equidad intergeneracional y sostenibilidad, pero no han logrado avances claros en indicadores de inclusión como la desigualdad de ingresos y riqueza.
Principales hallazgos e implicaciones para las políticas
Los datos del Índice de Desarrollo Inclusivo muestran que un crecimiento del PIB relativamente sólido, por sí solo, no basta para fomentar el progreso socioeconómico inclusivo ni elevar los niveles medianos de vida. En los últimos cinco años, el PIB creció en todos los países desarrollados salvo tres, pero solo 10 lograron avances claros en indicadores de inclusión, 16 retrocedieron y 3 se mantuvieron estables. La mayoría de los países con un sólido crecimiento del PIB no mejoró en inclusión. Del mismo modo, el crecimiento del PIB no conduce necesariamente a la equidad intergeneracional y la sostenibilidad: solo 11 países lograron avances claros y los 18 restantes retrocedieron.
También existe una desconexión similar entre el crecimiento del PIB y la inclusión en las economías emergentes. De las 30 economías emergentes con mayor crecimiento del PIB per cápita en los últimos cinco años, solo 6 obtuvieron buenos resultados en varios indicadores de inclusión, 13 tuvieron resultados medios y 11, deficientes. En equidad intergeneracional, solo 8 economías obtuvieron buenos resultados en varios indicadores de equidad intergeneracional y sostenibilidad, 12 tuvieron resultados medios y 10, deficientes.
Esto demuestra que, aunque la mayoría de las personas utiliza el crecimiento del PIB para juzgar el éxito económico de un país o territorio, este indicador es una condición necesaria, pero no suficiente, para mejorar ampliamente el nivel de vida. Este hallazgo es especialmente significativo ahora que la economía mundial empieza a recuperarse. Los responsables de políticas pueden hacer más para garantizar que el desarrollo económico responda a las circunstancias y sea más equitativo. Los líderes de los sectores público y privado no deberían confiar en que un crecimiento económico más rápido resuelva las tensiones sociales, como las que en los últimos años han sacudido el panorama político de numerosos países por parte de las generaciones más jóvenes.
Richard Samans, director ejecutivo del Foro Económico Mundial y director del Centro para la Agenda Global, afirmó: «Medir el desarrollo económico con el PIB es como juzgar la economía de un país por sus “ingresos brutos”; la mejora generalizada del nivel de vida y la sostenibilidad pueden considerarse, en cambio, medidas del desarrollo social basadas en los “beneficios”. Los responsables de políticas necesitan un nuevo sistema de medición centrado en estos últimos, que preste más atención a la estructura y las instituciones de las políticas económicas. Esto ayudaría a promover la prosperidad compartida y la igualdad de oportunidades, y garantizaría que las generaciones jóvenes y futuras disfruten de las mismas condiciones».
Acerca del Índice de Desarrollo Inclusivo
El Índice de Desarrollo Inclusivo forma parte de la iniciativa sistémica del Foro Económico Mundial «Dando forma al futuro del progreso económico», cuyo objetivo es promover un progreso económico sostenido e inclusivo mediante una mayor colaboración público-privada, orientación del pensamiento y análisis, diálogo estratégico y colaboración concreta, por ejemplo, aumentando el impacto social a través de la acción empresarial.
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