La producción y el tratamiento de desechos se ha alzado como uno los ejes principales del debate sobre medio ambiente junto con la emisión de gases contaminantes a la atmósfera. Especialmente en el caso del plástico, cada vez más personas y organizaciones tratan de buscar un modo sostenible de gestionar sus desechos.

En la actualidad, una de las posibilidades que tienen los países para deshacerse de su basura es exportarla a otros países, método que es criticado por asociaciones ecologistas cuando los residuos emitidos son dañinos para el medio ambiente o nocivos para la salud, especialmente si estos van a parar a economías en desarrollo. En los últimos años los Estados de la Unión Europea cada vez han recurrido más a esta vía para deshacerse de sus basuras. Mientras en el año 2001 estos países enviaron en total 6,3 millones de toneladas aproximadamente, en 2016 esta cifra fue superior a las 21,6 millones de toneladas, 3,4 veces más. Según datos de Eurostat, la Administración de los Países Bajos fue la que más desechos envió a otros territorios entre 2001 y 2016, con 34,4 millones de toneladas. De los países de la Unión, España se encontró en una posición intermedia en el ranking, con 837.846 toneladas en 2016.