Para los adultos, no hay tarea más difícil que cambiar nuestro comportamiento.
Para muchos de nosotros, cambiar es imposible porque somos tan optimistas (y tan ilusos) que intentamos cambiarlo todo a la vez. Pronto nos abruma la idea de convertirnos en el «nuevo yo» y, cuando no sucede tan rápido como quisiéramos, la gente no nota que hemos cambiado o surge algún obstáculo, nos rendimos.
Desanimados por nuestro fracaso, abrumados y abatidos, nos cuesta comprometernos de nuevo con el cambio. Así que nos volvemos expertos en inventar razones para evitarlo. Ponemos excusas. Racionalizamos. Albergamos creencias que desencadenan toda clase de negación y resistencia, y acabamos sin cambiar nada. Nunca. No logramos convertirnos en la persona que queremos ser.
Entonces, al ver nuestras debilidades frente al cambio de comportamiento, ¿qué hacemos?
La rueda del cambio
Desde hace muchos años utilizo «La rueda del cambio» para ayudar a mis clientes a decidir qué cambiar y dónde poner sus esfuerzos. He guiado a equipos, organizaciones, amigos y colegas por este proceso, e incluso lo he utilizado yo mismo. Es una de las herramientas más útiles para el cambio de comportamiento que he encontrado.
La rueda del cambio ilustra la interacción de dos dimensiones que debemos resolver antes de poder convertirnos en la persona que queremos ser.

El eje de lo positivo a lo negativo sigue los elementos que nos ayudan o nos frenan. El eje de cambiar o conservar sigue los elementos que decidimos cambiar o conservar en el futuro. Así, al emprender cualquier cambio de comportamiento, tenemos cuatro opciones: cambiar o conservar los elementos positivos, o cambiar o conservar los negativos.
He aquí una breve descripción de cada una de estas opciones.
Crear representa los elementos positivos que queremos crear para nuestro futuro. Crear es el brillante emblema del cambio de comportamiento. Cuando nos imaginamos comportándonos mejor, pensamos en ello como un emocionante proceso de reinventarnos. Estamos creando un «nuevo yo». Resulta atractivo y seductor. Podemos ser quien queramos. El reto es hacerlo por elección propia, no como espectadores. ¿Nos estamos creando a nosotros mismos o desperdiciamos la oportunidad y dejamos que nos creen fuerzas externas?
Conservar representa los elementos positivos que queremos mantener en el futuro. Conservar parece algo pasivo y prosaico, pero es una elección real. Exige examinar nuestra alma para averiguar qué nos beneficia y tener la disciplina de no abandonarlo por algo nuevo y reluciente que no necesariamente sea mejor. No practicamos lo suficiente el conservar.
Eliminar representa los elementos negativos que queremos eliminar en el futuro. Eliminar es nuestra acción más liberadora y terapéutica, pero la emprendemos a regañadientes. Como cuando limpiamos un ático o un garaje, nunca sabemos si nos arrepentiremos de desprendernos de una parte de nosotros. Quizá la necesitemos en el futuro. Quizá sea el secreto de nuestro éxito. Quizá nos guste demasiado.
Aceptar representa los elementos negativos que debemos aceptar en el futuro. La mayoría tendemos a comprometernos con los otros tres cuatro elementos de la rueda del cambio con más entusiasmo: crear es innovador y emocionante; conservar tiene sentido cuando nos centramos en no perder de vista lo bueno que hay en nosotros; eliminar apela al instinto de «todo o nada» de nuestra naturaleza cuando nos comprometemos a dejar de hacer cosas que ya no nos sirven; pero aceptar es una píldora más difícil de tragar. La aceptación es un elemento extraño en el proceso de cambio: se siente como admitir la derrota y muchos la equiparan con la sumisión. La aceptación es increíblemente valiosa cuando no tenemos poder para cambiar las cosas. Sin embargo, nuestra incapacidad para lograr resultados es precisamente lo que más nos cuesta aceptar. Esta verdad desencadena nuestros mejores momentos de comportamiento contraproducente.
Estas son las opciones. Algunas son más dinámicas, atractivas y divertidas que otras, pero todas tienen la misma importancia. Y tres de ellas requieren más trabajo del que imaginamos.
Y esa es la sencilla belleza de la rueda. Cuando nos planteamos sin rodeos qué podemos cambiar y qué no, qué perder y qué conservar, a menudo nos sorprendemos por la audaz sencillez de nuestras respuestas y, así, podemos dar pasos importantes y reales para convertirnos en la persona que de verdad queremos ser.
Este artículo se publica en colaboración con LinkedIn. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autor: Marshall Goldsmith es un coach estadounidense de liderazgo y autor de obras sobre gestión.
Imagen: El equilibrista Nik Wallenda avanza por un cable de 1.200 pies de longitud (366 metros) durante una sesión de práctica en Sarasota, Florida. REUTERS/Steve Nesius

