Salud mental

Por qué las videollamadas consumen más energía que hablar cara a cara

Miembros de la familia hablan con sus parientes en una videollamada usando sus dispositivos electrónicos, durante el brote de la enfermedad coronavirus (COVID-19) en Cisternino, al sur de Italia, el 13 de abril de 2020.

Miembros de la familia hablan con sus parientes en una videollamada usando sus dispositivos electrónicos, durante el brote de la enfermedad coronavirus (COVID-19) en Cisternino, al sur de Italia, el 13 de abril de 2020. Image: REUTERS/Alessandro Garofalo - RC2Q3G9AOOOR

Irene Sierra
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Al igual que el primer fin de semana del estado de alarma acogimos con los brazos abiertos los conciertos y las clases de yoga, las videollamadas grupales también nos parecían la mejor opción. Casi seis semanas más tarde y después de haber incrementado el número de descargas de apps de videollamadas, Whatsapp aumenta la capacidad de las suyas a un máximo de ocho. ¿Problema? Cada vez estamos más cansados porque exigen mayor esfuerzo mental que el contacto cara a cara.

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Incremento

Según un estudio realizado por Hootsuite que revela parte de los hábitos que hemos adquirido esta cuarentena, las llamadas de Facebook han aumentado un 70% y las notas de voz y las videollamadas de Whatsapp lo han hecho un 100% en el último mes. Esta tendencia se confirma al chequear las cifras de descarga de las aplicaciones de videoconferencia, las cuales han crecido un 90% respecto a la misma época del año pasado y, del 16 al 21 de marzo, lo hicieron un 42%.

Obligación

Como el confinamiento inhibe el contacto social con todas aquellas personas que no viven bajo nuestro mismo techo, en cierto modo, nos sentimos obligados a mantener la comunicación a través de este tipo de vías, según apunta en este artículo de la BBC

Gianpiero Petriglieri, psicólogo especializado en comportamiento humano. A su juicio, "estamos agotados de la videollamadas" entre otras cosas porque "nos recuerdan que deberíamos estar juntos y no lo estamos" y porque, en ocasiones, interrumpen un momento familiar o personal.

¿Por qué?

Otra de las razones por las que las videollamadas nos están agotando es debido a que, efectivamente, nos exigen más esfuerzo mental. Según Petriglieri, mantener una conversación a través de un chat de vídeo requiere más trabajo porque detectar el lenguaje no verbal es más complicado que cuando estamos físicamente frente a otra persona. "Consume más energía prestar más atención a los gestos, el tono de voz o las expresiones" que utiliza el interlocutor.

Muchos roles, un solo espacio

La teoría de la autocomplejidad es un modelo teórico que se detiene a explicar y analizar la diversidad de roles que nos definen como seres humanos. Es decir, somos profesionales, especialistas en plantas, hijos, hermanos y amigos de otras personas. En un contexto ajeno al Covid, desempeñamos cada uno de estos papeles en diferentes lugares físicos (en casa la familiar, la oficina, o los bares) y los repartimos en el tiempo.

Ahora, confinados en nuestras casas, las videollamadas con personas de cada uno de esos contextos nos "exigen" colocarnos en distintos roles, a pesar de estar todo el tiempo en el mismo lugar: nuestra casa. Y eso, según esta teoría, nos vuelve más vulnerables a los sentimientos negativos.

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Silencios e interrupciones

Un estudio elaborado en 2014 por un grupo de investigadores alemanes demostró que los problemas en el audio de las videollamadas o la congelación del sonido por encima de 1,2 segundos, hacía que las personas que lo percibían se quedasen con una imagen menos amigable del interlocutor.

Si a los contratiempos derivados de la mala conexión le sumamos la aparición de fenómenos como el zoombing, quizás la prórroga del confinamiento nos lleve a revalorizar las cartas a mano y el uso de palomas mensajeras. A través de ese canal de comunicación, no suele haber problemas de audio.

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