Cuando dos hombres llegaron a la casa familiar de Freeh Abu T’ema en Abasan Alkabeerah, un pueblo situado en el sur de la Franja de Gaza, no sabía que su vida, así como la de su hija, cambiarían para siempre.

“Se acercaba la boda de mi hija de 16 años”, recuerda Abu T’ema. La futura novia era su tercera hija, de cinco que tiene, todas de edades comprendidas entre 8 y 24 años. Ella ya estaba haciéndose a la idea de abandonar la escuela, ya que el que iba a ser su esposo no quería que prosiguiese sus estudios.

“Yo sabía que era demasiado joven para casarse y que todavía no había terminado la escuela, pero no pude rechazar una propuesta de matrimonio de uno de los hijos de mi primo, así que le dije que sí”, afirma Abu T’ema.

Los visitantes eran Mossa Abu Taema y Wael Abu Ismael, que acudieron a la casa de Abu T’ema para intentar detener el matrimonio de su hija. Abasan Alkabeerah es uno de los pueblos más conservadores de la zona oriental de Jan Yunis, una ciudad fronteriza en la Franja de Gaza, Palestina. Los matrimonios precoces e infantiles son habituales en esa zona. Según el censo de 2017 de la Oficina Central de Estadísticas de Palestina, hubo niñas menores de 18 años de edad en el 21 por ciento de los matrimonios registrados en 2017 en la Franja de Gaza. Sin embargo, los dos hombres, también de Jan Yunis, creen que el matrimonio no puede ser consensuado hasta que ambas partes tengan por lo menos 18 años de edad. Estos hombres habían recibido capacitación impartida por una organización comunitaria, la Future Brilliant Society, en Jan Yunis, como parte del Programa Regional de ONU Mujeres, Hombres y Mujeres por la Igualdad de Género, financiado por el Gobierno de Suecia. El programa se centra en la participación de hombres y niños como agentes del cambio para promover la igualdad de género. Esta capacitación los prepara para convertirse en “embajadores del cambio” y hacer frente a la tradición del matrimonio precoz.

Estos dos activistas presentaron a Abu T’ema hechos sobre los efectos del matrimonio precoz, incluidas las posibles consecuencias negativas sobre la salud física y mental de su hija, así como la mayor cifra de divorcios —demostrada estadísticamente— en los matrimonios precoces frente a la de los matrimonios entre cónyuges de más de 18 años. Abu T’ema escuchó atentamente y, al final de la conversación, estaba convencido. Canceló la boda y su hija regresó a la escuela al día siguiente.

El Sr. Wael Abu Ismael (izquierda), el Sr. Freeh Abu T’ema (centro) y el Dr. Mossa Abu Taema (derecha), embajadores del cambio para poner fin al matrimonio precoz en Jan Yunis. Fotografía: ONU Mujeres/Eunjin Jeong

Para Mossa Abu Taema, médico de profesión, el matrimonio infantil no puede ser consensuado. “Como médico, no puedo soportar los efectos negativos que el matrimonio precoz causa en la salud de una niña”, afirmó. “También está la cuestión ética: ¿cómo puedes pedir a una niña de 13 años que se case?”.

Wael Abu Ismael ha pasado la mayor parte de su vida adulta en Libia, donde las mujeres se suelen casar cuando tienen poco más de 20 años, después de terminar la universidad. Cuando regresó a su ciudad natal de Jan Yunis, se sorprendió al ver a niñas menores de edad obligadas a casarse a una edad temprana.

“Muchos padres de Jan Yunis no tienen trabajo, por lo que tienden a casar a sus hijas a una edad temprana para reducir el número de bocas que alimentar”, explica Abu Ismael. “Sin embargo, en lugar de reducir la carga, los matrimonios a edad temprana suelen tener el efecto contrario. Si hay problemas en el matrimonio, a menudo se pide a la madre y al padre de la niña que asuman la responsabilidad”.

Aunque los hombres que fueron seleccionados para convertirse en embajadores del cambio ya tenían valores progresistas, “los seis días de intensa capacitación en oratoria, habilidades [de negociación] y diversos métodos para influir en los demás les ayudaron a transformar sus creencias y emprender acciones para poner fin al matrimonio precoz. [Los miembros de la comunidad] comenzaron a prestar atención y también empezó a cambiar su actitud”, afirma el Sr. Haitham Abu Teir, coordinador de la organización comunitaria.

Los embajadores han impedido la celebración de matrimonios precoces en 50 familias, cifra que sigue aumentando. “Ahora hay beneficiarios que han cambiado de opinión y que también se han convertido en embajadores, como Abu T’ema”, afirma Abu Teir. El grupo inicial de 20 defensores se ha ampliado a más de 30 hombres en la zona oriental de Jan Yunis, quienes están decididos a impedir los matrimonios precoces.

El Sr. Abdel Naser Abu Te’ema, el muktar (izquierda), y el Sr. Wael Abu Ismael hablando sobre la decisión del muktar de no aprobar matrimonios para niños y niñas menores de 18 años. Fotografía: ONU Mujeres/Eunjin Jeong

Cuando el movimiento comenzó a crecer, los defensores sabían que necesitarían el apoyo de líderes de la comunidad para mantener el impulso y crear cambios duraderos. Así pues, pidieron al muktar —el cargo electo más respetado de la comunidad de Jan Yunis—, Abdel Naser Abu Te’ema, que se implicara en el movimiento. El muktar tiene poder de decisión en asuntos comunitarios, tales como la aprobación de contratos de matrimonio.

Anteriormente, Abu Te’ema aprobaba matrimonios precoces si así era el deseo de la familia, ya que consideraba el matrimonio como un asunto familiar privado. Sin embargo, tras dos visitas a domicilio facilitadas por los embajadores del cambio, Abu Te’ema comprendió los efectos negativos que tiene el matrimonio precoz sobre la salud y hasta qué punto los elevados índices de divorcio suponen una carga para la comunidad.

Sello del muktar Abu Te’ema, necesario para tramitar el contrato de matrimonio de todas las parejas de su comunidad a fin de obtener el certificado de matrimonio oficial del juzgado. Las parejas obtienen el sello del muktar si este aprueba el matrimonio. Fotografía: ONU Mujeres/Eunjin Jeong

“Las visitas a domicilio fueron muy efectivas”, afirma Abu Te’ema. “Entendí que esta tradición no debe continuar por el bien de nuestra comunidad. Desde entonces, no he aprobado ningún matrimonio para menores de 18 años”.

Asimismo, Abu Te’ema ha persuadido a otros diez muktars de la zona oriental de Jan Yunis —con una población total de 30.000 habitantes— a rechazar cualquier contrato de matrimonio hasta que ambas partes tengan por lo menos 18 años de edad.

“Trabajar con hombres de las comunidades seleccionadas para que se conviertan en agentes del cambio ha sido un gran éxito, especialmente porque han participado hombres influyentes y respetados para que expliquen a otros hombres de sus propias comunidades —con el respaldo de hechos y pruebas— las devastadoras consecuencias del matrimonio infantil”, afirma Hadeel Abdo, coordinadora de proyectos del Programa Regional de ONU Mujeres, Hombres y Mujeres por la Igualdad de Género. “Se eligió la cuestión del matrimonio infantil puesto que priva a las niñas de sus derechos fundamentales a la salud y a la oportunidad de realizarse plenamente, reforzando la pobreza y la injusticia, así como el círculo vicioso de la violencia”. Si bien ha habido logros sustanciales, la batalla está lejos de haber terminado. “Todavía nos enfrentamos a muchas dificultades. Por ejemplo, hay quien nos acusa de importar ‘ideas occidentales’ en la comunidad”, afirma Abu Taema. “En una ocasión, el padre de una niña de 16 años tres veces divorciada y con dos hijos, nos cerró la puerta y se negó a escucharnos”.

“Sin embargo, los éxitos obtenidos hasta ahora y los nuevos embajadores que se han unido a la causa para hacer de nuestra comunidad un lugar mejor para todas las personas nos animan a trabajar hasta que no haya ningún matrimonio precoz en la zona oriental de Jan Yunis y en toda la Franja de Gaza. Creemos que esto es posible”.