Charlamos con la periodista Gloria Lomana, quien se pone al frente de la I Jornada sobre Mujeres y Liderazgo que tendrá lugar en Madrid el próximo 24 de septiembre.

Siempre supo, casi desde pequeña, que quería ser una mujer independiente y que quería conocer y contar historias que inspiraran a los demás. Por eso Gloria Lomana se convirtió en periodista. Tras una dilatada carrera profesional en la que llegó a ser directora de Informativos de Antena 3 durante 13 años, quiere compartir su experiencia personal y la de otras mujeres y hombres inspiradores en la I Jornada sobre Mujeres y Liderazgo que tendrá lugar el 24 de septiembre en Madrid (Auditorios de CEOE).

¿Cuál es el objetivo de esta jornada?
Visibilizar el potencial de las mujeres. Mujeres líderes e inspiradoras hay muchas pero no siempre tienen la visibilidad que debieran. Queremos inspirar a mujeres (y a hombres) para que encuentren referentes y modelos de liderazgo en esta jornada. En ella podrán conocer de primera mano casos de éxito y realización profesional y personal y las claves sobre cómo se han conseguido, mantenido y cómo se pueden incrementar. Los liderazgos del siglo XXI tienen unas características diferentes a lo que hemos conocido y ahí las mujeres tenemos mucho que decir.

¿Por qué la mujer es menos visible?
Por la educación que hemos recibido estamos hechas para soportar más y ser más discretas. Eso hace que incluso nos percibamos con menos capacidades y seguridad que ellos y que reclamemos menos promociones, sueldos y menos posiciones de liderazgo. No porque no estemos sino porque no se nos ve. La mayoría de los jefes se fija en perfiles semejantes a ellos a la hora de promocionar y eso descarta a muchas mujeres. Además, nosotras no reivindicamos en la misma medida que los hombres, y ellos a veces lo hacen sin cumplir con las expectativas o los objetivos de la empresa. Eso es lo que está cambiando.

¿Se juzga a la mujer con más severidad?
Yo me he sentido cuestionada. Durante mucho tiempo. No solo en un puesto de dirección sino en muchos aspectos de la vida. Las mujeres tenemos que justificar cualquier cosa que hacemos, y lo vemos en los juicios sociales que cuestionan por qué una mujer salía, cómo iba vestida o qué actitud tenía… A un hombre no le preguntan según qué tipo de cosas y es ahí donde tenemos que coger el pulso.

¿Qué significa el liderazgo?
Es la capacidad de entusiasmar a los equipos, fijarse objetivos y trabajar por ellos con ilusión, superar metas, encontrar en el fracaso la oportunidad de crecer y de superarte. Liderar significa trabajar con una mezcla de técnica y emociones. Significa encontrar oportunidades en los cambios y tener una mentalidad flexible.

Se ha estigmatizado a las mujeres en el mundo laboral por considerarlas más emocionales. ¿Por qué cree que las emociones pueden ser algo positivo en el liderazgo?
Son una oportunidad total. Antes, las emociones en todos los estereotipos de género eran consideradas el flanco más débil de las mujeres. Ahora las grandes compañías están descubriendo que necesitan la mirada de las mujeres porque éstas aportan una gestión de emociones más serena y equilibrada. Lo que antes se consideraba debilidad, ese punto emocional, las mujeres lo estamos convirtiendo en fortaleza.

¿Qué otras cualidades tradicionalmente ‘femeninas’ están demandando las empresas?
Recuerdo una entrevista que hice a Sara Harmon, la ex directora general de LinkedIn Iberia, en la que afirmaba que las empresas están buscando esa otra mirada que ofrecen las mujeres y que, de hecho, hay preocupación en Silicon Valley porque casi todos los que están al mando en empresas tecnológicas son hombres. Ahora se demanda esa capacidad de comunicación, de mayor intuición, una mirada más pausada, con empatía (no tan brabucona ni agresiva) y una mayor flexibilidad. Todas estas habilidades forman parte del liderazgo esencial y se ha descubierto que no puede ser vertical como lo ha sido hasta ahora. Ahora los equipos son más reducidos, se comunican entre ellos, se escuchan, son horizontales. Quien tenga la inteligencia de incorporar todo el talento, con diversidad y sin exclusión, conseguirá mejores resultados y equipos más felices.

¿Cómo se pueden incorporar estas medidas?
Los empleados perciben de manera automática si son tenidos en cuenta y si forman parte de la compañía o no, si la diversidad es real, si la cultura inclusiva es de verdad o solamente de escaparate. Fomentar esta cultura inclusiva es garantizar medidas reales para que tanto hombres como mujeres puedan conciliar. Las bajas de maternidad y paternidad igualitarias no son para favorecer a nadie, sino para exigir que ambos se impliquen en la misma medida en el camino de la igualdad. Lo mismo que en las promociones. Las mujeres tienen que ser vistas, oídas y tener las mimas oportunidades en las ternas de promoción. Y hay que afear a las empresas que no lo cumplan. De hecho, no veo viables en diez años a las firmas que no hayan transitado por este camino, porque reputacionalmente estarán muy dañadas.

¿Qué es para usted el feminismo?
Es una manera de vivir, de sentir, de respirar en igualdad. Es una cosa muy sencilla. Yo recomiendo, primero, que se lean el diccionario para no asustarse y ver que la definición es todavía más sencilla que la que acabo de hacer. Y segundo, que lo planteen al contrario. Si no eres feminista, ¿qué quieres decir? ¿Que no quieres la igualdad entre mujeres y hombres? Pues atente al resultado de esa lectura. Es conmovedor, absolutamente injusto e inaceptable. Hay gente que ya es imposible de reconducir y por eso, a los supramachistas recalcitrantes que quedan, hay que afearles, humillarles y seguir nuestro camino.

Ha sido pionera en muchos aspectos. ¿De qué logro se siente más orgullosa?
De haber defendido siempre mi independencia. Como persona y como profesional. Y como mujer me siento orgullosa de que nunca he dejado de trabajar. Parece una tontería pero no lo es. Se lo digo a las chicas que conozco, jamás dejéis de trabajar porque es la garantía de vuestra independencia.