Éxodo de empresas hacia Amsterdam, Frankfurt, Dublín, París y Luxemburgo.

No hay duda de que el Brexit es un mal negocio en el que todos pierden, más aún si acaba produciéndose por las malas, con una salida áspera que suponga un corte brusco en la relación de más de cuatro décadas del Reino Unido con la Unión Europea. Es un terreno inexplorado de impacto enorme para los británicos, y también considerable para el resto de los europeos. Pero, en medio de tanto perdedor, los efectos colaterales del Brexit también auparán a algunos ganadores, en concreto, a varias ciudades que aspiran a sacar partido de la marcha de Londres del club europeo.

“Estoy muy triste por el Brexit, pero estoy feliz por cómo van las cosas para Amsterdam”, declaró a principios de año Udo Kock, el teniente de alcalde de la ciudad holandesa, mientras sumaba el número creciente de empresas con base en el Reino Unido que estaban trasladándose a su municipio. Reflexión que concluyó con una frase de tono publicitario: “Es una ciudad tan bonita para vivir. ¿Quién no querría vivir en Ámsterdam unos pocos años?”.

Y, ciertamente, aunque el primer ministro holandés, Mark Rutte, haya dicho que no ve el Brexit como una oportunidad de negocio, Amsterdam es de las ciudades que sacará provecho de la huida de empresas de Londres provocada por el Brexit y aún difícil de cuantificar. Otra de las beneficiadas, Frankfurt, lanzó una curiosa campaña para quitarse de encima los estereotipos de ciudad provinciana y con pocos atractivos. Para convencer a los banqueros británicos que no están familiarizados con la ciudad, el lobby financiero de Frankfurt promovió exhibió el slogan “Enamórate de Frankfurt”, que se acompañaba de un forzado “Encantado de conocerte. Mi nombre es Furt, Frank Furt”.

Amsterdam y Frankfurt forman parte del repóker de ciudades que están sacando partido del impacto que tendrá el Brexit sobre un Londres que seguirá siendo un gran centro financiero, pero que está experimentado fugas de empresas que temen el impacto de la salida de la UE. A las dos ciudades se les suman también París, Dublín y Luxemburgo.

Las nuevas delegaciones

Se abren con el personal mínimo y aún no han empezado a trasladar clientes

A finales de agosto, la Agencia Holandesa de Inversión Extranjera (NFIA) anunció que 100 empresas con base en Londres se habían traslado a su país y que 325 lo estaban considerando. Un poco antes, en marzo, un estudio del think-tank New Financial, identificó a 275 compañías que estaban trasladando su negocio, moviendo a su personal, o estableciendo filiales en la Unión Europea. En el ranking, el ganador era Dublín, que se llevaba un centenar de empresas, seguida por Luxemburgo, París, Frankfurt y Ámsterdam. El estudio advertía que estas cifras se incrementarían significativamente en el futuro inmediato, y los datos disponibles hasta el momento lo confirman.

“La mayoría de las compañías están instalando filiales en la Unión Europea en Frankfurt, Dublín y Ámsterdam. Esta última ciudad es especialmente popular entre los operadores de mercados financieros, y Dublín entre los bancos –cuenta a La Vanguardia, Simon Gleeson, de la firma de abogados Clifford Chance–. Las dos ofrecen acceso fácil a Londres y una amplia reserva de personal de habla inglesa. El principal argumento a favor de Frankfurt es su proximidad con el BCE”.

Además, Dublín exhibe dos ventajas adicionales, como impuestos reducidos y regulación laxa, que le añaden atractivo. En este terreno Frankfurt no puede competir, ni tampoco en el uso del inglés como lengua habitual, pero en cambio, además de la cercanía del BCE, ofrece la mayor economía de Europa, aunque no pase por su mejor momento, y un sector industrial potente.

Traslado especializado

Los operadores financieros van a Amsterdam y Dublín, los bancos a Frankfurt

Según el análisis de Simon Gleeson, las compañías están en la fase previa de traslado a las nuevas sedes, han obtenido autorizaciones y instalado un mínimo de personal, pero aún no han empezado a mover el negocio de los clientes. “Ello se debe a que los clientes en general rechazan cambiar su negocio hasta el último momento posible. Entre las compañías hay un nerviosismo considerable sobre si encontrarán suficiente talento local en estos centros una vez el negocio empiece a crecer”.

El argumento coincide con los informes de New Financial, que considera que, por el momento, y hasta que puedan mantenerlo, las empresas intentan desplazar tan pocos empleados como sea posible, pero a partir de un determinado momento este número crecerá considerablemente.

Entre los traslados que ya se están realizando se percibe una especialización basada en los sectores de actividad. Dublín es el destino preferido de los gestores de activos, mientras que los bancos prefieren Frankfurt, y las plataformas comerciales y los corredores de bolsa tienden hacia Amsterdam.

La migración de las compañías financieras puede tener un impacto considerable en estas ciudades y sus infraestructuras, que saldrán relativamente ganadoras con el Brexit. Dublín puede sumar unas empresas y unos empleos, pero el impacto del Brexit para Irlanda promete ser duro, no sólo económico sino con riesgo además de desestabilización en la frontera. En Holanda, su puerto de Rotterdam, es de los candidatos a pagar un precio alto por el Brexit. Algunos expertos relativizan las ventajas. “Obtener la transferencia de unos centenares de puestos de trabajo no es una gran ganancia, y los ministros del Tesoro están inquietos al tener que adquirir responsabilidades regulatoria y fiscal.No tenemos la impresión de que ningún país o ciudad esté actuando agresivamente para atraer compañías financieras”, advierte Simon.

La doble derrota de Barcelona

Por dos veces intentó Barcelona conseguir la sede de la Agencia Europea del Medicamento, y en las dos salió derrotada. En cada ocasión, había fuerzas políticas dirigiendo distinto la ciudad y el país, y un clima político radicalmente distinto, pero el resultado fue el mismo. Nunca lo consiguió y es difícil de imaginar que se presente una tercera oportunidad.

Fue el Brexit el que propició una nueva carrera para hacerse con esta agencia que en 1993 la Unión Europea otorgó a Londres, donde se instaló desde su creación, dos años más tarde, en 1995. Encargada de proteger a la salud de personas y animales, tiene que evaluar y aprobar todos los medicamentos antes de que puedan distribuir en el territorio de la UE; y para llevarlo a cabo suma 900 empleados, la mayoría de alta calificación profesional, lo que la convierte en objeto de deseo para muchas ciudades y países.

Hace 26 años, el trío González-Pujol-Maragall no sumó suficientes apoyos frente a un John Major que jugó a fondo y con éxito la carta de Londres. Aunque en aquel momento, Barcelona salía de la celebración de los Juegos Olímpicos, y parecía tener el viento a favor, ganar a uno de los grandes, como Londres, es siempre difícil. España optaba a dos agencias de primer nivel, la de Medicamentos para Barcelona y la de Medio Ambiente para Madrid, que se fue finalmente a Copenhague; pero se tuvo que conformar con dos premios muy de consolación: la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo, que se fue a Bilbao, y la Oficina de Propiedad Intelectual, a Alicante.

La Agencia del Medicamento se instaló en Londres y allí se quedó hasta que ocurrió lo inimaginable, la decisión del Reino Unido de abandonar la Unión Europea. Una de sus consecuencias fue la de buscar nueva sede para las dos agencias de la UE allí instaladas. La decisión se tomó en noviembre de 2017 en una votación del Consejo de Asuntos Generales de la UE. La Agencia del Medicamento para Amsterdam, y, la Autoridad Bancaria Europea, a París.

Aquel día, Barcelona fue eliminada en la primera ronda de votaciones, dejando para la ronda final a Amsterdam, Milán y Copenhague. Barcelona, junto con el peso de su sector farmacéutico, había ofrecido la icónica Torre Agbar como edificio singular y céntrico que acogería las oficinas. Las buenas conexiones aéreas, las escuelas internacionales de la ciudad y la excelente disposición de la plantilla de la agencia para trasladarse a Barcelona reflejada en encuestas internas, eran elementos a favor. Técnicamente, contaba con argumentos sólidos, pero en contra tenía las tensiones políticas a raíz del procés que lastraron definitivamente sus opciones. Además, tampoco hay que olvidar las cualidades y el excelente potencial que ofrecía la ciudad que sería finalmente la elegida, Ámsterdam.

Al conocerse la decisión, se produjo un cruce de acusaciones entre los independentistas catalanes y el gobierno español. “No han remado en la misma dirección”, dijo la entonces ministra de Sanidad y actual eurodiputada, Dolors Montserrat, señalando al independentismo como gran responsable. En cambio, Carles Puigdemont dijo que “hasta el 1 de octubre, Barcelona era la favorita…Con la violencia, el retroceso democrático i el 155, el Estado la ha sentenciado”.