Puede ser más peligroso estar 30 minutos expuesto al sol que dormir con el móvil encendido.

Alberto Nájera es físico y Doctor en Neurociencias por la Universidad de Salamanca. Profesor del área de Radiología y Medicina Física del Departamento de Ciencias Médicas de la Universidad de Castilla-La Mancha y Coordinador de la Unidad de Cultura Científica y de la Innovación de esta universidad. Estos días se produjeron diversas polémicas, entre ellas las del programa de Susana Griso, hablando de “ondas nocivas” de los electrodomésticos. Y siempre parece que hay un “experto” que sabe de todo y usa argumentos que parecen convincentes… llegan de forma masiva al público, y luego, sin embargo, no pasan los filtros mínimos de la lógica y la prueba científica, que es el instrumento más poderoso construido por el hombre para huir de los bulos, las falsas ideas y lograr evolucionar como sociedad. Hablamos con Alberto Nájera sobre su especialización y las consecuencias este tipo de comportamientos pueden generar.

- Alberto, como persona de ciencia, ¿cómo ves esto de las fake news que ya son una tendencia mundial?

No me gusta el término “fake new” prefiero llamarlo “noticia falsa” o, directamente, “mentira”. En el caso de las radiaciones y los supuestos peligros a los que nos enfrentamos, no se trataría de una noticia falsa sino de toda una historia y un conjunto de informaciones imprecisas, manipuladas o, directamente, mentira.

a.- ¿existen pruebas contrastadas respecto a si los teléfonos móviles, las antenas, el wifi o los microondas producen cáncer?

Las evidencias epidemiológicas indican que, a los niveles habituales, no existe relación (entre móviles, antenas, wifi o microondas y el cáncer). Si existiera, estaríamos viviendo la mayor epidemia mundial.

Además, hablar de “cáncer”, en general, es demasiado generalizar. En laboratorio, dos estudios relativamente recientes, muy serios, han encontrado cierta probabilidad con un tipo de cáncer en corazón en ratas macho, pero ciertas incertidumbres de los resultados impiden concluir que haya una relación causal.

b.- ¿en qué se basan los medios o los pseudo-científicos para decir esas cosas y, en cierto modo alarmar a la sociedad?

Me temo que en el primer caso es consecuencia del uso de información no científica, no contrastada y, que es debida a una falta grande de Cultura Científica. Deberían ser rigurosos y atender, exclusivamente, a artículos científicos publicados en revistas y a expertos reconocidos con experiencia en el tema. Además, deberían tener una mínima formación científica para saber qué publicación tiene más fortaleza o cual menos, antes de alarmar.

En el segundo caso veo dos opciones:

Primero, el pseudocientífico es un falso científico. Alguien que, sin formación científica, transmite pseudociencia, forzando el lenguaje para dar a la mentira el aspecto de verdad, con lenguaje pseudocientífico. El segundo sería un científico que manipula la información con algún interés.

De este segundo caso, en el campo de las radiaciones de móviles tenemos dos casos que obviaré nombrar pero que o bien tienen intereses en promover el miedo o bien, simplemente, hace tiempo que olvidaron qué es la Ciencia, si es que alguna vez lo supieron.

Aquí podríamos hablar de la responsabilidad del científico de divulgar la Ciencia pero, como sería de esperar, de forma cercana a la ciudadanía y con rigor.

c.- Por ejemplo, ¿se han hecho estudios respecto a si este tipo de tecnologías pueden aumentar los glioblastomas y otro tipo de enfermedades?

Existen varios estudios de un mismo autor sobre este asunto, pero que no han sido replicados en los últimos 10 años por ningún otro equipo investigador. En algún caso, los datos contenían errores importantes. No obstante, esos estudios con una evidencia débil son citados con mucha frecuencia y sin destacar esas limitaciones y, al final, el miedo cala en la población. Deberían ser más cuidadosos antes de alarmar sin pruebas concluyentes. Pasan los años y seguimos esperando confirmación independiente de aquellos hallazgos.

- En tu blog Radiandando lo has explicado, pero me gustaría que lo pudieras detallar un poco más: ¿En qué consistió y qué consistencia tiene ese estudio en ratas del año 2018 que tras recibir radiación desarrollaron un raro tumor cardiaco?

Fueron dos estudios desarrollados por dos organismos muy serios. El tamaño de las muestras fue grande y el diseño experimental parece correcto. El problema es el hallazgo en sí. Primero, seguimos sin un mecanismo biofísico que explique la relación causa-efecto. Y el segundo es que el hallazgo sólo en ratas macho limita mucho poder apoyar esa posible relación causal. Además, se trata de un raro tipo de cáncer en humanos.

- Amplíenos, por favor, el concepto de «falacia de autoridad»

Cuando argumentamos en una discusión —discusión no como una disputa o riña sino en términos científicos— más bien un debate o un análisis de las evidencias, se debe ser, también, muy riguroso. Cada argumento, cuestión o hipótesis debe sustentarse en evidencias coherentes.

En un debate, fuera del ambiente científico, es muy frecuente el uso de lo que conocemos como “falacias lógicas” que permiten manipular el mensaje para intentar tener razón sin motivo que lo justifique.

Una de ellas es la conocida como “falacia de autoridad” o ad verecundiam que consiste en no explicar el argumento sino remitirse a una supuesta autoridad, alguien que supuestamente es una autoridad en la materia, para justificar su argumentación.

No es la única, existen otras y es preciso conocerlas en un debate para evitar que, a falta de argumentos, ataquen a la persona (falacia ad hominem) o manipular o ridiculizar los argumentos del contrincante (falacia del hombre de paja).

En estos temas controvertidos y, en el caso de las radiaciones, ciertamente complejos, el uso de falacias para justificar ciertas creencias que no se sustentan en evidencias científicas, es demasiado frecuente.

- Las redes sociales se están convirtiendo en herramientas de acceso masivo a la información (generalmente no contrastada, y menos científica) sobre muchos ámbitos en los que investigas. Pero parece que las creencias «venden» más que los hechos… ¿por qué está tan polarizado el debate y, por qué crees que profesionales como tú tenéis tantos “haters” en redes?

El Internet 2.0 permitió que cualquiera pudiera generar contenido. Las redes sociales son el mejor exponente de ese cambio de Internet en el que pasamos de espectadores a creadores. Un móvil y una conexión y ya eres experto o influencer capaz de llegar a millones de personas, potencialmente a unos 3000 millones en el mundo.

Cualquiera puede comunicar información. No hay control, no hay contraste y prima la velocidad por ser el primero, o ser el más alarmante o estrafalario para conseguir más impactos. Así que el objetivo es generar impactos y en este sentido las técnicas de clickbait y las fake news, de las que hablábamos antes, son la principal herramienta. El objetivo no es generar o transmitir conocimiento sino generar tráfico en mi perfil o blog.

En este nuevo ecosistema, la pseudociencia de la mano de charlatanes y vulgares estafadores han encontrado el caldo de cultivo perfecto a llegar a millones de incautos. Un mensaje poco elaborado, pero con alto contenido de términos pseudocientíficos y convencerás a cualquiera de cualquier cosa. Además, tenemos las herramientas para que todo parezca muy profesional con el mínimo coste y dedicación. Todo lo contrario, a lo que significa hacer Ciencia.

Por tanto, si tienes tu audiencia y vendes tus productos, aquí no hay interés científico, hay interés económico y da igual lo que diga la Ciencia si ese mensaje contradice sus argumentos para seguir vendiendo productos inservibles e innecesarios.

Desde hace años investigo en este campo de las radiaciones y me he limitado a trasladar a la sociedad, con un lenguaje sencillo, los hallazgos de nuestras investigaciones y las de otros colegas. Además, con una diferencia clara con respecto a los vulgares estafadores, y es que yo no tengo conflicto de intereses.

Yo no cobro de las empresas de telefonía como me han llegado a decir, cobro mi sueldo de profesor e investigador y leo los estudios científicos más relevantes que se van publicando. Me limito a transmitir esa información que en el seno de las dos principales Sociedades Científicas (EBEA y BEMS) se comparte.

No vale un artículo aislado, debemos analizarlos todos y para ello los científicos recurrimos a las revisiones sistemáticas y a los meta-análisis que son estudios de estudios.

Si escuchas eso de “un estudio científico demuestra que” y no “una revisión sistemática demuestra que” es porque no interesa lo segundo que, sin duda, será más relevante.

Si vengo a fastidiarles el negocio, con el que se aprovechan de los incautos y del dolor de la gente, normal que me odien.

- ¿Cómo cataloga la OMS a las radiaciones electromagnéticas con respecto a su posible potencia carcinogénico?

La OMS tiene una Agencia encargada de analizar las evidencias científicas existentes y catalogar los posibles agentes potencialmente carcinogénicos. A medida que la evidencia es más fuerte, la clasificación es más contundente.

Así, actualmente la radiación de los móviles (no la de las antenas) está en el grupo 2b de posibles carcinogénicos, junto a los encurtidos y al extracto de aloe vera, entre otros tantos. En este grupo se está si existen evidencias en animales de este posible efecto. En el caso de la radiación de los móviles, en mi opinión y en la de muchos de mis colegas, la decisión fue precipitada y no se sustentaba en estudios más o menos concluyentes. Es más, esto fue en 2010 creo recordar y desde entonces no se han replicado aquellos. Por cierto, esos estudios de los que hablaba anteriormente sobre los gliomas y que ni la epidemiología ni otros equipos han replicado.

- Un organismo como la OMS, ¿qué protocolos utiliza para categorizar? ¿Hay ciencia detrás? ¿hay consenso?

Es un comité científico.

- ¿Nos puede ampliar el concepto de «jaula de Faraday»?

Cuando hablamos de radiación, la gente se preocupa, siente miedo. No sé si a algunos le vendrá a la cabeza una explosión nuclear o la central de Chernóbil.

Pero la realidad es que hablar de radiación es algo demasiado ambiguo, pues tenemos tantos tipos diferentes que sería como hablar de medios de transporte, pero pensar sólo en uno de ellos.

Los rayos X que usan los radiólogos o la luz que vemos con nuestros ojos son dos tipos de radiación electromagnética.

Nuestros ojos son como dos antenas que sintonizan una maravillosa gama de colores pero que no supone más que una pequeñísima parte de todas las radiaciones que hay en la naturaleza. Todas son peligrosas si la intensidad supera ciertos límites. Por eso es importante limitar o controlar la exposición. Es a lo que me dedico en mis investigaciones.

Si queremos limitar la radiación que recibimos, podemos construir elementos que impiden su propagación. En el caso de la radiación gamma, necesitaremos un búnker de hormigón. En el caso de la radiofrecuencia, la manera más sencilla es construir una estructura metálica, o Jaula de Faraday, que impida el acceso al interior de la radiación. Lo curioso es que puede tener agujeros, pero éstos deben tener un tamaño adecuado a cada tipo de radiofrecuencia.

Por ejemplo, la radiación que hay dentro del horno microondas no sale del electrodoméstico por el cristal de la puerta pues éste, si nos fijamos, tiene una malla de agujeritos del tamaño adecuado a esa radiación.

Si queremos apantallar otra radiofrecuencia, por ejemplo, la radiación de una emisora necesitaremos otra configuración. Hace unos meses solicitamos un presupuesto a una empresa especializada de una jaula de Faraday que impidiera el acceso de la radiación de radio, televisión, móviles, antenas, WiFi, etc. El coste de una caja de 1 metro cúbico era de unos 20.000€. Sólo quiero ilustrar que la construcción de jaulas de Faraday que apantallen gran parte de esas radiaciones es algo sumamente complejo. Por eso cuando veo que venden cortinas o ropa que, supuestamente, apantalla la radiación, a veces me da un poco de risa, pero también de pena por quien la compra pensando que están protegiéndose de algo de lo que, por cierto, no es preciso protegerse.

- Empieza a usarse los móviles en los aviones. Y siempre me interesó este tema:

El wifi en el avión, ¿es seguro para viajar?

Por supuesto, los niveles de la radiación no interferirán con los aparatos del avión.

¿Nos puede afectar al cerebro o estar expuestos a la ‘radiación cósmica’?

En un avión estamos más expuestos a esta radiación que es muy energética y peligrosa. Como he dicho, lo importante es saber qué dosis, cuánta radiación, es absorbida por nuestro cuerpo.

Un vuelo de 10 horas equivale a una radiografía y, en una radiografía, también hay cierto riesgo, aunque está controlado. Si la pregunta es por si debo preocuparme al volar en avión, la respuesta es no. Cuando vuelo en avión me preocupan otras muchas, empezando por las condiciones climáticas.

- ¿Son los niños más sensibles que los adultos a la radiación electromagnética?

Una vez más debemos hablar de qué tipo de radiación y a qué nivel de exposición. Me centraré en la que sí es claramente peligrosa: la radiación ionizante. Aquella tan energética que es capaz de interactuar con nuestras moléculas, entre ellas el ADN. Ejemplos son los rayos X o los rayos gamma de los que ya hemos hablado. No, la radiación del móvil no tiene energía suficiente para provocar estos efectos.

En definitiva, hay pruebas como una tomografía computarizada (que equivaldría a cientos de radiografías de golpe) que no se recomiendan en niños pues al encontrarse en pleno crecimiento, un daño en su ADN podría tener consecuencias desastrosas. No obstante, si la posible patología a estudiar puede ser grave, el radiólogo no dudará en realizar la prueba, garantizando la seguridad del niño.

Con respecto a los móviles, realmente a mí, padre de 3 hijos, me preocupa más el tiempo que dedican a estos dispositivos los niños y jóvenes o al acceso a determinada información que el posible efecto de la radiación.

- Una frase mítica suya en sus charlas es «vamos a morir todos, pero no por culpa de las antenas». ¿Si está tan seguro, cómo es posible que periodistas estrella no sean capaces de explicar la ciencia con más capacidad divulgativa?

Que vamos a morir todos es, probablemente, de lo más seguro que puedo estar y que lo más probable es que no sea por la radiación de los móviles, también. También estoy convencido de que los móviles son de los inventos que más vidas han salvado en la historia de la humanidad.

Decir que un teléfono o una antena no es peligroso y que podemos vivir tranquilos, no vende. En cambio, llevar a un supuesto experto con un medidor con lucecitas y soniditos a un programa de televisión a meter miedo, sí. Da igual que el medidor no mida lo que se dice que está midiendo, lo importante es sembrar el miedo o la duda.

En algunos casos, estos periodistas intentar ser equidistantes y, una vez más, cometen un grave error. ¿Te imaginas un debate equidistante sobre la violencia sexual sobre los menores en la que llevaran “todas las opiniones” para dar visibilidad a todos los puntos de vista? No sería adecuado.

El periodista debe informarse y ver si es adecuada esa equidistancia… pero claro qué podemos pedir a según qué profesionales, como en todos los ámbitos de la vida, hay de todo.

¿Cómo se sentiría más seguro: tomar el sol a las 14pm y sin protección en verano durante 2 horas o dormir una noche con el móvil encendido debajo de la almohada?

En ambos casos estaré expuesto a radiación, pero en el primero, la radiación del Sol (fundamentalmente infrarroja, visible y ultravioletas) es muchísimo más energética que la del móvil que, al estar sin usarse, prácticamente no emitiría.

Duermo con el móvil en la mesilla muy tranquilo, llevo años haciéndolo, pero no, no me pondría ya no 2 horas, sino ni 30 minutos, que probablemente sería más que suficiente para provocarme lesiones graves en la piel.

Suelo decir en mis charlas que la protección para el Sol no hay que ponérsela en verano sino que hay que ponérsela cuando hace Sol.