La sencilla hamburguesa. Para muchos de nosotros, es uno de los placeres simples de la vida. Sabrosa y suculenta, con una selección casi infinita de ingredientes extra, condimentos y acompañamientos, no es de extrañar que la hamburguesa sea una de las comidas favoritas del mundo. Incluso cada 28 de mayo se festeja el Día Internacional de la Hamburguesa.

Sin embargo, en la hamburguesa existe un costo oculto: su producción consume muchos recursos. En concreto, para hacerlas se consume una sorprendente cantidad de agua. Tanto es así que, a unos 2000 litros por hamburguesa, el contenido de una piscina olímpica solo equivaldría a 1250 hamburguesas.

Y si le encanta acompañarlas con tocino y queso, la cantidad de agua aumenta hasta 3000 litros.

En muchas partes del mundo, la seguridad del agua cada vez cobra mayor importancia. La producción de carne no solo requiere gran cantidad de agua, sino también fuentes estables y seguras. Esto es particularmente apremiante en las partes del mundo desarrollado afectadas por la sequía, como Australia o Sudáfrica.

El Gobierno australiano ha comenzado a invertir en proyectos a fin de entregar agua para la agricultura a través de una serie de programas de irrigación. Se espera que esto invierta la tendencia de desviar los ríos para ayudar a las explotaciones agrícolas, lo que ha dañado algunos ecosistemas fluviales.

Australia es el segundo mayor exportador mundial de carne vacuna, con alrededor del 60 % del ganado nacional destinado al consumo en el extranjero, por un valor de cinco mil millones de dólares anuales. La capacidad total de almacenamiento de agua de fácil acceso del país es de 81 000 gigalitros (un gigalitro equivale a mil millones de litros), pero alrededor de un tercio de esta capacidad está seca.

Las fuentes alternativas de proteínas ofrecen procesos de producción más sostenibles y respetuosos con el medio ambiente. También harán posible atender a una creciente población mundial. En el Informe sobre proteínas alternativas del Foro Económico Mundial, se exponen las razones por las cuales las tasas actuales de consumo de carne no se pueden adaptar para satisfacer las necesidades de diez mil millones de personas estimadas para el año 2050. Sin embargo, las dietas basadas en el consumo de alimentos vegetales ya son mucho más comunes en partes de Asia que en Europa o América del Norte, por ejemplo.

El interés cada vez mayor en el veganismo, como la tendencia vegana, es un ejemplo reciente de cómo algunas economías desarrolladas están reduciendo su consumo de carne. Entre febrero de 2014 y febrero de 2018, la venta de sustitutos de carne aumentó un 451 %, y alrededor de un 20 % en Estados Unidos durante un período similar.

Sean Fleming , escritor sénior, Contenido formativo