Cuando Alexander Valderrama vio por primera vez el territorio de Estados Unidos se emocionó. No importó que el paisaje incluyera camionetas de la Patrulla Fronteriza y un muro de metal oxidado.

Para este joven de 20 años lo crucial era que el largo viaje de 3.500 kilómetros desde San Pedro Sula, Honduras, hasta Tijuana, Baja California, estaba a punto de terminar.

Allí, a menos de 100 metros estaba la meta. “Yo pensé: ya es el último paso, ahora sí voy a llegar” cuenta por teléfono a BBC Mundo.

“Me equivoqué, nunca pude acercarme. Ni siquiera me dejaron pedir el asilo como me habían dicho que era mejor”.

Alexander emprendió el regreso al sur, pero en el camino, en una de las paradas de su viaje de vuelta a Honduras, encontró un empleo.

Ahora lava automóviles en un negocio callejero de Guadalajara, Jalisco, en el occidente de México.

Entre semana gana 300 pesos diarios, unos US$15, pero sábado y domingo puede obtener hasta 500 (US$26) en una jornada de 10 horas.

“Cuando salí de San Pedro yo esperaba ganar en dólares. Pero esto no es malo. Y no tengo que pagarle a la Mara”, dice.

Hace unas semanas Alexander tomó una decisión fundamental. “Me voy a quedar en México, a ver si todo sale bien”, confiesa.

“Ya inició el proceso”

Como Alexander, cada vez son más los centroamericanos que eligen quedarse en México en lugar de viajar a Estados Unidos.

No se sabe de forma oficial cuántos son, pues la mayoría ingresa al país de forma irregular, y para evitar una posible deportación mantienen un perfil bajo.

Pero algunos datos muestran evidencias de un crecimiento importante en los últimos años. Uno es la cantidad de solicitudes de asilo que recibe la Comisión Mexicana de Atención a Refugiados (Comar).

En 2014 el organismo recibió 2.000 peticiones de refugio. Cuatro años después, en 2018, la cifra fue de 23.000.

La mayoría de los solicitantes son migrantes centroamericanos que huyen de la violencia en sus países, según datos de la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para Refugiados (ACNUR).

El número de quienes piden asilo en México aumentó en las recientes caravanas de migrantes, en noviembre pasado.

Es una migración incipiente pero el proceso ya inició, le dice a BBC Mundo Leticia Calderón Chelius, investigadora del Instituto Mora.

“No tenemos un número estadísticamente significativo, pero no quiere decir que no esté pasando”, explica.

“Tendría mucho cuidado en decir que se genera un patrón porque todavía no lo vemos. No quiere decir que no lo vamos a ver, hacia eso vamos en el futuro”.

Los números

¿Por qué hay más migrantes centroamericanos que deciden permanecer en México?

“La primera razón es que no pueden cruzar a Estados Unidos”, explica Calderón Chelius.

“Y la otra es que no quieren estar en su país de origen. Son las dos razones de punta” en la decisión de los y las migrantes.

De hecho muchos que solicitan asilo, especialmente de Honduras y El Salvador, huyen de la violencia en sus países. Y se nota en el perfil de las personas migrantes.

Según datos de la Unidad de Política Migratoria de la Secretaría de Gobernación, en 2010 la mayor parte de los centroamericanos que entraron el país eran adultos jóvenes.

A partir de 2014 hubo un cambio, recuerda el Colegio de la Frontera Norte. Ese año se registró el ingreso irregular a México de 62.000 menores de edad no acompañados.

Y entre los adultos también hubo variaciones: de 390.000 migrantes centroamericanos que cruzaron la frontera sur mexicana ese año, el 37% eran mujeres. Es decir, más de 144.000.

Los datos se mantienen desde entonces. La secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, dice que el año pasado ingresaron a México más de 300.000 migrantes de Centroamérica.

Según organizaciones civiles, este perfil de los migrantes tiene una razón: la violencia creciente en países como Honduras o El Salvador.

Imagen: El Mundo

Así, para algunos como Angie, una madre soltera de Santa Cruz de Yojoa, Honduras, quedarse en México es una mejor opción que Estados Unidos.

“Voy con mi tía a Monterrey”, le dice a BBC antes de incorporarse a la caravana que partió a mediados de enero.

“Dice que hay muchas oportunidades allí. No tengo mucho contacto con el padre de mi hijo, no me ayuda para nada. En Monterrey voy a trabajar con mi tía”.

La encrucijada

Monterrey es la capital de Nuevo León, en el noreste de México. Es la tercera ciudad más grande de México y desde 2013 es la residencia de cientos de migrantes centroamericanos.

La mayoría llegó a la población por seguir la ruta más corta para viajar aEstados Unidos desde Centroamérica.

Es un camino que inicia en el sureste mexicano, sigue en los estados ribereños al Golfo de México y culmina en Tamaulipas, México, vecino de Texas, Estados Unidos.

Los migrantes que llegaron a esa frontera no pudieron cruzar a territorio estadounidense. Enfrentaron, además, el asedio de bandas locales de narcotráfico.

Muchos regresaron pero en el camino de vuelta encontraron empleo en Monterrey.

Y allí se quedaron, cuentan activistas como Eduardo Villarreal, director del albergue Casa Nicolás.

Como sucede en el resto del país no se sabe cuántos son, pero según el Centro de Estudios de Migración en México podrían ser unos 3.500.

Monterrey es un ejemplo de lo que sucede en otras ciudades de México, coinciden activistas.

La dura política migratoria del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, obliga a miles de centroamericanos a decidir entre persistir en el viaje o quedarse en el territorio mexicano.