Posiblemente uno de los momentos más incómodos para ti, como colaborador, sea tener que pedir un aumento en tu salario.

Desde Sigmund Freud en adelante, sabemos que la muerte, sexo y dinero son los principales tabúes para nuestra conciencia, y permanentemente son temas que nos fascinan pero también nos cuesta hablar de ello. Y si a esto le agregamos que cuando decides aventurarte en esa charla, eso implica ponerle precio a tu tarea, ahí la cosa se pone aún más difícil.

Por eso, es que hoy quiero compartir contigo algunas ideas sencillas y aplicables que te ayudarán en este camino.

1. No dramatices la situación

Si bien sabemos que es una situación vidriosa, tampoco es una cuestión de vida o muerte. Se encuentra dentro de las responsabilidades periódicas que debes asumir en cualquier trabajo, y por lo tanto debes configurarte para darle en tu cerebro el lugar que le corresponde, arribando a un juicio lo más realista posible del hecho. Pensar que si la respuesta de tu superior es afirmativa o negativa no te alterará significativamente la existencia. En todo caso, te sugiero que tengas pensado alternativas en uno u otro caso.

2. Planificar la reunión

Esto implica elegir el momento adecuado (evitar, por ejemplo, los días de mayor actividad o que tu superior esté con otras prioridades): el lugar propicio (determina un espacio de privacidad, tranquilo y cómodo) y el tiempo necesario para conversar.

No olvides que aún las mejores estrategias pueden ser negativas por un error en el momento en que son aplicadas.

3. Ensayar el diálogo

Así nos parezca forzado, o aún ridículo, esta herramienta nos permitirá ser mucho más seguros en la reunión.

Consiste específicamente en hablar frente al espejo o ante otra persona, a los fines de comenzar a transformar nuestras ideas en palabras.

Podrás comprobar por ti mismo qué tan sólidos resultan tus argumentos al momento de decirlos.

4. Usa un "sándwich"

Durante la charla, recomiendo utilizar la técnica asertiva del “sándwich”. Ella nos favorece a decir lo que pretendemos de una manera fluida y con altas oportunidades de ser oídas, ya que predispone favorablemente a nuestro interlocutor.

Su estructura es decir algo positivo (algo del trabajo o fuera del mismo, que relaje, entusiasme o alegre al oyente como por ejemplo un buen resultado deportivo o un logro empresarial); luego viene nuestro pedido y finalmente cerramos con un comentario, otra vez, positivo.

5. Mostrar resultados objetivos

Ten presente siempre el acrónimo EMI. Esto es que tus objetivos en el empleo hayan sido específicos, medibles e importantes.

Evita argumentos tales como: “Me lo merezco” u otros similares. Siempre es mejor remitir a hechos que a opiniones, por más acertadas que sean.

6. No remitir a cuestiones externas, como el contexto económico

Recuerda que aumentar no es actualizar.

Más que aplicable a situaciones inflacionarias, he visto muchas veces la utilización de esta razón como principal motivo para la mejora salarial.

Debes meterte en la cabeza que tu sueldo debe ser mayor no porque los precios suban, sino porque consideras que tus tareas poseen más valor que el actual.

7. Proponer la asunción de más tareas o mayores responsabilidades

Si pensamos que nuestro jefe es poco propenso a aceptar este tipo de planteos, podemos anticiparnos a su posible negativa presentando la idea de que un mayor sueldo será acompañado de nuevas labores.

Sugiero el uso de esta herramienta solo de ser indispensable ya que de lo contrario estaríamos vaciando de contenido el pedido, pudiendo dar lugar a la idea de que no es un aumento real sino en todo caso el pago que corresponde.

8. No dilatar los plazos

Ya sabemos el cruel efecto de la procastinación en nuestras vidas, y cuánto resta efectividad a nuestras decisiones.

Si consideramos que llegó el momento de pedir un aumento, fija una fecha cierta en la que lo hablarás.

9. Hacer benchmarking

Obtiene información veraz relativa a lo que pagan empresas similares en posiciones afines.

Tal como comentaba al comienzo, cuantificar lo que hacemos no es fácil.

Ante esto, una herramienta muy útil es proveerse de datos concretos relativos a remuneraciones en nuestra región. Existen, a este fin, encuestas de remuneraciones y beneficios que muchas consultoras publican periódicamente.

10. No victimizarse

Creo que este es uno de los errores más frecuentes a la hora de encarar esta solicitud. Ponerse en un lugar "sufrido", cual si fuese uno un ser sufriente que necesita ser salvado por un alma caritativa. Asumamos con seguridad nuestra posición: ni somos pordioseros, ni nuestro jefe es Jesús.

11. Apelar a la emotividad

Con el objetivo de hacer un llamado al hemisferio derecho de la persona a la que hablamos, recomiendo desarrollar una charla que permita conectarnos humanamente.

Apelar, en este sentido, a los recuerdos comunes dará a nuestros dichos una mayor potencia y capacidad de impacto.

12. Favorecer la empatía e identificación

Continuando la línea anterior, aplicar esta competencia emocional nos acercará vigorosamente como seres humanos.

13. No plantear un duelo, sino cooperación

Si bien es una negociación la que llevaremos adelante, no se trata de una puja de intereses. En esto soy directo: Aquí solo debe haber ganadores. Es un error garrafal plantear las cosas en términos de victoria o derrota para una de las partes.

14. Evita la palabra “justicia”

Cuando se trata de medir objetivamente el valor de un paquete de tareas, la noción de justicia termina siendo sumamente relativa y por ende, polemizable. Por ello, sugiero ponerla en la lista negra de términos útiles para conseguir un aumento.

15. Evitar la justificación personal, como “no me alcanza”

Ni el jefe ni la empresa son los responsables de nuestra economía doméstica. Una vez más, no caigas en una situación de pasividad o vulnerabilidad. Toma el control del asunto y asume de forma adulta tu responsabilidad indeclinable. A ti te cabe la administración de los fondos generados, y a la compañía pagar lo que valen tus responsabilidades.

16. Cuidar el lenguaje corporal

Esto puedes descubrirlo durante los ensayos. Muchas veces, sin darnos cuenta nos cruzamos de brazos, mordemos con firmeza endureciendo la mandíbula o cerramos los puños. Pensemos que no vamos a pelear ni a defendernos. Vamos a expresar lo q queremos.