Andrés Manuel López Obrador puso en marcha este domingo la construcción de uno de los proyectos de infraestructura más importantes de su Gobierno. Lo hizo en un evento en Palenque (Chiapas), donde representantes de 12 grupos étnicos del país encabezaron un ritual en el que solicitaron a la madre tierra su anuencia para iniciar la construcción de 1.525 kilómetros de vía férrea por cinco Estados del sureste del país. Indígenas mayas arrojaron aguardiente, pozol (una bebida de cacao y maíz), hojas de plátano y tostadas de maíz a un hoyo cavado en una larga pista de un aeropuerto en desuso. Así inició en México la historia del Tren Maya. “Esto no es un capricho ni una imposición”, dijo el presidente de México. “El sureste ha sido la región más abandonada. Ya le llegó su hora”, agregó el mandatario, nacido en Tabasco.

La ceremonia fue tomada a guasa por varios. Sin embargo, la noche del sábado, en Calakmul (Campeche), a 300 kilómetros de donde López Obrador protagonizó la ceremonia, Carmen Hernández Chale, una indígena nahua, recordó lo feliz que ese tipo de rituales la hacían cuando era niña en su natal Estado de Hidalgo. Cada vez que su abuelo iniciaba los trabajos en la milpa, ella metía en un ayate un tamal, alcohol y tabaco. La ofrenda era arrojada a un hoyo en la tierra para tener buena cosecha. “¡Esos días comía muy bien!”, ríe la mujer de 53 años.

Carmen y su esposo, Santos, de 55, llegaron hace 22 años sin nada más que una maleta a lo que ellos llaman “paraíso” y “tierra bendita”. Años después, al construir su casa, que hoy tiene una pequeña tienda, también dieron de comer a la tierra para tener suerte. Hoy son parte de los 200 pequeños propietarios de Conhuas, uno de los tres ejidos que integran la reserva biológica de Calakmul. Esta importante zona de 700.000 hectáreas de bosque tropical tiene más de 230 especies de aves y otras 100 de mamíferos endémicos, raros y en peligro de extinción, entre ellos 5 de las 6 especies de felinos que hay en México. Además, la región esconde en sus entrañas los vestigios de una de las ciudades mayas más importantes del mundo, una joya del periodo posclásico tardío a la par de Chichén Itzá, Tenochtitlán, Tula y Tulum.

Calakmul tendrá una de las 15 paradas del Tren Maya en su recorrido por la Península de Yucatán. Santos y Carmen entienden bien las dos caras de la moneda que representa el proyecto de López Obrador, que estará funcionando en cuatro años según prometió el mandatario. “Nos trae progreso, habrá trabajo y vendrán empresas… Nos va a beneficiar a todos”, medita Hernández. Y añade, “pero se va a acabar nuestra tranquilidad y el ruido va a acabar con la naturaleza”.

Rogelio Jiménez Pons, el arquitecto a cargo del Tren Maya, cree que el proyecto podrá aumentar la afluencia de turistas a toda la región, que ya ha dado la espalda a la explotación de maderas preciosas y a las actividades cinegéticas. Hoy en día, la comunidad vive de los 50 pesos que cobra a los visitantes que desean internarse en la zona arqueológica, a 60 kilómetros del pueblo. Los ejidatarios controlan esta vía, llena de faisanes, monos aulladores y maderas preciosas. Rechazan tajantemente la propuesta para que un tren especial, con una locomotora de hidrógeno, baje hasta las pirámides. Es este complejo trayecto el que hace que Calakmul sea aún un secreto bien guardado. La zona arqueológica recibió solamente 37.000 visitantes en 2018. Una ínfima parte si se compara con sitios como Tulum (1.9 millones), Chichén Itzá (2.6 millones) o Palenque (654.000).

Imagen: El País

“El pronóstico es que en diez años llevemos a tres millones de visitantes anuales a la región”, señaló Jiménez Pons en una entrevista con este diario. López Obrador repitió esa idea este domingo: “Diez millones de turistas visitan Cancún cada año, pero no se introducen a los Estados del sureste, donde hay una riqueza cultural extraordinaria”.

El tren transportaría a esa masa de turistas desde Cancún (Quintana Roo) a Palenque en nueve horas, con una velocidad máxima de 160 kilómetros por hora. La obra ha iniciado este domingo con la rehabilitación de 800 kilómetros de vías férreas que ya son utilizadas para llevar productos a la península. El 80% de los insumos utilizados por las industrias de la región viene de otras partes del país. Por ello, el Tren Maya seguirá transportando carga desde la medianoche a las cinco de la mañana, hora en la que comenzará a transportar a población de la región.

El Tren Maya está inspirado en algunos proyectos que combinan inversión pública con privada. Uno de ellos es el Brightline, un tren que opera en Miami (Florida) que acaba de recibir una inversión minoritaria del magnate de Virgin, Richard Branson. “Empieza poco a poco a cambiar el paradigma de que los trenes de pasajeros en casi todos lados tienen subsidios para su operación: sobre estos paradigmas queremos desarrollar aquí”, explica Alejandro Álvarez, de la agencia reguladora de transporte ferroviario. El Gobierno mexicano ha presupuestado 297 millones de dólares para iniciar el proyecto, pero también se ha invitado a los empresarios a invertir en él. López Obrador ha prometido “ayudas” por kilómetro construido a las empresas ganadoras de las primeras licitaciones que se ofrecerán en dos meses.

Jiménez Pons, director del Fondo Nacional de Turismo (Fonatur), también revela que el tren esconde una estrategia de ordenamiento territorial y de desarrollo inmobiliario. Las 15 estaciones generarán plusvalía en diferentes municipios de la ruta. Fonatur se asociará con los propietarios para hacer proyectos de vivienda y comerciales que entrarán en fideicomisos bursátiles, que serán ofrecidos al mercado. “Habrá estaciones que van a provocar desarrollos de hasta 2.000 hectáreas. Las estaciones se convertirán en el núcleo del desarrollo inmobiliario”, explica. Los desarrollos, a su vez, pagarán el mantenimiento de la vía férrea. López Obrador anunció este domingo que junto a la estación de Palenque será construida una nueva Plaza cívica y un nuevo Palacio Municipal. Todos los planes están por cobrar mucha velocidad en un proyecto que pretende llevar el desarrollo hasta las puertas del cielo en la tierra, la reserva de Calakmul. ¿Se las abrirán?

Impacto al ecosistema del jaguar

Algunos grupos ambientalistas han expresado sus temores de que el Tren Maya impacte negativamente una región de densa vegetación donde habita la mayoría de los 4.800 jaguares que hay en el país. Los encargados del proyecto han anunciado que trabajarán con 50 investigadores y expertos en conservación de la Alianza Nacional para la Conservación del Jaguar.

Un funcionario de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) reconoce que el Gobierno está estudiando las medidas de mitigación que deberán tomarse a la par del desarrollo del proyecto, que contempla algunos pasos de fauna.

Jiménez Pons asegura que la reserva de Calakmul no perderá territorio sino lo contrario. "Recuperaremos 50.000 hectáreas de selva para 2019 con la reforestación... La reserva de la biósfera va a tener gente viviendo dentro de ella, pero su trabajo será cuidarla".