Nada da más canguelo en el trabajo que tener que hablar en público. Muchos se quedan paralizados porque sienten que una masa informe con ojos malévolos los están mirando… analizando… juzgando. Pocos se sienten cómodos ante un auditorio porque en el colegio se impone la palabra escrita a la hablada. Y ahí es donde la mayoría encuentra la comodidad: protegidos entre los renglones de un folio, parapetados tras la pantalla de un ordenador. Eso cree Bárbara Pastor, filóloga clásica e investigadora en las universidades de Michigan, Londres y Oxford.

Pero hablar en público no es algo inusual. No es nada que haya que aprender de cero o algo tan lejano como pueda resultar la física nuclear. Todos lo hacen: frente a sus amigos, ante su familia, en reuniones vecinales. Puede que sea, incluso, un hábito que existía en la infancia. pero que durante el colegio se perdió. «En nuestra infancia nos gustaba contar historias con ilusión y pasión. Nos encantaba que nos escucharan. Pues bien, hablar en público es exactamente eso: hablar para que otros nos escuchen. Para hacerlo bien, hay que hablar bien y decir cosas interesantes. No hace falta nada más».

Apple Corporation CEO Steve Jobs speaks during his keynote speech at the Apple Worldwide Developers Conference in San Francisco, California June 9, 2008. REUTERS/Kimberly White  (UNITED STATES) - GM1E46A043E01
Steve Jobs
Imagen: REUTERS/Kimberly White

En su nuevo libro Hablar bien en público con el método Oratoga, de la editorial Larousse, la experta en oratoria explica el método que enseña para ayudar a otros a vencer los temores que estrujan las cuerdas vocales y a montar un buen discurso.

Al famoso miedo escénico le da un puntapié con esta frase: «Lo primero que te debe quedar claro es que no llegarás a vencerlo si, en el momento de hablar ante una audiencia, buscas la perfección. No es perfección lo que se espera de un orador, sino cosas interesantes».

Para el primer peldaño, el que se hace más duro, da un empujón. Ante la repetida frase «No sé cómo empezar», Bárbara Pastor propone ofrecer un aperitivo (verbal): «Igual que en las comidas, el aperitivo abre el apetito. En las intervenciones en público, debes abrir el apetito de la audiencia haciendo que se sientan cómodos e interesados por escucharte».

Por las páginas que dedica a analizar buenos discursos aparecen Clara Campoamor, John F. Kennedy, Ronald Reagan, Steve Jobs y Nancy Duarte.

Clara Campoamor

De la política española que dejó en el Parlamento uno de los discursos más honrosos que ha escuchado esta cámara en toda su historia, señala el uso magistral de la repetición. Campoamor, cuando tomó la palabra el 1 de octubre de 1931 para pedir que las mujeres pudieran votar, igual que lo hacían los hombres, empleó una fórmula usada en la retórica clásica: reiterar unas palabras o una construcción verbal para asentar una idea en el que escucha. como el que golpea varias veces en una misma piedra hasta que deja la marca.

«No dejéis a la mujer que, si es regresiva, piense que su esperanza estuvo en la dictadura. No dejéis a la mujer que piense, si es avanzada, que su esperanza de igualdad está en el comunismo. No cometáis, señores diputados, ese error político de gravísimas consecuencias (…). No cometáis un error histórico que no tendréis nunca bastante tiempo para llorar, al dejar al margen de la República a la mujer, que representa una fuerza nueva, una fuerza joven».

Bárbara Pastor analiza la oratoria de Steve Jobs y llega a la conclusión de que sus discursos enamoraban porque «hablaba claro, era eficiente y eficaz, y sabía adónde quería llegar». Palabra por palabra, pregunta por pregunta, la experta en oratoria desentraña los elementos que hicieron tan conmovedoras algunas de sus charlas, y muestra muchos de sus golpes de efecto. Esta frase, por ejemplo: «Yo fui a la universidad. No me interesaba y lo dejé».

J.F. Kennedy

Del expresidente estadounidense destaca la credibilidad que transmitía. En sus discursos, John F. Kennedy hacía peticiones a la audiencia de forma ejemplar: los vestía de reto colectivo. Destacan los que lo han escuchado a Kennedy «el enorme poder de convicción que transmitían sus palabras y la honestidad con que hacía llegar sus promesas de futuro a un pueblo que le escuchaba embelesado». Un ejemplo:

«Nada de esto terminará en los primeros cien días. Tampoco en los primeros mil días ni durante toda esa Administración; quizás ni siquiera en nuestra vida en este planeta. Pero empecemos».

Pastor también explica en detalle técnicas que utiliza la experta en oratoria Nancy Duarte. Del orden que establece, del ritmo con el que habla, de sus tiempos, de sus gestos y hasta de sus ojos. Y, para cerrar el libro, incluye un pequeño glosario de palabras clave en oratoria, como carisma («don especial», en griego) o autenticidad(«Sé tú mismo», recomienda la autora. «Nuestro lenguaje es un reflejo de quiénes somos y de cómo nos relacionamos con los demás»).