El 4 de junio de 2002, la selección nacional de fútbol de la República Popular China salió a la cancha por primera vez en la Copa Mundial de la FIFA. Para los pocos miles de aficionados chinos en el estadio, y los 500 millones más o menos que lo miraban en casa, el hecho de que el equipo hubiera llegado hasta allí fue considerado el mayor logro en la historia del fútbol de China. "La Gran Muralla" habría dado un paso más si hubiese hecho un gol durante el torneo.

No lo hicieron. Al jugar contra Costa Rica, Brasil (los ganadores del torneo) y Turquía, China terminó último de su grupo con una diferencia de nueve goles. No regresaron a un Mundial desde entonces. Sin poder clasificarse en 2006, 2010 y 2014, el equipo podría llegar a Rusia en 2018, aunque incluso si no lo hacen, aún queda mucho tiempo para que China logre su ambición de ganar una Copa Mundial para el 2050.

Si lograran ese objetivo elevado —algunos seguidores cínicos del equipo nacional de Inglaterra podrían incluso apostar a que China levante el trofeo antes de que ellos lo hagan nuevamente— es probable que le agradecieran a su actual presidente, Xi Jinping. El presidente Xi, un apasionado del fútbol, quiere que el país se convierta en líder mundial del fútbol internacional, y ha prometido el dinero para hacer que eso suceda. Esto incluye la creación de academias de fútbol, la contratación de entrenadores del extranjero e incluso el ofrecimiento de la ciudadanía a los jugadores extranjeros.

Pero los aficionados al fútbol chino también podrían agradecerle a la globalización. La globalización, que es el proceso por el cual los mercados, las personas, los bienes y la cultura se integran, ya está ejemplificada en el fútbol europeo. La aerolínea Emirates, con sede en Dubái, patrocina algunos de los equipos más condecorados de la historia, incluidos Inglaterra, España y Francia. Más del 20 % de los equipos de la Premier League son dirigidos por propietarios estadounidenses, y más de la mitad de los clubes de las dos principales divisiones de Inglaterra son propiedad de inversores extranjeros.

China está ahora participando en el juego, y empresas chinas gastan miles de millones de dólares en la adquisición de clubes en toda Europa, así como en el fútbol de su propio país. Entonces, ¿qué podemos aprender del interés de China en este hermoso juego? ¿Y qué nos dice todo esto sobre la globalización y el estado actual del mundo?

Los centros de poder están cambiando

La primera lección a aprender es que los centros de poder están cambiando. Desde la Segunda Guerra Mundial, el orden mundial ha sido en gran medida moldeado por influencias occidentales liberales. Esta estructura de poder surgió a raíz de la Segunda Guerra Mundial y produjo instituciones como el Banco Mundial, la Unión Europea, la Organización del Tratado del Atlántico Norte y el Fondo Monetario Internacional. Después de la caída de la Unión Soviética, parecía que los ideales propugnados por las potencias occidentales habían ganado.

Tanto en el fútbol como en la política, existen centros de poder. Tradicionalmente, estos se han encontrado en Latinoamérica y Europa: de las 20 Copas Mundiales hasta la fecha, 9 las ganaron países latinoamericanos y 11 países europeos. Y solo tres países —Brasil, Italia y Alemania— han ganado el 65 % de los títulos. En general, América Latina tendió a producir los jugadores individuales más hábiles, mientras que Europa se atribuye el mérito del desarrollo de estilos y filosofías dentro del juego. Un grupo de países europeos pudo hacerlo de manera bastante sincrónica debido a sus fronteras comunes y economías en red: como en cualquier economía globalizada, la innovación pudo propagarse rápidamente, y estos países se convirtieron en las bases de poder más influyentes para el fútbol mundial.

No es ninguna sorpresa que el poder en el fútbol y el poder en la política se entrelazan. Con el tiempo, los gobiernos llegaron a la conclusión de que el deporte es un instrumento fantástico de poder simbólico. La investigación muestra que los eventos deportivos se pueden utilizar para difundir los valores culturales de una nación, así como para hacer un país más atractivo para los inversores extranjeros y los estudiantes. En un mundo globalizado donde todos compiten por recursos limitados, la capacidad de atraer talento e inversión se vuelve fundamental.

Sin embargo, a medida que los responsables tradicionales del poder enfrentan desafíos, se abre espacio a otros países para llenar los vacíos de liderazgo. Adelante, China. Con el nacionalismo en aumento, muchas naciones occidentales se están cerrando, y persiguen intereses nacionales a expensas de la presencia internacional. El presidente Xi advirtió esto en Davos en 2017, al pedir más comercio y cooperación. Pero este mes, el presidente de los Estados Unidos, Trump, anunció que retiraría a su país del Acuerdo de París sobre el clima, con lo que China se propone asumir un papel de gobierno más grande.

Los lectores deben ver la incursión de China en el fútbol en los mismos términos que su creciente presencia en la escena diplomática, como una extensión de su política actual. La velocidad de la inversión es sorprendente, aunque debemos esperar que continúe a medida que la economía de China se diversifica y su papel internacional crece.

Es bueno globalizar, y China le está sacando provecho

Tanto en términos futbolísticos como económicos, es bueno globalizarse, y esta es la segunda enseñanza del actual frenesí del fútbol chino. En su libro Soccernomics, el periodista deportivo Simon Kuper muestra cómo el éxito del equipo nacional de fútbol español creció a la par de la integración del país en los mercados económicos. Su trayectoria futbolística fue marcadamente en ascenso a medida que su economía se globalizó, y culminó con tres victorias consecutivas en torneos internacionales: la Copa Mundial de 2010 se intercaló entre el esplendor del campeonato europeo en 2008 y 2012.

Curiosamente, Kuper también atribuye las mejoras en el fútbol estadounidense a la globalización: "El avance del fútbol en Estados Unidos es un índice de cómo allí la vida diaria se está globalizando. Los dos grupos que están más interesados en el juego —los inmigrantes y las élites costeras— son precisamente los estadounidenses más globalizados... El número estimado de hispanos que vive en el país hoy en día es de 43 millones, triplicado desde 1980, y la mayoría de México que es amante del fútbol; esto es aproximadamente igual a la población española. Estados Unidos tiene más jugadores jóvenes de fútbol que cualquier otro país. No es de extrañar que la selección mejore rápidamente".

De la misma manera, la globalización económica ha traído mejoras en los niveles de vida en todo el mundo. Según el Banco Mundial, el comercio ha ayudado a reducir a la mitad la cantidad de personas que vive en la pobreza extrema desde 1990. Específicamente sobre China, The Economist ha detallado cómo China ha ganado mucho con la globalización, con cientos de millones que salieron de la pobreza, lo que representa el 19 % del crecimiento de la prosperidad mundial en los últimos 10 años. El país está ahora diseñando iniciativas de manera activa para globalizar aún más, como la Iniciativa del Cinturón y Ruta de la Seda.

En los últimos meses, los clubes chinos han contratado jugadores extranjeros para aumentar sus equipos, y han invertido millones en clubes europeos con el objetivo de adquirir algunos de sus conocimientos sobre entrenamiento y marketing. En otras palabras, China le está sacando provecho a la globalización para impulsar su economía y generar empleos. Se anticipa que la globalización de su mercado de fútbol será también muy beneficiosa.

La globalización genera ganadores y perdedores, y China tendrá que ser cautelosa

Después de las sorpresivas elecciones de 2016, la globalización se puso bajo la lupa. Si bien el mundo en general indudablemente mejoró, algunas comunidades no experimentaron las mismas ganancias en ingresos y niveles de vida que otros. De hecho, un cierto perfil parece haber perdido totalmente: La investigación muestra que los trabajadores de baja calificación en los EE. UU. empeoraron a medida que la actividad manufacturera se trasladó a China.

Como explica Diane Coyle, las fuerzas duales de automatización y globalización provocaron desequilibrios en la velocidad a la que la globalización ha beneficiado la vida de las personas. El famoso "gráfico del elefante" de Branko Milanovic pudo identificar los percentiles precisos en la distribución mundial de la renta que fueron los principales no ganadores de nuestras economías cada vez más globalizadas. No hubo políticas en vigor para proteger a los perdedores de la globalización, una concreción política que llegó demasiado tarde para tener una respuesta significativa.

La reacción electoral aumentó notablemente entre los votantes que se identificaron con ciertos valores. La inmigración desempeñó un papel en la campaña sobre el Brexit, y algunos políticos pudieron dirigir hábilmente sus mensajes a los votantes que sentían que los trabajadores extranjeros eran culpables del desempleo. En los Estados Unidos, las cuestiones no económicas han aumentado en importancia a medida que los grupos de identidad se endurecen en respuesta a las pérdidas.

Los aficionados al fútbol han vivido un microcosmos de estos temas. Equilibrar las prioridades entre el club y los equipos nacionales es un debate en curso. En Europa, la inmigración produjo la composición de equipos nacionales étnicamente más diversos, un hecho que muchos en Suiza destacaron rápidamente después de que el país votó para limitar la inmigración. Si bien la afluencia de jugadores extranjeros ha aumentado la calidad de las ligas europeas, puede ser a expensas del bien nacional. Un análisis mostró que, en los últimos campeonatos europeos, sólo el 37 % de los jugadores jugaban en sus ligas nacionales, y el 25 % de los jugadores eran contratados por clubes ingleses.

La preocupación de que la cultura deportiva local se está erosionando se ve agravada por la comercialización del fútbol en general. Un puñado de clubes recibieron las ganancias en el Reino Unido, solo cinco equipos han ganado la liga en las últimas 20 temporadas (uno de ellos es el atípico Leicester City), y la mayor parte de los ingresos por televisión recaen en la primera división. Al mismo tiempo, más de 50 clubes se han vuelto insolventes.

China estará observando atentamente estos acontecimientos, y claramente tiene un ojo puesto proteger su liga de salarios y transferencias hiperinflados. La asociación de fútbol china ya ha introducido reglas que limitan el número de jugadores extranjeros en el campo, además de anunciar un impuesto del 100 % sobre las tasas de transferencia de jugadores extranjeros en clubes con pérdidas. Será interesante ver si el gobierno actúa con cautela en la economía internacional.

Oración por la victoria

Hay una broma bien conocida entre los fanáticos del fútbol chino: Un hombre muere y va al cielo; al encontrarse con Dios, este le ofrece un deseo. Desafortunadamente, el hombre pide algo inalcanzable, incluso para Dios, así que le concede un segundo deseo. El hombre responde: "Deseo que China gane la Copa del Mundo". Después de un segundo, Dios responde: "Imposible. ¿Dime tu otro deseo otra vez?"

Pero a medida que los centros globales de poder se mueven hacia el este y China sigue globalizándose, su éxito futbolístico ya no estará en manos de los dioses.