El periodismo vive un tiempo de cambio. Hay muy malas noticias en relación con el auge de las nuevas formas de censura, bien por la presión institucional-presidencialista o bien por el acoso a los periodistas por parte de mafias, narcotraficantes y otros actores ilícitos. Según publica Reporteros sin Fronteras en su Índice Mundial de Libertad de Prensa, doce países están en la parte baja del estudio. México, Venezuela y Cuba, en las posiciones 147, 139 y 173, junto con Perú, Nicaragua, Panamá, Bolivia o Honduras presentan deficiencias severas en el sistema mediático. Una muestra: en Brasil han muerto 37 periodistas desde 2005. Y no es el país que peores cifras presenta.

Hasta aquí el duelo. Porque los mismos periodistas que son perseguidos han transformado el panorama informativo de la región. El directorio de Sembramedia.org identifica alrededor de 800 nuevos proyectos, mientras que el mapa de Nuevos Medios censa 1.582 nuevos medios en 21 países de habla hispana. Es un hecho cierto. En los últimos cinco años, se han multiplicado las iniciativas periodísticas lideradas por profesionales, que ponen el capital para crear medios digitales de nuevo cuño. El periodista latinoamericano es ahora también el editor, lo que reconfigura su capacidad de influir en las decisiones editoriales y en la orientación informativa.

La naturaleza emprendedora no nace de la vocación, sino de la necesidad de seguir trabajando con los medios al alcance. En Venezuela, las promotoras de Efecto Cocuyo vienen de medios tradicionales que son sometidos a presiones políticas. En Brasil, los grupos sociales crean medios para poder informar sobre aquellos asuntos que le son afines y que no encuentran acomodo en la agenda mediática. Jornalistas Livres defiende la agenda de derechos humanos y AzMina promueve una información transversal sobre mujeres y feminismo, mientras que Envolverde analiza el desarrollo medioambiental y la sostenibilidad de las energías.

Los nuevos proyectos han apostado por el uso intensivo de las nuevas tecnologías, los móviles y la multipantalla para la difusión de los proyectos. El papel ha dejado de ser una prioridad tanto por el alto coste de producción como por las restricciones a su difusión. El nuevo lector está en el móvil, donde además puede interactuar en redes sociales. El periodista, además, utiliza su firma, su marca personal para discutir, informar o señalar los temas de actualidad. La actividad de @luiscarlos, @esthervargasc, @genarolozano o @samuelgarciaCOM es referente.

En relación con los contenidos, en Argentina, Chequeado tiene como misión “la verificación del discurso público” a través del análisis de datos de naturaleza pública. En la región, siguen la estela otros proyectos como UYCheck, en Uruguay, El Politígrafo de El Faro en El Salvador o bien Ojo Biónico, en Perú. El proyecto Poderopedia, presente en Chile, Venezuela y Colombia, estudia las relaciones entre los poderes político, mediático y económico. La alegoría de la elite y el 1% queda recogida en sus mapas de poder. Es la demostración de cómo la tecnología sirve al periodismo. Aún es pronto para ver proyectos sólidos en podcasting y nuevas narrativas de realidad virtual y proyectos audiovisuales en 360 grados.

El tercer eje es la innovación en formatos, servicios y productos periodísticos. Sin etiquetas es el primer medio LGBT de América Latina que profesionaliza la gestión de contenidos para esta comunidad. Se diferencia aquí, por primera vez, la idea de comunidad de la mera audiencia acumulada. En Cuba, tanto Periodismo de Barrio como 14 y medio innovan en lo más básico: la información política cercana, sobre noticias de tu entorno inmediato y las consecuencias que éstas tienen en tu vida diaria. En un país sin libertad de prensa, alejarse de las noticias del exilio de Miami, de las relaciones con Estados Unidos o el embargo ya es una innovación en sí misma. Animal Político ha normalizado el uso del periodismo de datos en México y ha contribuido a mejorar la cobertura de la actividad política.

En su vertiente financiera, la innovación es la única posibilidad. Muchos de estos proyectos recurren al crowdfunding y la economía colaborativa para sostenerse. Efecto Cocuyo recurrió a esta herramienta para una primera campaña en 2015. Consiguió 27.000 dólares en dos meses. En Colombia, La Silla Vacía ha recaudado 29.000 dólares en el último trimestre de 2016, alrededor del 5% de sus ingresos anuales. Otros medios recurren a acciones comerciales conjuntas, como la Alianza Rebelde de Venezuela, que comercializa los portales Tal Cual, Runrun.es o El Pitazo. No todo es sencillo. En esta autonomía financiera, lejos del caudal de la inversión de la publicidad institucional, radica también su debilidad. Son medios pequeños, con problemas de sostenibilidad.

En definitiva, los nuevos medios latinoamericanos han comprendido rápido que Internet no es un centro de costes, sino la oportunidad para desplegar iniciativas periodísticas de primer nivel que compiten ya con los medios tradicionales. Es la buena noticia, la cuarta clave del nuevo periodismo de la región. La libertad de expresión se ha reforzado con esta suerte de periodistas todoterreno que son a un tiempo emprendedores, editores, periodistas y actores de las redes sociales. ¡Estas sí son buenas noticias!

Juan Luis Manfredi es profesor titular de Periodismo en la Universidad de Castilla-La Mancha y director académico del Observatorio del Sector Público en ESADE Gov. Acaba de publicar “Empresa Informativa XXI. Planificación estratégica” http://www.sintesis.com/manuales-244/empresa-informativa-xxi-ebook-2280.html