En marzo de 2004, se produjo una serie de errores en el desierto de Mojave. Se ofrecía un premio de un millón de dólares a través del DARPA Grand Challenge para cualquier vehículo autónomo que pudiera completar un trayecto de 240 km. El mejor corredor no alcanzó siquiera 12 km antes de desplazarse del camino en una horquilla y atascarse en un terraplén. Uno de los 15 competidores logró dar una vuelta en el aire incluso antes de dejar el punto de partida.

Es sorprendente pensarlo, en poco más de una década hemos pasado de los policías incompetentes de Keystone a vehículos autónomos circulando de forma segura por las calles de muchas ciudades. Gran parte de esa historia es el asombroso poder de solo establecer un objetivo claro y asignarle un premio. Recuerdo cómo los estudiantes graduados y los profesores del equipo del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) se involucraron tanto en el DARPA Grand Challenge que olvidaron comer y dormir. Los seres humanos se pueden esforzar de manera sorprendente y ser exitosos cuando tienen un objetivo en mente.

En la actualidad, la principal conversación acerca de los vehículos autónomos no se basa en la viabilidad tecnológica, sino en los impactos sociales y la transformación industrial: Para los taxistas y camioneros que perderán sus empleos ¿qué tan difícil será encontrar otra forma de subsistir? ¿Cómo cambiará la industria si dejáramos de pensar en vehículos como objetos que poseemos de manera constante pero que solo utilizamos un 5 % del tiempo, y comenzáramos a verlos como un servicio bajo demanda? ¿En qué medida podemos disminuir la cantidad de accidentes, la contaminación y los embotellamientos?

Las mismas conversaciones existen acerca de todo tipo de automatización. Conozco optimistas que dicen: “Erik, no hay que preocuparse. La tecnología mejorará la vida de todos, como siempre lo ha hecho en el pasado”. Conozco pesimistas que dicen: “Erik, no tiene sentido luchar. Las personas no podrán soportar la próxima oleada de funciones de las máquinas. Nos dirigimos a un mundo de desempleo masivo y desigualdad extrema”.

No estoy de acuerdo con ninguna de estas observaciones. El futuro no está preestablecido por las máquinas. Es creado por los humanos. La tecnología es una herramienta. Podemos usarla de muchas maneras diferentes. ¿Cómo utilizamos la tecnología de forma que cree no solo prosperidad, sino prosperidad compartida? ¿Cómo tomamos decisiones que funcionen para las personas con ingresos bajos o medios?

Un nuevo gran desafío

Aquí se encuentra parte de la respuesta: Definamos el objetivo y ofrezcamos un millón de dólares en premios. Creamos un nuevo gran desafío.

En la Iniciativa del MIT sobre Economía Digital, de la cual soy cofundador junto a Andy McAfee, tuvimos la idea de un Desafío inclusivo para la innovación. Ya existen muchos premios para motivar a los ingenieros a crear grandes tecnologías. Es magnífico. Pero ¿por qué no desarrollar un premio que inspire a los ejecutivos empresariales y científicos sociales a pensar mejores formas de usar estas increíbles tecnologías?

Definimos cuatro áreas donde consideramos que el liderazgo del sector privado nos ayudará a usar la tecnología para beneficio de muchos, no solo de unos pocos.

1. ¿Cómo permitimos que la gente prospere y acceda a las oportunidades laborales del futuro?

2. ¿Cómo conectamos más gente con acceso a Internet y a la tecnología, independientemente de la edad, ubicación, educación o habilidad?

3. ¿Cómo garantizamos la estabilidad y la seguridad financiera para más personas? ¿Cómo permitimos que más personas accedan a los beneficios de los servicios financieros?

4. ¿Cómo garantizamos que los trabajadores obtengan ingresos mayores y suficientes para alcanzar calidad y condiciones de vida satisfactorias? ¿Cómo reinventamos las industrias que tienen dificultades y creamos nuevas oportunidades para el empleo?

Recaudamos el dinero del premio de parte de personas como Eric y Wendy Schmidt, Brad Feld y Amy Batchelor, y Joe Eastin, de Joyce Foundation y The Rockefeller Foundation, NASDAQ Foundation, y Accenture Digital, entre otras. Contratamos un comité de jueces expertos. Recibimos casi 250 inscripciones. Las solicitudes fueron increíblemente sorprendentes. Hace unos meses anunciamos los primeros ganadores del año.

Incluían una empresa llamada 99Degrees Custom, que reinstaura los empleos de fabricación en Lowell, Massachusetts. Se encuentra a tan solo casi 48 km del recinto del MIT, pero es un lugar muy diferente, una ciudad construida en torno a la industria textil, donde la clase trabajadora ha sido devastada por los empleos que se automatizan y se trasladan a otros países.

Esos antiguos empleos nunca volverán. Pero podemos crear nuevos empleos en el sector de la fabricación, con tecnologías innovadoras como las que los trabajadores de 99Degrees Custom utilizan para crear productos textiles altamente personalizados. Estos empleos son mejores que los antiguos en fábricas, más interesantes y mejor pagos, y ofrecen a los trabajadores capacidades avanzadas y transferibles de fabricación.

Otro ganador fue Iora Health. Utilizan tutores de salud y los relacionan con pacientes para que trabajen en simples cosas como ayudar al paciente a mantenerse en la dieta que le recomendó su médico, o una rutina de ejercicios, o solo recordar tomar sus medicamentos. Algunos estudios muestran que este enfoque puede mejorar los resultados y reducir los costos de 15 % a 20 %, marcando la diferencia entre un paciente que se recupera u ocasiona el gasto de otra estadía en un hospital.

Cómo expandir los beneficios de la tecnología

Estos tutores no son un equipo médicos capacitados y se encuentran en el menor nivel en la escala de ingresos. Agregan valor real al usar el tipo de habilidad humana que no obtendríamos de robots a corto plazo, por no decir nunca: empatía, habilidades motivacionales e inteligencia emocional.

Evidentemente, expandir los beneficios de la tecnología también demanda liderazgo por parte de los gobiernos, en áreas como educación, infraestructura, regulaciones, impuestos y protección social, así como también personas que toman la responsabilidad de desarrollar sus habilidades. Pero estos son grandes ejemplos de cómo el liderazgo en el sector privado puede ayudar a moldear la forma en que la tecnología reforma a la sociedad.

Los cambios no sucederán de la noche a la mañana. En la primera revolución industrial, después de la invención de la máquina a vapor pasaron décadas para que se produjeran cambios sociales. Una vez que la electricidad estuvo ampliamente disponible, aún así a los industriales les tomó otras tres décadas repensar en profundidad sus empresas, modelos empresariales y estructuras organizacionales para aprovecharla.

De manera similar, es posible que los impactos sociales de muchas de las tecnologías emergentes de la actualidad tomen varias décadas en desarrollarse, desde vehículos autónomos hasta atención médica, fabricación y servicios financieros. En muchas industrias, hoy nos encontramos en un punto de ventaja al repensar cómo hacemos las cosas. Las decisiones que tomamos hoy, de un modo muy literal, moldearán el futuro.

De modo que quiero invitar a todos los que lean esta publicación a pensar qué clase de mundo desean que la tecnología cree. Note que su visión no se dará de forma automática. ¿Qué puede hacer usted? ¿Por qué no unirse a nosotros para crear una prosperidad ampliamente compartida? Quizás podría involucrarse en la próxima ronda de Desafío inclusivo para la innovación. O definir su propio gran desafío personal.