Los acontecimientos turbulentos de 2016 han causado que la gente se cuestione muchos de los preceptos básicos en los que se basa el sistema internacional. Algunos políticos en particular parecen dispuestos a destrozar el reglamento y comenzar de cero a medida que intentan reaccionar ante las amenazas y los desafíos mundiales, desde la crisis económica hasta actos de terrorismo.

Pero los gobiernos que intentan encontrar la estabilidad al limitar los derechos humanos arraigados desde hace tiempo van en la dirección contraria: la solución a nuestros problemas es un mayor compromiso con los derechos humanos, no menor.

Para millones de personas, los derechos humanos dan un contexto al derecho por la libertad y la justicia. Solo cuando están en verdadero peligro de ser eliminados es que nos damos cuenta de que nos importan.

La desigualdad y el liderazgo irresponsable son los mayores conductores de la masiva y creciente ira y desconfianza que tienen tantas personas con los gobiernos, las instituciones y las corporaciones.

Una de las tantas razones por las cuales las personas sufren es que los gobiernos a nivel mundial no han podido proteger los derechos económicos. Los gobiernos no han tomado las medidas necesarias para garantizar el derecho al trabajo y un estándar adecuado de vida para la inestabilidad económica que tantos enfrentan. Los derechos humanos son una parte fundamental de la solución para ellos.

Mientras que el aumento de la retórica divisionista, propiciatoria y política podría sugerir que el apoyo a los derechos humanos se encuentra en declive, hemos observado numerosas señales de que la gente toma los derechos humanos de forma muy personal.

Refugiados

La crisis de los refugiados ha generado grandes preguntas acerca de quiénes somos como sociedad. Mientras que los 10 países que reciben el 56 % de los refugiados del mundo representan menos del 2,5 % del PBI mundial, los seis países más ricos del mundo que implican la mitad del PBI mundial solo han aceptado un 6 % de los refugiados globalmente.

Nos encontramos en una situación gravemente distorsionada donde los países con la capacidad de hacer más para ayudar evaden su responsabilidad y dejan que los países que tienen muchos menos recursos ayuden a los refugiados. Los gobiernos comúnmente utilizan la opinión pública como excusa para desterrar el principio básico de ley internacional: que la gente que huye de la guerra y la persecución tiene el derecho de buscar asilo.

¿Pero las medidas de los países ricos representan las opiniones de los ciudadanos? No necesariamente. La mayor parte de las personas se ve a sí misma viviendo en sociedades fundamentalmente receptivas y transparentes. Cuando una encuesta mundial consultó a 27.000 personas si aceptarían a los refugiados, un 80 % comentó que les permitirían ingresar a su país, mientras que un décimo afirmó que los enviaría de regreso a sus hogares.

Dos tercios indicaron que los gobiernos deberían actuar más para ayudarlos. Algunas de las opiniones más hospitalarias provinieron de países que recientemente notaron llegar grandes cantidad de refugiados, como Alemania, Grecia y Jordania.

La gente sí se preocupa por los derechos de los refugiados. Si la gente nota que sus gobiernos tienen un plan ambicioso y detallado para ayudar y albergar a refugiados, la gente se somete al desafío con el espíritu que ha caracterizado a los incontables griegos que han abierto sus hogares y corazones para los refugiados en los últimos dos años.

Vigilancia

La gente también se preocupa en gran medida por su privacidad, algo que se ha observado con claridad en el debate de vigilancia desde 2013.

Cuando Edward Snowden expuso la masiva escala de vigilancia gubernamental intrusiva en nuestras vidas privadas, grandes cantidades de personas enfurecieron debido a que se violó su privacidad. Mientras que el gobierno norteamericano desea procesar a Snowden, la gente de todo el mundo ha salido en su defensa, y cientos de miles han pedido al presidente Obama que absuelva a Snowden al finalizar su mandato este enero.

Las empresas de tecnología se encuentran bajo la creciente presión de sus usuarios para aumentar la privacidad de las aplicaciones de mensajería. El debate acerca de la vigilancia en línea se ha vuelto muy personal, centrándose en cuánto deberían ofrecer las empresas respecto a los servicios que mantienen los mensajes privados al protegerlos con una codificación extrema.

El mundo necesita derechos humanos

Cuando la gente toma los derechos humanos de forma personal, los toma seriamente.

¿Quiénes son las personas que más se preocupan por los derechos humanos? Los gobiernos represivos que desean silenciar a los disidentes, para quienes los derechos humanos son una gran amenaza. El Comité para la Protección de los Periodistas ha advertido recientemente que más corresponsales están en prisión hoy en día que en 1990.

Las amenazas contra la gente que defiende los derechos humanos se han vuelto tan graves y se han expandido de tal forma que la Amnistía Internacional planea una campaña para concientizar acerca de las amenazas que enfrentan los defensores de los derechos humanos.

Y cuando los gobiernos se vuelven más estrictos, la gente se alza en defensa. Cuando las personas ven a otros seres humanos en necesidad, ya sean refugiados o presos de conciencia, su instinto básico es ayudar.

Durante décadas, los defensores de Amnistía Internacional en todo el mundo han tomado medidas directas para liberar a la gente que cayó presa por represión gubernamental, y con frecuencia la presión lleva a los gobiernos a liberarlos, entre ellos el activista estudiante Phyoe Phyoe Aung en Birmania o Albert Woodfox que pasó cuatro décadas bajo confinamiento solitario en Luisiana.

Un mundo sin derechos humanos sería uno que se mueve en la dirección incorrecta, hacia un mayor conflicto y represión, y menos libertad, justicia e igualdad. Es fundamental que redescubramos un compromiso con los derechos humanos y lo transformemos en una de las narrativas que impulsen la creación de un mundo mejor.

La historia cuenta que la crisis económica, la xenofobia y la creciente irritación popular con su determinación es una receta peligrosa. Aun así, es lo que vemos en gran parte del mundo en la actualidad.

Las reclamaciones subyacentes que desafían a los responsables de la toma de decisiones empeoran a medida que crece la desigualdad y las interrupciones tecnológicas como el desempleo estructural impulsado por la automatización. Los líderes necesitan redoblar los esfuerzos urgentemente con esos desafíos.

Los derechos humanos no representan solo una protección contra el abuso de los gobiernos, sino que son una base fundamental para la libertad, la justicia y la paz mundial. Son parte de la estructura social internacional que crea enlaces entre las empresas a través de las fronteras. En el momento en que los políticos buscan activamente actuar de forma divisiva para ganar votos, incluso si eso significa enfrentar a las personas unas con otras, necesitamos la fuerza de unión de los derechos humanos más que nunca.