Han pasado más de 20 años desde que la Asamblea General de la ONU se comprometió a erradicar la violencia contra la mujer. Sin embargo, al día de hoy se estima que una de cada tres mujeres han sufrido alguna forma de violencia física o sexual, muchas veces a manos de alguien con quien mantienen una relación íntima.

Sin embargo, la aparente falta de avance no significa que la gente no intente hacer algo al respecto. De hecho, muchas personas han adoptado enfoques sumamente creativos para combatir la violencia contra la mujer.

Hombres en minifalda

En 2013, una encuesta de la ONU reveló que la mayoría de los hombres de Indonesia (hasta el 90% de los encuestados) opinaban que las mujeres y los hombres debían ser tratados de la misma manera.

Sin embargo, otras partes de la encuesta dejaban entrever normas de género profundamente arraigadas y preocupantes actitudes hacia la violencia doméstica. Casi 90% de los hombres encuestados opinaron que el rol más importante de una mujer era ser ama de casa. Según la región, entre 40% y 49% de los hombres encuestados dijeron que una mujer debía tolerar la violencia si eso significaba mantener unida la familia.

La Aliansi Laki-laki Baru, que en indonesio significa "la alianza de los nuevos hombres", se creó para cuestionar este tipo de actitudes. En 2011, luego de que un funcionario del gobierno sugiriera que las mujeres evitaran usar minifaldas si no querían que las violaran, esta alianza de hombres decidió que solo había una cosa por hacer: ponerse una minifalda y salir a las calles en señal de protesta.

“Muchas veces, culpan a las mujeres por la forma en la que se visten o se comportan. Entonces pensamos: «Si las minifaldas realmente son el problema, ¿qué tal si los hombres las usan?»”, explicó el fundador de la alianza a Reuters.

Camioneros toman el volante

A la mayoría de nosotros nos enseñaron en la escuela que el comercio de esclavos terminó en el siglo XIX. Sin embargo, la impactante cifra de 46 millones de personas viven bajo formas de esclavitud modernas.

Free the Slaves, una organización internacional, estima que cerca del 22% de esas víctimas sufren una forma particularmente inhumana de servidumbre: la esclavitud sexual.

Dado que en muchos países el comercio sexual funciona de forma oculta, puede ser particularmente difícil para las autoridades identificar a las mujeres forzadas a la prostitución. Por ello, una organización estadounidense ha buscado ayuda entre los camioneros.

“Los camioneros son los ojos y los oídos en las carreteras del país y, como tales, tienen un enorme potencial para combatir esta injusticia directamente”, explica el sitio web Truckers against Trafficking (Camioneros contra la trata). La organización brinda a los camioneros entrenamiento que los ayuda a reconocer las señales de la trata y les enseña cómo responder.

Como señala un informe de la NPR sobre la iniciativa, este enfoque ya comienza a dar sus frutos: “Las empresas de transporte y las fuerzas de orden público se han sumado con mucho entusiasmo y han permitido llegar a casi 250.000 conductores, cuyas llamadas han salvado a cientos de víctimas de la trata”.

De hecho, el enfoque ha sido tan efectivo que algunos estados de EE. UU. evalúan la posibilidad de hacer que el entrenamiento sea obligatorio para todos los camioneros.

Mujeres heterosexuales se casan

En Tanzania, una encuesta del gobierno en 2013 reveló que casi 50% de las mujeres habían sido víctimas de abuso doméstico. Algunas de esas mujeres han tomado cartas en el asunto: le han dado la espalda a la vida matrimonial “tradicional”.

Aunque el matrimonio homosexual es ilegal en el país, una antigua tradición tribal conocida como nyumba ntobhu —que se traduce como “casa de mujeres”— permite a las mujeres casarse entre ellas con el fin de asegurar su subsistencia. Como informó Marie Claire en julio, las mujeres han revivido esa tradición para evitar terminar en relaciones violentas.

“El abuso doméstico, el matrimonio infantil y la mutilación genital femenina abundan en nuestra sociedad”, explicó Dinna Maningo, una periodista local. “Hoy en día, las mujeres jóvenes son más conscientes del problema y se niegan a tolerar que las traten así. Se han dado cuenta de que una unión de este tipo les da más poder y libertad”.

Eso fue exactamente lo que pensó Paulina Mukosa, quien rechazó a varios pretendientes masculinos antes de decidirse a casarse con dos mujeres mayores, Mugosi Isombe y Veronica Nyagochera. “Casarme con una mujer me ha dado control sobre mi propio cuerpo y mis asuntos”, explicó Mukosa a los periodistas.

Mugosi Isombe, Veronica Nyagochera y Paulina Mukosa posan para un retrato familiar. Imagen: Charlie Shoemaker