La tecnología que permite a nuestros jefes controlar la actividad de nuestro cerebro ya está aquí. El SmartCap es un invento australiano diseñado para controlar los niveles de fatiga en los conductores de camiones y operadores de maquinaria pesada en la industria minera.

La tecnología nos permite controlar nuestra salud y estado físico como nunca antes. Nuestros teléfonos inteligentes pueden registrar cada paso que damos. Los monitores como el Fitbit analizan nuestros movimientos y nuestra alimentación, incluso nuestros relojes ahora pueden decirnos si estamos pasando demasiado tiempo en el sofá.

¿Pero cómo se sentiría si su jefe le insistiera en que usara un dispositivo que permitiría controlar su cerebro?

Es una pregunta que la profesora Nita Farahany hizo en el Foro Económico Mundial en Davos. La profesora Farahany es una eminente pensadora que analiza las consecuencias éticas, legales y sociales de las tecnologías emergentes.

Controlar nuestras mentes

Nita cree que se debe reflexionar cuidadosamente sobre el control de los trabajadores y sostiene que es importante tener en cuenta las siguientes preguntas:

  • ¿Existe algún límite en el lugar de trabajo conectado?
  • ¿Existe alguna preocupación acerca del lugar de trabajo conectado?
  • ¿Existe alguna forma en la que no desearía que usted o un empleado esté conectado?
  • ¿Existe algún límite en el tipo de información que podemos recopilar para hacer más productivas nuestras fuerzas laborales a fin de que nuestra sociedad en general sea más productiva?

Ya hay mucha evidencia que indica que los trabajadores no soportan ser controlados mediante la tecnología.

La profesora Farahany cita el ejemplo de la tienda de comestibles Tesco, que utiliza brazaletes electrónicos para controlar los movimientos de los recolectores de existencias en sus depósitos de Irlanda. Los brazaletes dirigen a los miembros del personal por el depósito y les indican qué artículo deben recoger. Eliminan mucho trabajo administrativo ya que registran el inventario automáticamente en lugar de que el personal deba transportar las pizarras para registrar los artículos de manera manual.

Los brazaletes ayudaron a que la tarea fuera más eficiente y que el personal sea más productivo. Y, como señala la profesora Farahany, el personal las odiaba.

"Se sentían como si fuera el Gran Hermano que los estaba observando. Y realmente no les agradaba, aunque hacía que sus trabajos fueran más fáciles de muchas maneras.

Si un dispositivo simple como los brazaletes de Tesco puede generar un malestar tan grande, ¿qué sucedería si los trabajadores debieran usar dispositivos más sofisticados?

La tecnología que permite a nuestros jefes controlar la actividad de nuestro cerebro ya está aquí. El SmartCap es un invento australiano diseñado para controlar los niveles de fatiga en los conductores de camiones y operadores de maquinaria pesada en la industria minera.

Qué les dice nuestro cerebro a los jefes

Los dispositivos detectan y analizan las diminutas descargas eléctricas producidas en el cerebro. La compañía sostiene que el objetivo es salvar vidas.

Todo muy loable, pero la profesora Farahany opina que estos tipos de monitores pueden proporcionar niveles de información mucho más profundos.

"Estos dispositivos EEG SmartCap tienen muchas aplicaciones más allá de solo medir la somnolencia, podemos comenzar a registrar cosas como a qué hora del día usted es más productivo, cuándo presta atención y cuándo no, en qué está concentrado, si está comenzando o no a sufrir deterioro cognitivo, si tiene signos de demencia prematura, si está comenzando a ser o no una persona muy costosa para la compañía".

¿El fin de la privacidad?

Las consecuencias del uso de los datos recogidos de nuestros cerebros son cada vez más evidentes. La seguridad, la productividad y el rendimiento pueden mejorarse. ¿Pero las inquietudes sobre ética y privacidad van al ritmo de la tecnología?

La profesora Farahany piensa que debemos considerar nuevas leyes para protegernos del uso abusivo del control del cerebro en el trabajo: "No existe algo como la libertad cognitiva. No existe algo como la libertad de pensamiento realmente protegida.

"¿Qué ocurre si de lo que estamos hablando en realidad es del fin absoluto de la privacidad?”